martes, 29 de septiembre de 2026

FRAN PICÓN

 

 

 

YO no quise nacer en agosto,
ni tampoco en una gran metrópoli,
yo hubiera querido amanecer
entre la hojarasca de otoño
en algún pequeño arrabal
de una ciudad discreta
y sin nombre,
más allá de la última esquina,
justo antes del cruce de caminos.
No vine al mundo a la hora acostumbrada,
perdí una saeta en el desagüe del ombligo
y el tiempo entre los lazos del cordón umbilical,
arrastré la placenta hacia el lado salvaje
mientras en el hilo musical de la inocencia
sonaba la voz arrugada de Lou Reed.
Y es que en agosto no había nadie,
me recogieron de oficio en el paritorio del desliz
y en la incubadora de la oficina de empleo
esbocé mi primer poema de llanto.
Nací hombre por casualidad
y no por vocación, tal vez por accidente,
reivindico mi parte femenina desde entonces
y en la piel he facturado los deseos,
en aquel lunar sin órbita ni Selene,
apenas en un rincón escondido de mi cuerpo.
Y es que yo nunca, nunca quise nacer en agosto.

 

De: “Al otro lado del abismo”

 

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