jueves, 28 de diciembre de 2023


 

ANDRÉS CERNADAS

 


 

Mimosa en flor.
El amarillo nunca
olió tan bien.

JIMENA GONZÁLEZ

 

 

 

Bigotes

  

Tengo el bigote de mi abuelo
y su apellido.

No lo digo con orgullo
porque sé quién fue mi abuelo.

Y como él,
tengo un taladro en la cabeza
que me pide golpear e insultar,

que me habla de superioridad,
de odio y de cerrar las ventanas.

Como él desconfío,
soy cauteloso,
me muevo
caminando hacia atrás
como los cangrejos,
para evitar que me toquen la espalda,
vengan caricias o vengan puñaladas.

Ese taladro me hace sentir
que todo está bajo mi control
y que todas mis verdades
son absolutas.

Soy feo,
como mi abuelo.
No me baño.
Soy un galán y soy insaciable.
No hablo,
no cuido de nadie
y como él, no miento.
Soy un imbécil admitido.

En el nombre de esos hombres
de los que vengo,
tengo la nuca desierta.

Soy valiente.

El dolor no me hará negarlos.

Tengo el bigote de mi mamá,
y me amputé un apellido
para que el suyo fuera primero.

Lo digo con alivio,
porque sé quién es mamá.

Como ella
no digo que regreso
si no regreso;
cuando creo,
creo completamente.

Tefen gofo ufun
lefengufuafajefe
pafa rafa cofontafar sefecrefetofos
quefe efellafa mefe efensefeñofo.

De mi madre traigo el mar
encerrado en las paredes
de mi garganta.

Tengo la inteligencia de mamá
que trasciende al capital y su individualismo.

Mi madre es todas las mujeres.

Yo soy todas las mujeres.

Yo también tengo miedo
y también soy hermosa.

También soy chaparra
morena
grandísima.

También me gusta reír fuerte y es eso,
la risa de mamá en mi garganta,
la que cesa intermitentemente
el taladro de mi cabeza.

 

JUAN ARABIA

 

 



Colibríes del tejado

 

Era en la bahuinia y no en esas antiguas
ciudades en las que algunos de los
nuestros moría por su corazón
donde uno debía encontrar los rudimentarios
puentes de su irregular existencia
                                              la eternidad
o los imposibles lugares inhabitados
de la cordillera, hemisferio
de oscuros antecedentes comerciales
tierra de pobres, lo más alto del cielo,
pellejo del mar y de la uva
rompiendo la orilla de sal
junto a los nuevos y salvajes vientos
en distintas formas de combate y de vida.

 

MÓNICA OJEDA

 

  


Persecución

 

Repto lo oscuro de la aorta de un bisonte atravesado por el mar
en medio de la teoría humana más violenta del poema.

Tus brazos umbilicales
   madrezebra en las llanuras
ahorcan la prehistoria de la leche de montaña
   leche de cal apagada,
   leche de higo en cristal,
   leche en la roca de la pintura sagrada del calavera poem
gruta de naturaleza táctil al Amazonas de tus glándulas rellenas de humores:
   Big Bang de Dios por siempre muerto en los maremotos amén.

Palpo la atmósfera que humedece su atlas de la ira,
escarabajo mutante rodando las escaleras del magma de tu vientre,

¿me romperás contra la musculatura de los cetáceos axiales?
madretundra de las orcas
¿abrirás las cejas al frío goce de los volcanes?

Ellos se sueñan en la blancura de los fermentos de la noche en torrente.

Pliego mi ala junto a una noria de eterna venganza,
   madrepiedra de los pálidos trasmundos
   madrecidra constelando un infierno de intestinos que doran los rosales.

Tu baba salpica en todas las direcciones de los paisajes algebraicos:

CRÁNEO – CALAVERA = X

Incógnita en la lengua de los muertos.

Poema cero.

He oído que montas sobre las cabezas de las Furias
y te desbocas
y manchas los eriales de leche cuajada
   leche mía coagulada
y ellas te la beben y te alumbran
un cráneo con cañones de plata apuntando hacia mi pecho
suite de estelas eléctricas y membranas saladas
   madrealambre de las navajas
   madrebuitre de los cinerarios
las tres se relamen las encías bajo el umbral tibio de tus riñones en flor:
tienen pezuñas y desgarran el camino de los ríos gástricos a los maizales.

