miércoles, 30 de septiembre de 2026


 

IMANOL GÓMEZ MARTÍN

 


 

Taller de ausencias

 

A mi tío Paco, in memoriam.

Una ausencia tallada en la piel

de la página que no leerás jamás.

Un mirarse en el otro y compartir

la pasión y el requiebro que ahoga

el guiñapo soberbio de la cultura.

“Ahora entiendo a Kant”, dijiste

y complacido escribí un poema

ya escrito por Robert Nye.

Quedó visto para sentencia el acuerdo

de vivir vida de filósofos

como si otra vida hubiese podido ser vivida.

Ahora ya que tus sueños quedaron rotos

nosotros mudamos la piel

y las páginas no esperan

el contacto de tus dedos nicotínicos

pues son pasto del recuerdo

de tu recuerdo diferenciado.

…………………………………

La vida es un taller

un taller de ausencias,

donde la memoria repara

(con engaños)

la presencia de los ya idos

y trama en su telar

el olvido de los nombres.

……………………………………………………………………..

Se van gastando algunos sueños de puro viejos

o también, casi siempre, de no intentarlos,

y el alma anquilosada de cansancio

como una alquimia de deseo riguroso donde vetustos terciopelos

y algún poema arrepentido se reúnen.

Todas las ausencias, bajo el vértigo del pensamiento,

carecen de nombre,

y la inercia del tiempo

no posa sobre ellas su mirada.

Mirada cuya duración mide

el final de estos versos.

 

De: “Taller de ausencias”

 

MANUEL NEILA

  


 

Pa(i)saje

 

Llega una brisa
de lejos, de muy lejos:
un aire antiguo,
lleno aún de lugares
que acaso fueron míos.

  

De: “La llama y la ceniza: Antología poética” 

 

MARTIN SEYMOUR-SMITH

 

 

 

Desesperación

 

La encontré revoloteando, bella
en el filo de mi desesperación,
que cual luz colgaba la noche entera
iluminándola.
Era un pájaro, desganado
como aquel instante, y mis ojos
anhelaban su implacable horizonte,
hacia el cual, piando como un ave
voló. ¿Me atrevería mañana
a mostrarle la luz hacia el mar?
Aunque contra el cielo que me abraza,
oscura huiría de mí.

 

De: “Un rastro de sentido”

 

FRAN PICÓN

 

 


RECUERDO aquel solar enfrente de mi casa,
sus piedras y arena circunvalando los juegos,
el ruido de ausencias entre los cristales
y un viejo coche abandonado
que era nuestro viaje sin límite a lo prohibido.
Hubo siempre un aroma a incertidumbre
en cada uno de los rellanos de la escalera,
el tacto taciturno de las puertas cerradas
y de los felpudos impregnados
de tantas huellas sin nombre en los buzones.
Los desayunos con prisa y galletas untadas,
los estuches poblados de lápices de arco iris
y restos de goma borrando la ignorancia,
un compás huérfano de curvas
y un transportador de ángulos hacia lo imposible.
Las batas en el patio del colegio
encubriendo la pobreza que habitaba los bolsillos,
la mirada impenetrable de un viejo profesor
que, con el cigarro tatuado en sus dientes,
custodiaba el buen nombre de la apariencia.
Tal vez la memoria sea una mentira compulsiva
y los recuerdos tan sólo el engaño del tiempo,
pero yo, ahora que las canas tienen la mayoría absoluta
en un semiabandonado congreso en mi cabeza,
recuerdo aquel viejo solar donde no cabía la soledad.

 

De: “Al otro lado del abismo”

 

ANA ROSSETTI

 

 

 

Tres

 

En la hermana, furtivo, recuperar intenta
el retirado beso de la madre
y en el valencienne crema del volante
se aprietan sus mejillas arrasadas
que inútilmente ansían.
Mas luego, alcanzado en los labios
por la irisada esfera de un botón
se duerme al fin el niño.
La tan evocadora apariencia

él lamiendo.

