jueves, 29 de octubre de 2026


 

HAIA MOHAMMED

 


 

91 días

 

Después de 91 días de guerra soy otra.
Creo que hay un mundo entero dentro de mí…
alegría, amor, fuerza… sólo necesito buscar
dentro de mí para encontrar lo que quiero.

No necesito nada del falso mundo exterior.
Sé que rendirme no me va, ni quepo ahí.
Fuimos creados en el campo de batalla de la vida para ser
guerreros imponentes.

Hoy, me doy cuenta de que la gente de Gaza es distinta:
quizá fueron creados de una arcilla especial con ojos tercos
un corazón que no sé describir, pero ¿quién soportaría
vivir lo que vive la gente de Gaza?

La guerra fue mi maestra. Me crío de nuevo. Aprender
a no aferrarme a nada, sin importar lo que sea.
Ahora no poseo nada más que mi mochila. Aprendí
a no apegarme a las cosas, lugares o recuerdos.

Aprendí que una persona puede ofrecer su alma
ante la muerte sin titubear y dejar atrás todo.
Recuerdo cuando les pregunté a mis abuelos cómo era la vida
cuando Gaza estaba bajo la ocupación…

nos contaban historias que más bien parecían ficción
y hoy entiendo la verdad en esas historias. Solía preguntarme
cómo vivían nuestros ancestros. Le preguntaba a mi abuella y ella
decía, ante mi asombro, cómo comían, cocinaban y se movían.

Hoy, Abuela, vivo tu vida. Me he convertido en ingeniera
en alimentar la fogata, trabajo media jornada en lavar ropa a mano…
En verdad la gente de Gaza no necesita estudiar historia:
la viven.

 

Versión de  Juana Adcock

De: “La edad de los olivos”

 

 

KANEKO MISUZU

 

 

 

Mi hogar

 

El hogar de mi madre
está más allá de las montañas,
en un pueblo donde los duraznos florecen.

El hogar de mi hermana
está más allá del mar,
en una isla remota donde vuelan
bandadas de gaviotas.

Yo no conozco mi hogar,
pero tengo la sensación
de que debe estar ahí, en alguna parte.

 

Versión de Alonso Núñez Utrilla

 

JORGE ESQUINCA

 

 

 

III

El cielo y la tierra están atrapados en una forma visible, todas las cosas emergen del interior
del pincel que escribe.

Desentrañar lo visible, nadar en contra, ir al revés. El desplazamiento es hacia el centro
del que emergen las formas.
Lo que se ve está cautivo.
La palabra inaugura, abre un espacio
para la manifestación del mundo
en su sentido originario.

 

Comentarios a diez líneas del «Wen Fu», de: “Oscuro mundo hechizado”.

 

Nota del autor: El «Wen Fu» es un tratado sobre el arte de las letras. Fue escrito por el poeta chino Lu Chi, quien nació en el año 261 d.C.

 

 

MONTSERRAT RODRÍGUEZ RUELAS

 

 

 

Ars poetica

a Chantal Maillard



Temo destruir con mis palabras el poema.
Escribir agua
y ahuyentar al pájaro que bebe.
Agachar los ojos
y no poder ver.

El pájaro siempre vuelve
al mismo lugar donde encontró agua.
No renuncia a la sed.
A pesar de la ausencia
y la palabra.

 

 

CLAUDINA DOMINGO

 

 

 

Pozos petroleros

 

el día es una cáscara de coco
los pétalos de una flor que al caer revelan el espejo del sol:
la arena es parda en esta mueca que no es aún el Caribe
tan lejos de los ojos turquesa de la península (dice el cielo enlamado)
tan cerca (promete el agua mansa)

“¡qué fortuna —se dirá— tener una niñez con playa!”
los niños lejos del mar se endurecen pronto
(las raíces de los bosques hacen nidos en sus huesos
y los desiertos les quiebran la imaginación)
el mar en cambio les da la cantidad exacta de conchas para sobrevivir
después (cuando todo empiece a alejarse en el horizonte)

la niña en la foto besa en los labios a su padre
el padre barbudo besa en los labios a su hija
en el suelo hay una cubeta roja con una pala amarilla
y unos pies femeninos de alguien que en la escenografía
come papitas fuera de cuadro
la arena es oscura y gruesa (y aunque no aparece)
debe haber montones de sargazo
que el pasado sólo se cuenta desde el presente (es una obviedad)
historia y literatura están obsesionadas con cardar todas las anécdotas
en un lazo fino y tejer una hamaca para contemplar
el mar grisáceo de Paraíso
a lo lejos (palapa futurista) una torre petrolera hunde las patas en el fondo marino
de esta arena: espejo diluido del petróleo

la niña de la fotografía era (o eso creía) el espejo moreno de su padre
el hilo de sus historias aún no tenía nudos ni desgarramientos
porque si el hijo ambicioso debe asesinar al padre
con el método más cruel posible
¿qué deberá hacer la niña cuando descubra que los espejos también son pozos?
buscará con insistencia el recuerdo de la fotografía

en la memoria hay cosas que no aparecen o que se han ido sumando
(¿recuerdos de una película   inventos de una narrativa probable?):
el cielo salado tras la ventana semiabierta del auto y un tulipán rojo
¿cortado en la ciudad? que la niña acaricia y deja por ratos en la arena
donde alguien le espanta rabiosísimas hormigas de los pies
la niña quiere ponerse los huaraches para que las hormigas dejen de morderla
y en vano alguien le explica que los agujeros de los huaraches…

(mientras) el recuerdo se va cardando: el agua de coco que bebe
el tulipán cuya piel es pelaje ¿de qué otra cosa?
(una llama pequeñita cuyo último nombre siempre se escapa)
y el mar con su boca abierta y sus babas de sargazo cuenta la mentira del mundo:
que el mar es una casa
que el padre es ancla espejo y horizonte
que las playas son doradas
que no hay más pozos que los pozos petroleros

 

De: “Reconquista del Reino de Kaan”

 

 

JORGE AULICINO

 

  



Un cuadro de Eduardo Stupía

 

En el rabo del ojo
se ve el lugar en que mi país licúa
el continente,
y es con difusas manchas,
mezcladas con gruesos trazos de pincel
o rotulador.

A medida que bajamos por el mapa
vamos siendo un país con poca vegetación, casi
nada de verde o maíz o anacondas o calas,
y sin revolución alguna pintada en las paredes
de salas enormes en palacios gubernamentales.

Nos diluimos en un silencio que no aterra,
el hielo avanza hacia nosotros con viento y niebla,
sobrevolado por gaviotas,
mientras escapa, húmedo, entre las piernas
de los transeúntes, el verano espantoso y amarillo.



De: “El hombre del codo”