Mínimo
de nombres posibles (*)
(Un comienzo es siempre otro)
de manera que aquellas cosas que no se pueden decir,
es menester decir siquiera que no se pueden decir.
Sor
Juana
No
se veía nada, mejor dicho no se veía nada.
Tiene razón Sor Juana en lo que haya callado
y aquello al pie de un epónimo, y a propósito,
¿cuándo verá el oso a su femenino en la miel?
Desde este Luxor a solas, rocas, peñasco, mar
a morir menos que ánima venida de muy lejos
pero no tanto como estuario anterior al tiempo.
Mar de todas las mareas al remar a su manera
a ras de la corriente donde dirá a los días todo.
Y al Sur salpica, rasca el kiss de las quimeras
haría hace un buen rato por ser tan de repente
o tan, buen ciego para la Sor, también Él azor.
Mira cuánto ímpetu ha perdido, o mira cuánto
de todo esto dejaríase mirar en hora, ahora ya.
No se veía nada pero ahora se ve menos, años
de no verse, de bañarse en guarismos a ciegas.
Entonces igual a ella sería la mirada en la cara
de lectura cuando la cifra abre y ve la primera
palabra: eso es ver, esto es el sentido siguiente.
Frase, refranes y no dejes el alma para mañana
ni menos señales su ausencia añadida al cariño
de piraña que de niña comía mirras arrepentida.
Juana anda dando a las ideas un ánade desnudo.
Para otra será tal ardid, para él la edad indebida.
¿Cuál de entre todas las que tienen aun tiempo?
¿Edad de las que mueren más al menor intento?
Ahí va, viendo al viento tocar a la íntima bestia
tan bien enviada por quienes temen a la imagen.
Caza la cima, si tanto le daba la luz como llegar,
porque ha llegado: comienza con apariencia, en
la misma persona la sorpresa cambia de planes.
Mínimo de mundo visible, el que Berkeley vio
y no este de ahora, que a nadie ideal pertenece,
mundo para inclinar a la chancleta la bataclana.
Está frío, en la ingle clama por algo menos ahí.
Mundo, o da lo mismo pues en inglés es world.
Cuando empiece a ser menos, alguien lo sabrá.
No hay comentarios:
Publicar un comentario