"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
miércoles, 9 de agosto de 2023
DIEGO L. GARCÍA
Unos
días afuera
la
jarra de té helado para enfriar el trauma
de asesinar espantapájaros
en el sudor nocturno de la pubertad.
por eso ha lijado su techo
hasta el hueso nacional antes de pintarlo
del mejor blanco occidental.
la figura de un niño con camisa a cuadros
que parece reír por dentro.
el futuro es una tostada con su mermelada favorita.
durazno. empalagosa. nos apunta
y su dedo tiembla
*
un
(sujeto) que se construye
con falsos reflejos. aterradores puentes
desde lo que se quiere decir
a lo que una cabeza de paja puede sostener
sobre un palo de madera. los cuervos.
ellos. podrán señalarte la verdad
*
como
una redacción sobre las fronteras del jardín vecino
las luces de los clubes de pesca
en el verano y los mohicanos
alguien dice tengo permiso para ametrallar
siluetas de cartón. ahorraremos en materia prima
y nada más que historias de contenedores
saldrán a flote cuando oscurezca
*
la
profusión de mermeladas televisivas
como nuevas buddy movies de barrio
que lloran o no lloran. prometen
una fiesta donde el olor de los establos no.
donde la materia se disuelve
en el ácido de los buenos tiempos
*
un
(texto) que se seca en la primera brisa
para dejar como nuevo lo nuevo.
para lanzar una moneda al aire mientras
la efervescencia de una lata blanca
rebota contra la chapa
de un cartel inmobiliario que nos conmueve
HILSA RODRÍGUEZ
Discurso
de un rinoceronte que sobrevivió a la estampida
Cómo
explicarle a mi hija que lo he perdido todo
Que
su padre encontró un abismo y se ha ido para siempre por
aquella
rendija del portón
Que
las promesas son eufemismos de la mentira
Que
la sociedad es un templo de hipócritas
Que
el fracaso es digno del amor y ahoga
Que
mi madre se suicidó y es cruel la ausencia como un caníbal
Que
mi niñez fue una utopía inventada por mi homicida
Que
conocí el origen de la violencia en las piernas de mi padre
Que
cuando nací de pies, según mi abuela lo más doloroso del mundo,
rompí
una taza de café en mil pedazos
y mi
madre se convirtió en un cascarón
Que
engendrar es genuino y agobiante
Que
mi nacimiento fue una repulsión del encanto
Una
venganza
Que
estuvo en UCI mientras yo deambulaba en las letrinas
con
el corazón tejido a medias
Perfi
dia del aprendizaje
éxtasis
del líquido amniótico
desorden
mental
Que
se tatuó en mis orejas el abuso de los primeros hombres
y la
culpa es interminable en mi cabeza
La
aguja en la columna
el
silencio perpetuo de escribir
no
sirve para borrar estos años
No
sirve para escribir sobre el delirio y la verdadera felicidad
si
solo esta se endurece en un montón de arena
No
sirve tampoco si al mirarte
yo
solo sea un dragón embistiendo a un gran espejismo
que
carcome mi tristeza
Que
la vida es un león hambriento
de
hocico rabioso
de
amargura incesante
que
devora a nuestros padres que nos criaron erróneamente
nos
hirieron y no se hicieron responsables
Que
frecuento el centro de Trujillo porque no le temo a los fantasmas
Que
mi náusea se estremece cuando oigo hablar de la inocencia perdida
Que
nos masacran y seguimos amando la intuición de los sabuesos
Que
todo lo que comprendo es trágico
como
las alas de las mariposas deshaciéndose en nuestros dedos
Que
nuestra historia de amor es una metáfora perdida en
un
papel que nadie recogió
Oh,
perpetuo silencio
Son
las dos de la madrugada
y
los gatos lloran como bebés neuróticos
DIRA MARTÍNEZ MENDOZA
Reino
Constelado
En
el reino de lo mutable, las alas de una mariposa brillan en el destello de su
aleteo. He aquí el deseo de convertirnos, he aquí el deseo de llevar a la cima
nuestro reino mineral. Voy señalando con el dedo índice el sonido palpable de
tu voz. Verbo, quieres un verbo, quieres doblar el lenguaje, hacerlo íntimo y
tuyo. He aquí lo domesticado, he aquí el idioma de un cuerpo haciéndose
moldeable y extenso cuando escribes con llama de dulzura boreal. He aquí un
nombre que se abre dejando entrar a tu nombre. He aquí lo inverosímil; tienes
de mí el origen de todos los verbos. Tengo de ti un lápiz dibujando las raíces
de todos los árboles del mundo, una casa haciéndose en el mar.
Algas,
siempre. Corales pronunciando arrecifes, y aun así florece el sosiego. Mírame
desde el deseo de mirar tu reino constelado, astrónomo en mí, tú. Desencadenas
supernovas, todos los pilares de la creación.
CONCHA GARCÍA
Azabache
Sus
manos, qué saben de abrir
con llave una casa, apretadas
en la barandadilla del puerto junto
a otras del mismo color, jóvenes,
tan hermosas, no como las tuyas
siempre al acecho de algo. Hubieses
troceado con más rabia la carne
dando un portazo a tus familiares
esas curiosas parentelas que comen turrón
y abren en canal pavos rellenos,
pensando, que en el fondo
ojalá se ahoguen todos.
Tan negros.
De: “Cuota
de mal”
VALERIA SANDI
Hojas
Caen
hojas
mustias
al finalizar
la tarde.
Al
finalizar
las horas
caen vidas.
Recojo
los colores
de las hojas
disecadas
en el tiempo.
Recorro
ojos
de las últimas
miradas.
Es
otoño
una estación
de piel seca
sobre callejones.
Es
mi vida
un recolectar
de hojas
para el refugio
de mis palabras.
Es mi tiempo
una escritura breve
de aquello
silenciado
por la sombra.
