91 días
Después
de 91 días de guerra soy otra.
Creo que hay un mundo entero dentro de mí…
alegría, amor, fuerza… sólo necesito buscar
dentro de mí para encontrar lo que quiero.
No
necesito nada del falso mundo exterior.
Sé que rendirme no me va, ni quepo ahí.
Fuimos creados en el campo de batalla de la vida para ser
guerreros imponentes.
Hoy,
me doy cuenta de que la gente de Gaza es distinta:
quizá fueron creados de una arcilla especial con ojos tercos
un corazón que no sé describir, pero ¿quién soportaría
vivir lo que vive la gente de Gaza?
La
guerra fue mi maestra. Me crío de nuevo. Aprender
a no aferrarme a nada, sin importar lo que sea.
Ahora no poseo nada más que mi mochila. Aprendí
a no apegarme a las cosas, lugares o recuerdos.
Aprendí
que una persona puede ofrecer su alma
ante la muerte sin titubear y dejar atrás todo.
Recuerdo cuando les pregunté a mis abuelos cómo era la vida
cuando Gaza estaba bajo la ocupación…
nos
contaban historias que más bien parecían ficción
y hoy entiendo la verdad en esas historias. Solía preguntarme
cómo vivían nuestros ancestros. Le preguntaba a mi abuella y ella
decía, ante mi asombro, cómo comían, cocinaban y se movían.
Hoy,
Abuela, vivo tu vida. Me he convertido en ingeniera
en alimentar la fogata, trabajo media jornada en lavar ropa a mano…
En verdad la gente de Gaza no necesita estudiar historia:
la viven.
Versión de Juana Adcock
De: “La edad de los olivos”
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