sábado, 3 de junio de 2023



DAVID FUEYO FERNÁNDEZ

 


 

Infografías

 

La tarde promete aburrimiento a raudales
y un programa de televisión nuevo.
Un trepidante concurso en el que se reparten minutos de Warhol
y tintineos infografiados de estrellas cercanas.
Mientras lo veo pienso en aviones sobrevolándonos,
en vidas diametralmente distintas a la mía
en qué será de éste, de aquél, de aquélla,
si para unos y otros ha habido la misma suerte
o si éste, aquél o aquélla como yo
matan la tarde a balazos de esperanza
de que alguien también los recuerde
mientras en la tele, de mentira,
tintinea una estrella.

 

 

WILHELM KLEMM

 

 

 

La batalla del Marne

 

Despacio las piedras comienzan a moverse y a hablar.
Las hierbas se entumecen en metal cetrino. Los bosques,
Escondites bajos y espesos, engullen lejanas columnas.
El cielo, blanco misterio de cal, amenaza estallidos.

Dos horas colosales se enrollan rodando en minutos.
El horizonte hueco se hincha a lo alto.
Mi corazón es tan grande como Alemania y Francia unidas,
Atravesado por todos los proyectiles del mundo.

La batería alza su voz de león
Seis veces saliendo hacia la tierra. Aúllan granadas.
Silencio. En lontananza borbota el fuego de la infantería,
A lo largo de días, semanas.

 

Traducción de Ivanina Kirilova y Carmen Gómez García

 

HORACIO MANCILLA

 

 


Calor

 

El Planeta se pintó de chapopote,
como chicloso de a poco se deshace.
¿Quién dijo que agua y aceite no se mezclan?

Sigue el amante procreando ilusiones:
bebés que maman gotas de mercurio,
niños saltando en charcos bullentes.

Sigue el festejo del Año Nuevo:
contando segundos en el termómetro.
¡Fundámonos todos en cálido abrazo!

 

 

EDUARDO ESPINA

 


 

Un poema que me gusta
(Los demás también)

 

                                               En fin, la escena que se
                                      representaba en el matadero era
                                              para vista, no para escrita
                                                   Esteban Echeverría

 