 

De: “Diminuto cosmos: Antología poética 1980-2022”

 

LOGAN FEBRUARY

 

 

 

Marido es la palabra más hermosa

 

En ese calor tremendo
nos hicimos un festín. El aceite
dorado de especias, el susurro
travieso, diluyéndose, de la sartén
nos recordaba viejas quemaduras.
Sabor a carne tibia. Umami.
Qué rico estaba. De tus dedos, la sal
era una bendición. Me tuve que
sacar la camisa. Para sacarte
el cuchillo de la mano. Ojalá hubiéramos
tenido borgoña. Estábamos atrapados
en una especie de silencio. Cuando terminó
la canción, empezó a sonar de vuelta.

  

De: “Fuckboys”

Versión de Ezequiel Zaidenwerg.

 

 

 

martes, 29 de septiembre de 2026


 

IMANOL GÓMEZ MARTÍN

 


 

Sobran las miradas

 

Sobran las miradas

ni qué decir de las palabras

los sonidos, el rumor de las hojas

el extraño olor del río.

Todo sobra,

tan sólo es importante saberlo,

conocer el alcance,

sentir la fuerza, la temperatura arbórea

en presencia del deseo.

Sobra hasta la vida

para que nadie pueda contar

lo grande que has vivido

o el sueño que te fue negado.

 

De: “Taller de ausencias”

 

 

MANUEL NEILA

 


 

Aposentos del aire

 

Está la casa sola, y entra el día
inundando la estancia
de promesas, de imágenes.
Y entra con pie descalzo, como entonces,
ese temblor humano, la algazara
que sube de la calle
donde el vivir arrecia, nos convoca.
Y es luz lo que respiro:
claridad que se ofrece a quien la mira
con el brillo insistente
de los seres en su sola presencia,
como un fuego extendiéndose,
consumiéndolo todo,
por el que todo existe y sobrevivo.
Existir es arder;
vivir, quemarse: ir dándose a la luz
que todo lo transforma y lo enriquece,
si la miras de frente, aquí, en la estancia
donde, árbol de fuego,
tu crecimiento es llama;
su consunción, memoria de la vida.
Y es luz lo que respiro
en estos aposentos donde el aire
no contiene las formas.
Y es fuente de prodigios, pervivencia
de una verdad que dura,
quemadura de sombras,
grabándose en la frente a fuego vivo.

 

De: “La llama y la ceniza: Antología poética” 

 

 

 

MARTIN SEYMOUR-SMITH

 

  

 

El invierno para William

 

El invierno para William, quien vive en una lejana
isla de cielos apacibles ligada al sol,
será más benigno que para nosotros:
desvaneciéndose mientras los tejados calientes desafían
a la escarcha que cae. Pero sus ojos se llenarán
cuando al partir de estos muelles donde el frío se alarga
la sirena del barco aúlla su último adiós;
Y también verá a los pájaros
huir veloces de la nieve amenazante.
Tales son las lágrimas que el horizonte
crea en los ojos de un niño; él siente el viento
y tira de la manga gritando:
¿Dejar la isla? ¡No, no!
La melancolía no abrirá sus puertos
para fijar el movimiento de su corazón.
Pero la nave y los pájaros partirán,
e Inglaterra se hace más lejana,
y él la siente tan fría como la piedra y la lluvia,
a través del siseo del mar y la neblina.
El mar está furioso, fuera de sí.

Nosotros, exiliados en nuestra patria,
recordando sus juguetes y juegos
en jardines más cálidos y verdes que estos,
nos asombraremos con el recuerdo del sol
por el bien de quien no tiene frío.
Pasearemos en un sueño que fue nuestro antes, en estas amargas temporadas
de pesada y envejecida nieve; pasando los inviernos
tan cálidos como los de William.

