Cuatro
Y
como Louis comiera de la fruta robada,
los labios rodeando la honda mordedura
de la niña, de súbito ella piensa
en el verde brocado que forra la hornacina
—acuáticos parecen los acantos—
y un niño y una niña de mármol que se abrazan,
las cabezas muy juntas. Su rostro se ha incendiado,
tan violenta inquietud. Ella cree que es temor
por el hurto. No delicia ante el beso
que
recuerda.
De:
“Diminuto cosmos: Antología poética 1980-2022”
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