"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
jueves, 18 de enero de 2024
JUAN ARABIA
Distrito
de los lagos
Yo,
que negué a Cristo en el primer barco,
finalmente entendí el significado de la palabra adiós.
No se trata de una simple despedida:
es el momento en el que todo se hunde
en los blancos y transparentes mares de números,
y se pierde la flor, única prueba
de la existencia de un paraíso.
Es
el momento donde se pierde el inmediato calor
de aire que encierra y separa a cada una
de las cosas que existen en el mundo.
BENJAMÍN SANTIAGO MONTIEL
Corte a lo garçon
Acudo
a la peluquería
siguiendo los pasos
de mi propio castigo.
Me
imagino el lavabo
como ácido que desintegra
lo que me convierte en
la niña que dicen que soy.
No
quiero que me digan
que parezco un niño
porque como me guste
no habrá vuelta atrás.
De:
“Nombre muerto”
EVA MOLINA SAAVEDRA
Litigio
Vivo
un litigio
en secreto contra el Estado
por coacción, abuso e incumplimiento,
porque me quita lo que me hace falta
y se impone.
Es
secreto.
Un litigio contra el Estado
porque la naturaleza es levantisca.
Por lo solar se rige,
y por lo originario,
pero encierra un grito contenido.
No
soy parte de un experimento social,
ni vivo en la ficción, ni guardo copia
de ningún contrato sin previo aviso.
Siento
una guerra íntima
contra el Estado,
pues no soy animal de granja.
Si fingí ser sumisa, lo hice
para subsistir. No seré
la delatora que necesitáis.
No firmo, ni obedezco, ni me inclino.
Por
eso quiero esconder en la mano
la fuerza de ese gesto que haga fértil
mi pequeño jardín.
A años luz de vuestra gran mentira,
pisar la hierba para sentir la savia.
De:
“La mirada rasante”
MARTÍN LÓPEZ-VEGA
Poema
de los tulipanes
Los
tulipanes
no son de aquí.
Su propio nombre los delata:
el farsi
se lo prestó al turco
y quiere decir turbante
porque alguna jardinera de Persia
recordó esa forma
cuando una mañana sin rocío
los vio cerrados
como rubaiyatas aún por leer.
No
son de aquí y, sin embargo,
hay tres creciendo
como minaretes sin rezo
en una maceta de nuestro balcón.
Para ellos, esta ciudad
debe
de ser como Marte
para los primeros exploradores,
pues no sabrían vivir solos,
como si este no fuera su oxígeno,
y dependen de nuestro riego
y un poco de nuestra conversación.
Pienso
en el viaje de los tulipanes
y en el viaje de cuatrocientos cincuenta días
de los astronautas a Marte
y en tu viaje, amor, para llegar aquí.
Tú no eres un tulipán, ni este es otro planeta;
y aunque seguro que dormiste en tu avión,
nada perecido al coma inducido
que espera a los cosmonautas.
Pero
pienso en cómo te afectará esta atmósfera
seguro distinta a la de tu país
y los cuidados que necesitarán tus raíces trasplantadas.
No es que me preocupen: son tan fuertes
que han arraigado en esta ciudad y en mí
como nunca supieron hacerlo otras raíces,
y eso sin cambiar de acento ni de preferencias.
Al
contrario que los tulipanes,
yo sé que no me necesitas para respirar
ni nutrirte. Pero cada mañana
con qué felicidad me asomo a ti
para ver cómo floreces de nuevo.
INDRAN AMIRTHANAYAGAM
La
última fiesta
No
hay otra opción, querido. Se ha ido. Acepta su partida
y concéntrate en los seres amados que se quedan contigo
en este planeta tan grande que abarca un sin fin de lenguas
y de especies que, a la vez, están todas en vías de desaparición.
No hay nada nuevo en mi observación pero nadie puede
predecir el día de la muerte o del nacimiento, no con ciencia
exacta, y nadie puede decir porqué en esta mañana soleada
de primavera con los últimos cerezos rosados todavía en flor,
y los conejos bailando en el pasto, y mi sangre templada
por su fluir ininterrumpido, y con cierta calma en mi alma,
veo de nuevo el camino con ganas de seguir sabiendo
aún cuando en el algún momento menos esperado me iré
también a la fiesta imaginada. ¿No tenemos más de Dios
que este último encuentro donde mi amigo me espera?