 

De: “Un rastro de sentido”

 

FRAN PICÓN

 

 

 

YO no quise nacer en agosto,
ni tampoco en una gran metrópoli,
yo hubiera querido amanecer
entre la hojarasca de otoño
en algún pequeño arrabal
de una ciudad discreta
y sin nombre,
más allá de la última esquina,
justo antes del cruce de caminos.
No vine al mundo a la hora acostumbrada,
perdí una saeta en el desagüe del ombligo
y el tiempo entre los lazos del cordón umbilical,
arrastré la placenta hacia el lado salvaje
mientras en el hilo musical de la inocencia
sonaba la voz arrugada de Lou Reed.
Y es que en agosto no había nadie,
me recogieron de oficio en el paritorio del desliz
y en la incubadora de la oficina de empleo
esbocé mi primer poema de llanto.
Nací hombre por casualidad
y no por vocación, tal vez por accidente,
reivindico mi parte femenina desde entonces
y en la piel he facturado los deseos,
en aquel lunar sin órbita ni Selene,
apenas en un rincón escondido de mi cuerpo.
Y es que yo nunca, nunca quise nacer en agosto.

 

De: “Al otro lado del abismo”

 

ANA ROSSETTI

  

 

 

Cuatro

 

Y como Louis comiera de la fruta robada,
los labios rodeando la honda mordedura
de la niña, de súbito ella piensa
en el verde brocado que forra la hornacina
—acuáticos parecen los acantos—
y un niño y una niña de mármol que se abrazan,
las cabezas muy juntas. Su rostro se ha incendiado,
tan violenta inquietud. Ella cree que es temor
por el hurto. No delicia ante el beso

que recuerda.

 

De: “Diminuto cosmos: Antología poética 1980-2022”

 

 

LOGAN FEBRUARY

 

 

 

La esperanza en un cajón de abejas

a la manera de Sylvia Plath

 

Cruzo los dedos quebrados para pedir un deseo:
que las ramas de los árboles me protejan de los dragones

y del mal. Pululan escarabajos por el sillón.
Mi terapeuta dice que la palabra es “trauma”.

Un pájaro caído se hace humo.
Yo revuelvo el azúcar en mi té, parado en la mitad

del vendaval de hojas secas. Espero que
papá me esté esperando donde termina el bosque

pero ya sé que él no existe más.
Me llueven las pastillas que me recetaron.

 

De: “Fuckboys”

Versión de Ezequiel Zaidenwerg.

 

lunes, 28 de septiembre de 2026


 

VITTORIO SERENI

 


 

Concierto en el jardín

 

A estas horas

riegan los jardines en toda Europa.

Un ronco torbellino de salpicaduras

reúne a los niños guerreros,

retumba en sonidos de aguas

hasta este banco en la sombra.

Abanica a los niños que combaten

en el jardín, se arremolina;

sonido suspendido en gotas

instante

te reflejas en el verde sombrío;

torpedos blancos y rojos

estallan en el asfalto del Avus,

los trenes corren hacia el sureste

entre campos de rosas.

Desde este banco en la sombra

escucho los gruñidos de la bomba de agua:

en ritmos de gotas

mi tiempo se armoniza.

Ya silban los trenes al llegar.

Se ha ahogado en el calor

el concierto de la vida que varía

en extremas girándulas de agua.

 

 

ÁNGELA MALLÉN

 

  

 

Guerra

(Musée de l´Armée)

 

                            Estalla. Eso hace:

                            ¡estalla!.

                            Fuerte como en los años treinta,

                            como en los años cuarenta,

                            como en las llanuras de Esparta,

                            y en las campiñas de Granada,

                            y en las planicies del Cáucaso,

                            y en las plazas de Beirut,

                            y en las sierras de Afganistán.

 

                            Un hombre y un niño.

 

                            El hombre llora como un niño

                              (de rabia, de profunda decepción).

                            El niño llora igual que un hombre

                              (de abatimiento y soledad).

                            La mano del hombre yace sobre el niño

                            con la misma lasitud

                              del caído en el fragor de la batalla.

 

                            La guerra ha estallado con pujanza.

                            La madre ya ha sido alcanzada.