La vaca en coma vale lo que no cabalga.
¿Una milla, un metro atrincherado en la
dicha cuyo enchastre bailara chachachá?
Corrió el riesgo de la inocencia, saboreó
ubres, albóndigas endilgadas al gaznapo,
molleja enardecida por las chalas y todo
por dar leches: cuánta blanca alcurnia en
cuyo seso sosiega el talento de tal mente,
cuánta taba carneada para las parrilladas.
Desconfía entre trifulcas del flan nupcial
y del montón de tomos en el sentimiento
de madrastra astral ante un trébol en vilo.
Es vaca y en eso lo ha sido: pace aseada,
sólida como quien pide que la deslechen.
De infanta buen ternera para el bife feliz,
carecía de virgo gordo por la entrepierna
debido al desvío que obvio la abotonaba,
ah la muy regia con higienes de religión.
Al verse reverdecida por su vestigio dijo
en lengua grossa como cada cual calcula
el eco quieto de los toros recién casados,
espera que en marzo nazca así la mirada.
Porque teme a la intemperie, se esconde
en la helada lumbre del primer pirú que
encuentra, disfruta su aftosa en privado.
Ni el sabor hablando en voz baja la hará
volver al alba donde vive con su familia,
la pesca del desayuno en los gramillares
la hallará callada, como si recién hubiera
llegado del silencio para estar más cerca
de la baqueana abriéndose la cremallera.
Pecan los pájaros, el tabú acostumbrado,
la fronda hermafrodita de la cual vienen
los años fríos, peca la oca para ser capaz
de escapar del pez espada, ¿y el hada de
la pradera cuya edad ha hado que hablar?
No peca la vaca, no le quita al eco nada,
no por mucho gritar vería su voz menos 
como aquellos aullidos de Alfonsinas en
un mar de espuma muriendo escondidas.
Burdas, ebúrneas, ¡cobardes!, a bordo de
las larvas al verlas al alba bajar al tambo
tambaleándose con abolengo tarambana.
El chasquido en la cueca, la labia bestial
del chirle, carne igual a ella de noche en
casa sacudiendo la garcha del boy scout.
Con tal rulo rural más no fuera al ulular,
ella a su buey de buenos novilleos (retó
al toro por no encontrar un tordo cerca),
ella por su lágrima a la pagoda original,
longitud de la juventud cuando la vio y
en el humo de un mundo, ninguno más.
Pezuñas y talón al lado de la lombriz al
conseguir se juntan lejos de la tangente
del genial pernil por una de las reserías,
y por la otra dándole sangre sin ganado.
La vaca en la zanja joven huele a tasajo.
Pasea su nata, un peso neto de métodos.
Nato. Nada mejor para el jagüel jugoso
debajo del ojo que por querencia es así.
Va la res a resucitar la música hermosa,
el mundo cuyo mu muere mucho mejor.
Entre las rachas del choripán ha de huir
al quedar desenredada con cada ángulo
de lóbrega desabrigando a las brigadas.
A fin de cuentas, jaló paja el areópago
por atraer lograda la gravedad al pago.
Qué habría sido de las ubres, del árbol
ordeñado cuya duración ¡daba órdenes!
Con la chiripa podría haber venido una
idea a separar las taperas del buen butiá.
Nada queda sino chingolo para la culpa,
¿y hoy mientras traen los charques, qué?
Queda el cuervo sin perderse la ocasión.
Los nombres, puestos a ver en el viento
entienden desde cuándo todo es tiempo.
Es habla para no seguir sola, es silencio,
obra, briznas de curtiembres o mas bien
ha de ser la visibilidad que habrá salido,
el gavilán aéreo cuando vencedor debió
ver a la vida vestida de vaca y al ombú
contento ante el entrevero abroquelado.
Ha de ser por si alguien lo supiera decir,
una cola para sentir la estatura colmada;
en medio, la mirada del aire decide huir.
Un paisaje de ojos entre muchos rabos.
El olvido tendrá idioma para decir, solo
el agua abrirá la boca en caso contrario.
Sabrá la palabra dónde dejar de pensar.

 

 

SILVIA COLMENERO

 

 


 

Supervivencia

 

Hay instintos de supervivencia todavía
que pueden liberar a un hombre
hacerlo amigo de su propio espíritu y los otros
amar sin venda el lugar donde ha nacido.

Hay humanos que combaten ciegos,
la víspera calma de la cruel derrota.
Que se enfrentan solos sin saberlo
a la inhóspita cueva del autómata urbano,
a las sequías en los valles al derrumbe de los hielos.

Hay humanos sin mano ajena en la cual confiar para tomarla,
cuando sea inminente sostenerse a un cabo firme
hacerse uno al menos con la fe puesta en la mano,
cuando no haya imagen en la rebelión profana
siquiera oro para sopesar unas monedas
cuando caiga el espejismo por su propio peso.

Y así, enceguecidos por la imagen de nuestra muerte
cuando apenas baste el mundo para respirar y dar un paso
ya sin lengua con la cual sosegarnos
todo hombre vivirá su propia hambruna,
ciclo del ciclo de haberse hecho humano y revertirlo.

 

CLAUDIA MELNIK

 

 

 

Piedras preciosas

 

Tengo un panteón de amores perdidos
Únicos y facetados
monopolio real.
Tatuajes de estrellas
brillan con luz propia.
Es un suministro de energía
el carrusel privado
una minoría étnica del corazón.
Provisiones en el largo viaje
al fondo del tiempo
migran despacio
y acampan en el pecho.
Son la falsa etimología
un sistema solar a 28 mil años luz
y todo parece tan actual
y perentorio
Es el acontecer humano en el espacio
un pastelito de manzana
la moneda grabada
de potencia universal.

Un panteón de amores disueltos
Ruptura de enlaces.
La misión es arqueológica
Amuletos y vasos
la carta magna que pide límites al poder
de sus reyes
esos privilegiados
los moradores de cristal
los que se apoderan de la música
de la hora de las brujas
el hampa del espíritu.