Se derraman sobre la vía láctea cabalgándote.

Se orinan sobre las mazorcas de dientes pelándose al poniente.

“Madre e hija es una antinomia”,
te canta la clarividencia subacuática de tu trinomio de canes perfecto
y repites al sur de su estampida:

“Madre e hija es una antinomia
con patas y pelos de tarántula
en una jaula para peces”.

Arden tus cabellos de elefantes marciales cruzando los desiertos
   madremandril de sable
   madreladrido de pez aéreo.
Quieres mi carne en tu leche terrible
cociéndose a la alta temperatura de los huracanes

(cardúmenes de esperma del dios muerto
pueblan encima de las aguas galácticas del norte).

Tiemblo en los refugios colapsados por tu vientre de ballena en histeria
   Madremendrugo de la explanada
   Madredrácula de los mausoleos
Las cabezas de las Furias sonríen torcidas a la sangre,
ateridas bajo muslos galgos y la perfecta escultura del tórax;
quieren cocinarme en tu néctar vencido de yedra,
forzarme la leche de hígados por la ranura celeste de sus madrugadas.

   Mazorcas de dientes se pelan y muerden mis escombros quietos al pasar.

Me oculto entre las pieles de los vertebrados
y convierto mi cuerpo en un saco de plumas
que emerge fresco entre los fémures silvestres.

Madre e hija es una antinomia.

Un cráneo gastado vigila mi señal desnuda:

toda suerte de escape termina
en las profundas cavidades
de un animal muerto

 

 

PAULA ILABACA

 

 


Escena 3: La muerte del viejo

 

1.
Contesta el teléfono.
Estoy durmiendo.
Es tu casa, cómo voy a contestar yo.
Aló, hola, sí, es temprano, qué cuentas.
Una voz del otro lado de la línea: murió, ya no está más.
Aló, no puede ser.
La voz decía: el viejo está muerto.

 

2.
Pasaba por arriba pasaba por abajo. Ese día tenían que celebrar caminar por todos lados, ese día se había conversado. Qué haríamos, decían, marchar, salir a la calle correr con otros amantes. Abrazarse, cantar, no sabían muy bien qué, pero cantar y así, ese día había sido conversado. Algo venía de rodillas desde muy lejos, imágenes de su niñez, peleas de sus papás. Todos los ríos que cruzaban la ciudad: El Mapocho, el Zanjón, el San Carlos, se iban a salir.

 

3.
Está muerto. No puedo creerlo, qué alegría, está muerto el viejo.
Sí, de todos modos iba a pasar.
Está muerto: canales se mueven dentro de mi alma.
No digas alma, es cursi. De todos modos el viejo ya no estaba.
Es que no entiendes, es un suceso.
Me duele la cabeza, mejor calla.
Es que no entiendes, se acabó una época.
Sí, ya está muerto, ya fue.
No, esto comienza. Quiero gritar por la ventana: púdrete en tu tumba, viejo de mierda.

 

4.
Pasaba por arriba pasaba por abajo
ella lo miraba, fijo en la cama
no se movía: los ojos cerrados.
Pasaba por arriba pasaba por abajo
la muerte del viejo no les había dejado nada.
El viejo algo significaba una idea de ser más felices
de todos modos algo significaba el viejo
un nuevo país
volver a hablar, aplaudir, decir cosas
gritar en la calle pasear dormir en un parque.

 

5.
La muerte del viejo no significa tanto.
Levantémonos.
Espera un poco.
Levantémonos, murió el viejo, hay que celebrar.

 

 

VALERIA LIST

 

 

 

Un pico extraordinario

 

El señor aseguró con un mecate los tubos oxidados de la batea.
Mientras subimos el cerro en la pickup, se va revelando el volcán.
La nieve se le está cayendo a trozos.
Lo derretido deja huecos en los costados y se ve moteado el contorno.

Vamos con la esperanza de tocar un último pomo de nieve.
Las puntas de los dedos se sienten como si un ave de carroña
picoteara cada una al mismo tiempo.
La conversación se va acabando porque todas quieren taparse la boca.
Hace tanto aire que las cejas empiezan a fruncirse
los cuerpos tratan de encogerse y no pueden,
la camioneta es vieja y hay que agarrarse con fuerza.
La angustia de este clima extraordinario en sus rostros
me indica que fue buena idea venir con mis amigas a este lugar.