Un cuadro de Eduardo Stupía
En
el rabo del ojo
se ve el lugar en que mi país licúa
el continente,
y es con difusas manchas,
mezcladas con gruesos trazos de pincel
o rotulador.
A
medida que bajamos por el mapa
vamos siendo un país con poca vegetación, casi
nada de verde o maíz o anacondas o calas,
y sin revolución alguna pintada en las paredes
de salas enormes en palacios gubernamentales.
Nos
diluimos en un silencio que no aterra,
el hielo avanza hacia nosotros con viento y niebla,
sobrevolado por gaviotas,
mientras escapa, húmedo, entre las piernas
de los transeúntes, el verano espantoso y amarillo.
De: “El hombre del codo”
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