No hay sol ni luna sin ellos
afectados al sumidero de todos los sueños
Falsos dioses 
la pátina verde en el cobre
fantasmas de la materia

Un panteón de adoración servil
Circular
La eficacia del viento en las velas
Y el botín de los piratas.
No quiero morir con ellos
Los venerables de siempre
Faltaré a mi cita.
No les llevaré hojas de magnolias
ni escribiré poemas de alto voltaje dramático
saldré al campo
dotada de gran escepticismo
montaré mi Triumph Tiger 800
y los abandono
a todos
mis dioses, mis muertitos
Tengo el sol y mis objetos cósmicos
Para la huida grandiosa
El gran escape de la Torre de Londres
El monje de la celda cavará por mí
Seré un gángster del bajo mundo
y me fugaré
seré mi propia Rosa Luxemburgo
y nada me sentenciará
Libre, al fin, sin recuerdos de viaje.
Fuera del panteón de hombres ilustres
Pero neo-bizantina, ni esclava, ni sujeta
Volveré a mi madre, a mi sangre
Los abandono
Usurpadores, los que tomaron mis bosques
Seré moralmente imputable
Una alfombra mágica
Y una dama de gran nobleza.

 

 

viernes, 2 de junio de 2023


 

DAVID FUEYO FERNÁNDEZ

 


 

Nicotina y versos

 

En el momento más inoportuno llegan las hadas
secuestran el pedazo de ciudad que ocupas
lo congelan y no existe nada más que ese tintineo que llama al verso,
cigarros apagados en nuestros cubículos del mundo
aspiramos ceniza cuando dormimos
y desde nuestra insignificancia nos sentimos plenos
como una droga barata que cristaliza en los párpados.
Hemos de escribir y no dejar de hacerlo,
hemos de hacerlo, compañeros.

 

 

EDGAR AGUILAR

 

 



Canto del marinero

a José Luis Rivas

 

¡Oh alma errante e inestable de la gente que vive embarcada,
de la gente simbólica que pasa y con quien nada dura,
porque cuando el barco regresa al puerto
hay siempre alguna alteración a bordo!
Fernando Pessoa

 


He visto el mar.
Le he visto correr sobre mis venas.
¡Ingrato mar!
¡Agolparse sobre mí de esta manera, frenéticamente!

Verle así, ensimismado, meditabundo,
sondeando las aguas que lo cubren,
azul turquesa, añil, metálico, translúcido,
bajo el influjo de las sales marinas que aguardan bajo su seno…
¡Quién dijera que me causéis tantas desgracias!

He visto asir la bandera de vuestra gloria.
He visto caldear tus fuentes marítimas
a la menor tropelía de vuestros navegantes…
¡Así conmigo! ¡Así vuestro desprecio!

Verle estallar en momentos de relativa calma,
de relativa aspereza… ¡Es como para volverse loco!
Así este mar indescriptible, faraónico, tumultuoso,
que abre sus fauces para engullirlo todo… Y que anida en mí…

He visto el mar arder
y levantar humaradas desde el fondo de sus abismos.
He visto el mar no ceder ni un palmo de su territorio;
he visto, en cambio, decrecer su nivel como un manso ogro
tras la primera luna intermedia que se avizora en los cielos…
Mas, sin embargo, le he visto rugir su marea tras el magnético influjo
de las propiedades eólicas que refleja la circunferencia exacta desde lo alto…  
¡Y no comprender nada! ¡Y padecer siempre el vértigo de su opresiva calma!
¡Y ceñirse a los turbios designios de su inequívoca empresa!

Verle cubierto de escamas como un animal silente
dueño del mundo, dueño del horizonte, dueño de las profundidades.
Dueño del destino del hombre que, no obstante, es su propio destino.
Porque el mar, por extraño que os parezca, posee su propio destino,
su propia aventura, su propia integridad, su propia alocada manera de redescubrirse.
¡De qué otra manera podría hacerlo sino a través de los fatuos combatientes marinos, que han vertido sobre su regazo insuperables fórmulas de abordaje, donde los sentidos se disparan al tener frente a sí la inmensidad de los océanos!

