Hombres
a los cuarenta
Los
hombres a los cuarenta
Aprenden a cerrar despacio
Las puertas de habitaciones a las que
No volverán.
Quietos
en un escalón
Que sienten moverse
Como la cubierta de un barco debajo de ellos,
Aunque el oleaje es tranquilo.
Al
fondo de los espejos
Ellos redescubren
La cara del muchacho que practica anudarse
En secreto la corbata de su padre
Y el
rostro de ese padre
Aún está tibio bajo el misterio de la espuma de afeitar.
Ahora son más padres que hijos.
Algo los colma, algo
Que
es como el sonido crepuscular
De los grillos, inmenso,
Llenando el bosque al pie de la ladera
A espaldas de sus casas hipotecadas.
Versión
de Mijail Lamas.