viernes, 24 de noviembre de 2023


 

ANA BELÉN LÓPEZ

 


 


el ruido del rincón
el risco
el inicio
del precipicio resbala
ruco dime ruco
eres un viejo ruco
que levanta la tapa del baño para vestirse
una vieja ruca que desobedece las reglas
de la montaña, del risco, del borde
para volar por los años
que jalan tus pellejos
hacia el final de la vejez

 

EDUARDO ESPINA

 

 


 

Y del ruido nacional, ¿qué me pueden decir?
(Las palabras aprenden del pelo largo)

  

Vino el cacareo de carambola y alguien preguntó,
¿a quién pertenece? El gallo seglar, cada gallina en
agua de otras borrajas dijo borrón y cuenta nueva.
Para el desvarío debió ser desempate, tal como los
objetivos son del rijoso con paramento de amante,
aunque la foto tendría más gente joven en la vejez.
Frailes y hermafroditas, garzos y enanos fraternos,
iban al montón tomados de la mano, iban, además,
al baño para añadir un pelo al jopo en la polvareda.
A ese paso, el silbido de las sibilas serviría a todos,
tanto les daba una vaca acalorada como el cangrejo
agradecido pues el sonido de su río seguía de largo.
Era una buena calenda para no dejar de morir hace
poco, era en parte una época pingüe para apurar la
velocidad del sabor cuando los huevos salen poché.
Vaya gallinácea por huir del sartén, la tal cisplatina
de las llamadas ponedoras, porque ponen uno aun
incluido en algún desayuno incapaz de pensar mal.
Entre cálamos aglomerados más que animal moral,
tuvo el momento que ver con el silencio desoído en
castellano llamando al habla para decirle “ven ya” a
las palabras que por algo, siguen sin tener nombre.

 

De: “Mañana la mente puede”.

 

MARIO JURSICH

 

 


 

Bien visto

 

Bien visto,
un árbol no es opulento:
unas cuantas ramas
por el azul ardiente,
unos cuantos frutos,
hojas, flores y raíz.
Pero contemplado
más allá de la apariencia,
de la mole verdinegra y exacta
se revela como un mundo:
le mana el silencio,
esa luz que irradia en el hombre,
la sombra,
esa hoz que alumbra en la muerte,
y el canto,
contrapunto de hojas y de viento.
Mas no se agota en esto.
Al margen
de la contemplación simple
que tú y yo podemos brindarle,
más allá de ser
paisaje o arabesco,
signo de horca o fotografía,
el árbol detenta
otros privilegios:
el nombre,
cuya basta riqueza
es tener también reflejo en la vida,
el pájaro -imagen viva
de los pensamientos-
y el hacha,
fuerza superior a todo destino.

 

EUTIQUIO LEAL

  


 

Nocturnanza

 

A lo alto
escalando la mole de tan único cerro tutelar,
un reguero de luces caprichosas.
Fúnebre mar en vela
de luceros felices parpadeando
por sobre la sabana del frío entre la niebla.

A lo bajo
la geografía exacta en filas se organiza.
Se cruzan las hileras de riguroso ejército
de paz, en reconcilio con la vida,
como parada de honorables fastos
y en vilo filigranas acuciosas despiertas.

Titilares alternos de corriente.
Hoy nos devuelven juntos sus amarillos pétalos
de astro visionario
en metales y tonos de diamante encendido
por millares de crímenes y sueños.

A la sangre
de todos nuestros viejos limones interiores
anda un montón sinuoso de horizontes y júbilos.

A lo hondo
dormirse es revivir en la memoria cegatona
toda la luz umbría
que nos ha deslumhrado de simiente lunar.

 

ANTONIO LLANOS

 

 

 

Temblor

 

Manso temblor de arcana lejanía
que intuye la visión de la hermosura.
Firme temblor transido de ternura
por la espada sutil de la alegría.

En el cansado límite del día
Alza el lucero la plegaria pura.
¡Desgarrado temblor de la pavura!
¡Pena mayor la de la pena mía!

Raíz de la candela silenciosa,
Pulso del estrellado firmamento,
Alta razón del pájaro y la rosa.

Agua y sangre vertidas del Costado.
Ya me sostiene sólo el alimento
Del encendido Pan transfigurado.

 

FEDERICO CÓNDOR

 

  

 

Leproso

 

Todos tenemos algo de leproso,
Se nos desgaja la piel de los recuerdos,
Perdemos la cabeza o la flor de las disculpas,
El dolor de la ausencia nos deshoja,
Se nos cae la cara de vergüenza.
Olvidamos, sé que todos olvidamos,
Que nuestra historia se queda trunca,
Que dejamos los sueños y las nostalgias
Pegados a la gasa de los días.
Todos nos vamos desintegrando,
Dejamos en las sábanas o en la ropa ajena
Una caricia, una lágrima,
Un poema, una canción
Las palabras de amor, las mentiras,
Y cuando las bocas se unen
Dejamos la miel del abrazo
Esparcida en el pan de otra lengua.
Todos tenemos algo de leproso,
Pero a nosotros no nos dan monedas
Ni nos destinan a un lugar común para hacernos compañía;
No damos lástima,
Estallamos de alegría
O nos desgarramos de dolor,
Nuestras llagas no son iguales,
Nos las cura el algodón de la luna.