He visto las mil formas del mar.
Le he visto trepidante, colérico, fogoso,
indiferente, porfiado, testarudo… Mas nunca ingenuo…
Le he visto abrazar a sus hijos y engullirlos sin complacencias.
Sabe que la ingenuidad es el arma letal de sus huéspedes efímeros,
circunstanciales… ¡Hombres!, ¡pobres hombres!
Sabe que el fervor de un hombre en busca de tierras ignotas
es también el dramatismo más elevado en sus entrañas,
el gesto más sublime que ha depositado de entre su piel inerme
para después, como una estocada, lanzarle a sus abismos.
No hay gesto noble, sólo una extraña consideración de lo infinito…

Es, por lo tanto, en él donde confluyen los instintos más contradictorios.
Ora una alabanza al cielo, ora una injuria a los vientos, ora una satisfacción plena
que lo abarca todo, incluyéndose a sí mismo.
Pues, ¿de qué otro modo se entrega el hombre a aventuras semejantes?
¿No es acaso el gesto más altivo y, no obstante, el más digno de recompensa?
Sois como la espuma del mar, como el golpe seco y húmedo taz taz taz sobre despeñaderos
y acantilados que, como puntas de obsidiana, resaltan de entre esa sinuosa intemperie
que es la duna marítima y le devuelve el grito apagado, sordo, húmedo ¡siempre húmedo!
que vociferan los sonidos del mar hasta caer y resurgir y deglutir las formas humanas,
marítimas, terrenales, oceánicas, cósmicas, oscuras, de una belleza extremadamente insoportable…

¡Ah, el mar, envuelto siempre en su rareza!
¡Mar soberano que habéis puesto en tu lomo infalible la perdición de los navegantes!
¡Mar azaroso mas nunca perplejo!
Tu voz ondulante me llama, me llama…
Tu voz marítima es escarnio de mis proezas,
¡de mis ocultas y sutiles proezas!
Tu voz aguda penetra en mis costillas,
¡en mis costras de sal marítima que con el paso del tiempo el sol ha vuelto purpúreas!
Tu voz dúctil penetra en mis oídos cual tonadilla de lobo de mar a mis costados…

Verle encender la llama de su aurora,
o verle encender el horizonte en un concierto de estrellas.
Verle correr sobre campos de mar absueltos de toda culpa,
de toda perpetuidad forzada, de todo acecho involuntario,
de toda aciaga fortuna donde el navegante se rinda antes de completar el viaje…
¡Así quisiera verte! ¡Doblegado ante mí, ante la fuerza de mi nave!
Pero de nada os serviría esto, puesto que halláis la manera de torcer el rumbo de mis pasos…

Verle virar mi timón a mares complacientes no es tampoco mi fe.
Mi fe es lo ignoto, lo palpitante, lo terrenal.
Mi fe es lo sagrado, lo ritual, lo cósmico.
Mi fe es lo simple, lo vivaz, lo complejo.
Mi fe es lo visible y lo no visible…
¡Mar, dónde habéis estado todo este tiempo!
¡Dónde te has ocultado mientras el navegante ha perdido toda esperanza,
abandonado todo a su suerte!
¡Mar envuelto en llamas!
¡Mar incendiario!
¡Mar al rojo vivo!
¡Mar crepitante!
¡Mar atroz que has dado la espalda a tu verdadera naturaleza!
¡Sí, te riño, te riño y te condeno!
¡Condeno tus abalorios de perlas y corales! 
¡Condeno tu frialdad, tu intriga, tu saña!
¡Condeno tus cabellos turquesa que seducen al buen navegante!
¡Condeno tu ropaje de espuma y de mármol que pierden a los hombres!
¡A los hombres de buena voluntad, que han salido a tu encuentro a hacerte
compañía,
llegado hasta los confines de tus mares por el simple hecho de permanecer a tu lado!
¡Usureros, malandrines, piratas, conquistadores, viajeros, mercaderes,
salteadores, presidiarios, turistas, poetas…! ¡Todos la misma cosa!
Aquí, el único amigo tuyo, el único fiel, el más humilde, el más probo, es el marinero.
Desde la proa te canto. Desde aquí te bendigo…

 

 

WILLIAM MEREDITH

 

 

 

Campo naval

 

Salió cojeando fuera del cielo ardiente un avión herido,
resistió, resistió, linda paloma zumbante,
golpeada y después se hundió en una parada retorcida.
El extraño piloto que emergió –en la costa,
la guerra vino de repente– habló a los mecánicos silenciosos
quienes asintieron con seriedad. Fuego antiaéreo, dijo,
un barco enemigo me atacó.
                 Lo empujaron con amor
hacia la oscura boca del hangar y lo tendieron.
Café y pastel para el piloto que se sentó solo
en el restaurante, leyendo boletines
que hablaban del clima.
                 Después, al anochecer
ya compuesto el extraño avión regresó al cielo.
La foto de sus rizos, y las de su madre y sus medallas
fue todo lo que supimos de él después de haberse elevado nuevamente,
esas joyas eléctricas contra el cielo apolillado y lloroso.