 

De: “Palabra de elefante”

 

 

 

DOROTHEA LASKY

 

 

 

Certeza relativa

 

Estoy casi segura de que en mi vida pasada fui un animal
Lo sé
Por mi hocico
Por el pelaje que me envuelve
Por mi amor
Mi Loba mi Loba
Te quiero

Todas mis hormonas
El cuerpo desnudo
Y el cadáver
Los días, dulces y largos
Y de repente, la nada
El espacio absoluto
Con el que hacer un trato

Estoy casi segura
De que lo importante era el pelaje
Antes de estar atrapada en este cuerpo
Sé que justo antes de que los planetas me tragasen
Miré a la gente e intenté hablar
Y fue mi vocabulario, mi tono
El que acabó conmigo

 

Versión de María Ramos, Valeria Meiller y Cecilia Pavón.

 

 

DAVID DELFÍN

 

 

  

Sienten alegría las olas al romper.

La visión es la de los veranos que no pierden su propia inercia; del recuerdo, pequeñísimas roturas sortean el desenlace o lo desoyen. Nunca otra conclusión apalabrada más apacible, más indómita la sal.

 

De: “Oqueruela Tékne”

 

 

ÁNGEL GUINDA

 

 

 

Yo empecé a andar por las nubes
como pájaro sin alas.
Quise la paz, quise el día,
el aire, la tierra, el agua.
Pensé que todo era inútil
y me eché el tiempo a la espalda.
Ahora vivo en el instante
colgado de una esperanza.
Y, a veces, abro la puerta
creyendo que alguien me llama,
y es un profundo deseo
como un murmullo de casa.
Poesía, poesía,
realidad que no me engaña.

 

De: “Me he fumado la vida: Antología poética”

 

 

LOGAN FEBRUARY

 

 


 

Echarse atrás

 

Si el amor fuera un mar,
una diosa nodriza,
un tragaluz.
Si otra vez el vacío
de la foto se llenara
de pájaros. Si el tiempo
se extendiera
ante todes nosotres, un horizonte
Y nadie preguntara:
¿y ahora qué?
Si se me retorciera
el corazón, listo para estallar
como los fuegos artificiales.
Claro que me preocupo. La tierra
cae cada vez más en menopausia.
Lo celebramos con un brindis. Fiesta
en la playa. Año Nuevo
en la Isla de Lagos. Cruzar
la línea cósmica de llegada,
una semiótica de la turbulencia
de nuestras mentes. O tal vez no
turbulencia sino esto: lo que viene. Ya sé
lo que merezco. Estrellitas de bengala
en el espejo. Ruidos futuros. Un calor súbito.
Si no me hubiera arrastrado la marea,
me metería corriendo.

 

De: “Fuckboys”

Versión de Ezequiel Zaidenwerg

 

 

 

domingo, 27 de septiembre de 2026


 

VITTORIO SERENI

 


 

Terraza

 

Imprevista nos coge la tarde.

Ya no sabes

dónde el lago termina;

tan solo un murmullo

roza nuestra vida

debajo de una terraza pénsil.

Estamos todos suspendidos

a un tácito evento esta tarde

en aquel radio de torpedero

que nos escruta, luego gira y se va.

 

 

ÁNGELA MALLÉN

 

 

 

Epílogo

 

                            No abandonaré mi huella

                            sobre la dermis del agua.

 

                            El cielo estaba sereno.

                            Y la campana del pueblo

                            sonaba bajo los puentes,

                            dentro de los maizales.

 

                            No dejaré nunca sola

                            mi huella casi borrada.

 

                            Recuerdo la luz severa

                            sobre los tilos.

                            Recuerdo la luz intensa

                            sobre los álamos.

 

                            No dejaré nunca sola,

                            extenuada en la nieve,

                            mi huella.

 

                            Dos pasos o dos palabras,

                            apenas,

                            vestigio de mi camino,

                            como dos zarpas de tigre

                            en el espejo de Osiris:

                            “Frío”.

                            “Caliente”.

 

                            La ceremonia parece tener fin.

 

De: “La ceremonia del té”

 

DOROTHEA LASKY

 

  

 

Mis tetas son de verdad

 

Me robaron los neumáticos
Demolieron mi casa
Asesinaron a mi padre
Me amputaron los dedos
Y pensé, «Me gustaban mucho esos dedos».

