"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
domingo, 30 de abril de 2023
ARTURO MARASSO
Nieva
Nieva
afuera… las brasas del hogar
Se cubren sutilmente de ceniza
Blanca; el sedoso gato se ha dormido
A calor del rescoldo; vieja Biblia
Yace olvidada en el sillón vacío;
Y me dijo: que dulce es la visita
Del invierno, en la casa en que nacimos,
Cuando congrega el frío a la familia
En torno al hogar, y un vago ensueño
Su suave seda de ilusiones hila
En el sosiego de las mansas horas.
En mí el mundo florece; y yo quería,
Ayer, labrar estrofas que no mueran,
Sin ver que sutilmente la ceniza
Cubre la brasa… Pero seré todo para ti, poesía.
HOMERO MANZI
Abandono
Llega
el viento del recuerdo aquel
al rincón de mi abandono
y entre el polvo muerto del ayer
también volvió tu querer.
Yo no sé si vivirás feliz
o si el mundo te ha vencido
viviendo sin querer vivir
buscás la paz de morir.
Duda
de tu ausencia y de mi culpa
pena de tener que recordar
sueño del pasado que me acusa
manos que no quieren perdonar,
dolor amigo de estar con tu sombra
remordimiento de saberte buena
dolor lejano de oír que te nombran
las voces muertas que se obstinan en volver.
Ya
no sueño que retornarás
al fracaso de mi vida
ni tampoco que en tu palpitar
tendré un afán para andar.
Sólo quiero que si estás también
en la cruz del abandono
sepas olvidarme en su perdón…
Total, mirá lo que soy.
Pena
de tu ausencia sin retorno
pena de saber que no vendrás,
pena de escuchar en mi abandono
voces que me acusan al llegar.
Dolor amigo de estar con tu sombra
remordimiento de saberte buena
dolor lejano de oír que te nombran
las voces muertas del ayer feliz.
EDUARDO GONZÁLEZ LANUZA
Poema
de las fábricas
Los
gritos encadenan | trajín apretujado
un instante con todos | mil prisas se penetran
los instantes |
Pistones | El alma
bielas | sueña con engarzar los horizontes
émbolos |
En la carne de fuego | prolijidad
| CALDERAS exacta
trepidan las centurias | El manómetro
es el pulso de la
fábrica
JIM HARRISON
El
presente
El
precio del vuelo es el aterrizaje.
En este cálido día de invierno en el sudoeste,
aquí en el límite de la frontera, quiero
ir a Francia, de donde todos venimos,
donde Occidente nació cerca de las antiguas
cuevas próximas a Lascaux. En casa sólo estoy
sentado en el borde de este agujero negro,
un pozo que desciende hasta el centro de la tierra.
Con un gran telescopio apuntado hacia abajo
veo un rojo punto de fuego y oigo a la bestia aullar.
Mi espalda supura, enferma,
el corazón se tambalea,
el cerebro canta sus cancioncillas.
En todas partes blancas películas vírgenes esperan ser vistas.
La alondra buceó a pocas pulgadas de las rocas
antes de detenerse y ascender de nuevo.
Los dedos de los pies de Dios hundidos en la tierra.
Está listo para correr. Pero ¿hacia dónde?
BILLY COLLINS
Otra
razón por la que no guardo una pistola en casa
El
perro de los vecinos no va a dejar de ladrar.
Está ladrando con el mismo sonoro y rítmico ladrido
con que ladra cada vez que se van de casa.
Deben de ponerlo en marcha cada vez que se van.
El
perro de los vecinos no va a dejar de ladrar.
Cierro todas las ventanas de la casa
y pongo una sinfonía de Beethoven a todo volumen
mas aún puedo oírlo amortiguado a través de la música,
ladrando, ladrando, ladrando,
y
ahora puedo verlo sentado entre la orquesta,
alzando la cabeza con aplomo como si Beethoven
hubiera incluido una parte para ladrido de perro.
Cuando
el disco se acaba, sigue ladrando,
allí sentado en la sección de oboe ladrando,
sus ojos fijos en el director, quien
le marca con su batuta
mientras
el resto de músicos escucha en respetuoso
silencio el famoso solo para ladrido,
esa coda sin fin que fue lo primero en consagrar
a Beethoven como genio innovador.
WILLIAM CULLEN BRYANT
Himno
de la ciudad
No
sólo en yermo llano,
Ni allá en selvoso apartamiento esquivo,
El pensamiento humano
Puede a Dios contemplar presente y vivo;
Ni sólo oye su acento
Donde la onda retumba y silba el viento.
También
aquí presente
Yo te adoro ¡Señor!, aquí te miro,
Donde bulle la gente
Con vasta resonancia y vario giro
Entre muros, do ufana
Puso su sello audaz la industria humana.
Tu
luz, vertida a mares
Del combo cielo, la ciudad inunda,
Penetra los hogares,
Espacio lleno de aire nos circunda;
Por ti el mar sus tributos
Nos da, y las costas sus preñados frutos.
Goza
vital aliento
Tanto agrupado ser, y a ti lo debe;
Y el sordo movimiento
De inmensa multitud que habla y se mueve,
Tu alto poder proclama
Cual tormenta que zumba o mar que brama.
Y a
la hora del descanso,
Cual duerme la alta mar, cesa el tumulto;
Y aquel silencio manso,
Obra tuya también, te ofrece culto;
Tú, soberano dueño,
De la inerte ciudad guardas el sueño.