 

 

EDUARDO ESPINA

 

 



Mínimo de nombres posibles (*)
(Un comienzo es siempre otro)

 

de manera que aquellas cosas que no se pueden decir,
es menester decir siquiera que no se pueden decir.
Sor Juana

 

No se veía nada, mejor dicho no se veía nada.
Tiene razón Sor Juana en lo que haya callado
y aquello al pie de un epónimo, y a propósito,
¿cuándo verá el oso a su femenino en la miel?
Desde este Luxor a solas, rocas, peñasco, mar
a morir menos que ánima venida de muy lejos
pero no tanto como estuario anterior al tiempo.
Mar de todas las mareas al remar a su manera
a ras de la corriente donde dirá a los días todo.
Y al Sur salpica, rasca el kiss de las quimeras
haría hace un buen rato por ser tan de repente
o tan, buen ciego para la Sor, también Él azor.
Mira cuánto ímpetu ha perdido, o mira cuánto
de todo esto dejaríase mirar en hora, ahora ya.
No se veía nada pero ahora se ve menos, años
de no verse, de bañarse en guarismos a ciegas.
Entonces igual a ella sería la mirada en la cara
de lectura cuando la cifra abre y ve la primera
palabra: eso es ver, esto es el sentido siguiente.
Frase, refranes y no dejes el alma para mañana
ni menos señales su ausencia añadida al cariño
de piraña que de niña comía mirras arrepentida.
Juana anda dando a las ideas un ánade desnudo.
Para otra será tal ardid, para él la edad indebida.
¿Cuál de entre todas las que tienen aun tiempo?
¿Edad de las que mueren más al menor intento?
Ahí va, viendo al viento tocar a la íntima bestia
tan bien enviada por quienes temen a la imagen.
Caza la cima, si tanto le daba la luz como llegar,
porque ha llegado: comienza con apariencia, en
la misma persona la sorpresa cambia de planes.
Mínimo de mundo visible, el que Berkeley vio
y no este de ahora, que a nadie ideal pertenece,
mundo para inclinar a la chancleta la bataclana.
Está frío, en la ingle clama por algo menos ahí.
Mundo, o da lo mismo pues en inglés es world.
Cuando empiece a ser menos, alguien lo sabrá.

 

 

PABLO ANADÓN

 

 

 

Noches de invierno

 

Salvo por el talento
Ya me voy pareciendo
A esos viejos poetas orientales
Que transformaban su melancolía
En monedas de luna
Que valen lo que entonces ya valían
No obstante siglos de devaluaciones.

Salvo por el talento, digo, entonces
Me parezco en las noches
Que paso junto al halo de la lámpara
Y al calor de los leños
Tomando té y hablando
A solas con los vivos y los muertos.

De todas estas horas, ya lo sé,
En excesiva intimidad
Con el silencio,
Me queda lo que queda en el hogar
Cuando despunta el alba.
                                        ¡Pero cuánto
Que ha ardido la madera del alma en esas llamas,
Cuánto universo amado y consumido
En pensativo sueño, mientras gira
Este cielo del sur en la ventana
Hacia otros horizontes de luz y de ceniza!

Yo sé muy bien que nada
De mí puede quedar, pero en las noches
Soy un viejo poeta que amoneda
La pena y la alegría de vivir
En transitoria eternidad de luna
Que se extingue en el sol de la mañana.
No puedo pedir más, salvo el talento.

 

 

CLAUDIA MELNIK

 

 

 

 

El imperio sobre el riachuelo.

 

Tocaste mi pulsera metálica.
Supe.
Abajo, esa araña monstruosa y bella.
Rozaste mi brazo.
Supe más.
Máquina de registros ilimitados.
 