Perforaron mis párpados. Me extirparon el cerebro.
Recorrieron mi espalda sudorosa con sus dedos sudorosos.
Tocaron música para mí pero aquello no era música.
Me amaron y después no.
En un momento impreciso me crecieron estas enormes tetas.
Fue como si todo lo que se llevaron
Me hubiese sido devuelto
En forma de tetas.
Todo lo que me quitaron
Me fue devuelto
Tal y como Lydia Davis dice,
Cuando se traspasa cierto límite
Todo lo que es real pero innecesario
Desaparece para siempre y pasa a ser sustituido por lo irreal.
La diferencia es: estas tetas son de verdad.

 

Versión de María Ramos, Valeria Meiller y Cecilia Pavón.

 

DAVID DELFÍN

 

 

 

Qué solos, maravillosamente ilesos

quienes al fijar la vista donde la edad no accede abandonan el destino cotidiano de sus tardanzas.

 

De: “Oqueruela Tékne”

 

ÁNGEL GUINDA

 

 

 

Antes de que sea tarde


Un hombre,
harto de estar entre los humanos,
estatua lapidada en un mundo del que abomina,
comparece ante su conciencia.
Un hombre,
que recorrió los caminos del exceso
y escaló las rampas del conocimiento,
encastillado entre sus fracasos y renuncias,
despreciando los fuegos fatuos de la vanidad,
la sed de ser o el victimismo,
se dispone a revisar su vida
antes de que sea tarde.

 

De: “Me he fumado la vida: Antología poética”

 

 

LOGAN FEBRUARY

 

 

 

De piedra

 

A veces estás comiendo una manzana,
o tomando ginebra en una fiesta pésima,
y te acuerdas de tu garganta y su tersura.

A veces lo único que tienes puesto
es el peso de tus emociones, y tu único abrigo
es algo que se mueve en el abismo de tu barriga,

que te hace pensar: Ah, al final, yo
no era de piedra. Cualquiera puede imaginarse
la estatura de un chico así de hermoso, pero ¿quién

se acerca lo suficiente para notar el brillo nuevo de los ojos?
¿Quién se pregunta si no será el jugo dulcísimo
de alguna fruta blanda sobre tus labios, y se estira

para probarlo? Eso es poco frecuente. Eso es ternura, como
los dientes de mármol que rasgan la piel roja de la manzana. Eso
es amor: cuando él saca la boca de la sal de tu dolor

y también termina llorando.

 

De: “Fuckboys”

Version de Ezequiel Zaidenwerg

sábado, 26 de septiembre de 2026


 

VITTORIO SERENI

 


 

Las manos

 

Estas manos tuyas en defensa de ti:

me hacen sombra en la cara.

Cuando lentas las entreabres, allí enfrente

la ciudad es aquel arco de fuego.

Sobre el sueño futuro

serán persianas rayadas de sol

y habré perdido para siempre

aquel sabor a tierra y a viento

cuando volverás a tomarlas.

 


ÁNGELA MALLÉN

 

                        

 

Frío

(Axioma Décimo)

 

                   Mi madre me llevaba

                   todo recto por el frío.

                   Ahora veo la estatua de hielo que éramos

                   en aquella ciudad vieja del nordeste.

 

                   Tuve suerte de erigirme

                   esperando con ella

                   en el centro del frío, debajo del castillo.

                   Yo tenía su fragancia,

                   ¿o era su miedo?

                   (¿o su temeridad?)

 

                   Mi madre me llevaba todo recto por el frío.

                   Había una iglesia grande donde olían

                   a incienso las gitanas

                   sentadas en la noble escalinata.

                   Los gigantes dormían en la Casa

                   Consistorial.

 

                   Mi madre me llevaba

                   todo recto por el frío.

                   La calle San Antonio,

                   enfrente de la tienda

                   del petróleo y las papas, junto a los Cines Fémina,

                   hasta la pastelería.

 

                  Dos galletas ovaladas:

                  chocolate y anises de colores.

                  Ternura, privilegio.

                  Un cándido secreto.

 

                  En el centro del frío,

                  me comía a mi madre.

 

De: “La noche en una flor de baobab”