Pregunté: ¿Cuál el néctar que quedó en el tiempo?
La distancia y la falsa plenitud.

¿Habré estado allí de verdad, dejando mis diamantes como huellas de pan
Dormido y soñado con una corona de astas
Con la formita frágil de las patas de la araña de Bourgeois?
Delicado apoyo para semejante mole, comentamos.
Lo cierto es que yo amanecí con una corona de esas astas, puntitas
de pata de pollito araña.

Lo que me volvía reina, entonces, no era el portento o el veneno
Sino la fragilidad de mi apoyo

Edición príncipe de Trilce,
los Knicks juegan en New York,
el café es de Colombia y nuestro paisaje
íntimo
la Pietá del nuevo Berni.

¿Dónde insertar el tiempo ausente del que los estratos
no dan evidencia sedimentaria?
Era la felicidad del campo magnético, los océanos y la tierra firme.

Al fin y al cabo, el cuerpo de esa araña era una rosa.
Y la luna nunca estuvo más cerca de la Tierra.
Cesar e insistir, sábanas negras.
Y la mañana entró con el sol y todo el sistema solar.

Tenían 4567 años de vida.

¿Cuándo y cómo sabremos que no fuimos
actores de la luna?
Hay algo en su nobleza y humanidad,
material liviano y etéreo que, al fin, es lo que la forma.
Lo denso regresa a la tierra.
Y aquellos besos de transporte profundo,
Como viajar en un rayo cósmico o ser llevada por el viento solar.

El mundo de Trilce: paisajes naturales, un valle, un río, un árbol.
Y la entrega de un fruto prohibido, bíblico, tropical.
Somos la acronimia precisa:
El juego en la metrópolis más vivaz,
Lo pequeño inusual coleccionable.

Un encuentro es mantener la tensión por el ensamble perfecto
Y soportarlo.
Probar el néctar genuino y no huir.
Y los efectos lumínicos se disparan hacia otros ojos.
Voraces.
Hay que permanecer quieto, detener la maquinaria
Estrella distante que me trajo la luna más próxima.
Hoy.
Aquí.
No hay futuro no hay contrastes
Somos libres

Y todo se reduce a los besos,
esos barcos provistos de medios
de propulsión y gobierno.
Los fenicios fueron los primeros que navegaron
por alta mar al remo y a la vela,
guiándose por el sol durante el día,
y por la estrella polar durante la noche.
Los chinos nos darán
la misma brújula que le dieron a los árabes.
Y seré la reina de las aguas,
Quien te traiga sedas y cojines.
Nos instalaremos en el atardecer de la Tierra.
Y seremos los padres de nuestro devenir.

 

jueves, 1 de junio de 2023


 

DAVID FUEYO FERNÁNDEZ

 


 

Mi poesía clara

 

Mi poesía clara,
mi pobre poesía clara y nubes al fondo,
mi pobre poesía clara, una ínsula entre mis versos,
mis días sencillos y mi poesía clara,
pequeños y orgullosos de su casi inexistencia.
Son como hormigas uniformadas, en fila,
sobreviven y van hacia donde ni ellos saben,
hacia delante, donde dictan los relojes,
hacia ninguna parte.
Mi poesía clara,
la hermana pobre del rococó de aquellos días.
Mi poesía clara quiere que el mundo se pare
y yo tome nota,
un parpadeo y otro verso,
una conversación contigo
y mil volúmenes puestos en fila
de lo que he sentido en un instante concreto,
mi poesía o poesía clara en el Babel de mis días.
Luego apagaré la luz y os encerraré en libretas,
garabatos sin rayos de sol
oscura y sola, solos mis versos,
mi poesía,
mi poesía clara,
sólo la mía.

 

CLAUDIA SÁNCHEZ ROD

 

 


 

El polvo de las gladiolas

 

I
Marta sube a una barca
sube a las azoteas
sube al cerro
sube de tanto andar por la pendiente.

Sube también lo rojo de su cara
sube su cremallera, su deseo, su precio.

Sube además las escaleras, hasta que toca el cielo
y se arroja de pronto
como una mandarina desprendida del árbol
           un granizo   un alud   una cascada
y se estrella de cuajo en la avenida.

La gente va de prisa y no advierte
que Rosa está de bruces.

Es una hora pico y todos quieren llegar a su trabajo,
alguien le pisa un dedo.

Una anciana sentada en la banqueta
la presiente
(es ciega)
y se acerca y la ayuda a levantarse
Laura se arregla el pelo
se sacude la falda y se da cuenta
de que perdió un arete y se le rompió una uña. Llora.

Un hombre pasa y le sonríe
y le invita un martini
y es entonces que Teresa nota
que también el habla se le ha roto.

 

II

Marta
busca en su bolso a tientas un cigarro
trastabilla y se ríe
se ríe desdibujada     corrompida
y se ofrenda a la noche y amanece
echada en una banca
con el cuerpo desnudo
un reguero de hormigas sale de no se sabe qué parte de su cuerpo
y la gente le mira su piercing su tatuaje su arete
su roja cabellera
teñida de violeta la mañana
vuelve a beber Teresa de la bruma lo húmedo
desnuda en la ciudad
de México de Oslo de Bombay
de Mogadiscio
Laura en un callejón
con un zapato de tacón y un pie descalzo
no lleva bragas ni carmín ni pasaporte
y los hombres le tocan
atónitos
el vello pelirrojo de su sexo.

 

 

HORACIO MANCILLA

 

 

 

Extranjero

 

Espejo de trescientos sesenta y cinco grados,

aquí me reconozco.

Famélico de lengua extranjera,

la tiño de acento.

Ni local ni forastero,

sólo la suma de mis ambigüedades.

No dejé cabos sueltos ni tareas inconclusas.

Sólo una puerta abierta por si regreso.

 

 

ALAN SEEGER

 

 

  

Tengo una cita con la Muerte

 

Tengo una cita con la Muerte
en alguna disputada barricada
cuando la primavera vuelva con una sombra susurrante
y flores del manzano colmen el aire
tengo una cita con la Muerte
Cuando la Primavera regrese las ferias y los días azules.

Puede ser que tome mi mano
y me guíe a su región oscura
y cierre mis ojos y extinga mi aliento
puede ser que todavía la supere.
Tengo una cita con la Muerte
en alguna pendiente cicatrizada de una colina mallugada,
cuando la Primavera se asome de nuevo este año
y las primeras flores de prado aparezcan.

Dios sabe que sería mejor estar al fondo
de almodones de seda y embriagado de perfumes,
donde el Amor palpita en feliz sueño,
pulso contra pulso, y aliento contra aliento,
donde los despertares silenciosos son queridos…
Pero tengo una cita con la Muerte
A la medianoche en alguna ciudad en llamas,
cuando la Primavera de nuevo viaje al norte este año,
y soy fiel a mi promesa
no faltaré a esa cita.

 

 

PABLO ANADÓN

 

 


 

Regreso a oscuras

 

Por la noche, regresa
Tambaleando a su cama.
A oscuras va tanteando
Con las manos delante, como un ciego,
Paredes, muebles, llaves
De luz, que va prendiendo y apagando,
Como si todo eso no estuviera
Todavía grabado en su memoria.
Da finalmente con las sábanas
Blancas, fragantes de jabón en polvo,
Y se desliza junto al cuerpo tibio
De la mujer dormida. Y se abandona,
Libre de ser ese que ha sido,
Y reclina su sien sobre la almohada
Sin fin del universo.

 

 

CLAUDIA MELNIK

 

  

 

La Luna

 

Debemos cuidarnos del acecho, la cohesión
de los ejércitos, todos
organizados como hilanderas, maestros de obra,
magos.
Hacen una capa de una hilacha,
dan por falsas nuestra colección de monedas One Tael chinas.

La infatuación es un género joven y urgente.
Y la fobia hijo de Ares y Afrodita.
Necesito una máquina de registros ilimitados.
Ir, entrar
Quedarme quieta.

Fue verlo aparecer desde la profundidad del tiempo
Estrella distante que me trajo la luna.
(Y lo cierto es que ese día la Luna llena se pudo ver en la Tierra
más grande y brillante. Su órbita se encontraba en su perigeo,
el punto más cercano al planeta).

Sólo ocurre cada 19 años.