jueves, 5 de noviembre de 2026


 

MARÍA PILAR MARTÍNEZ BARCA

 


 

Despertar  

 

II

 

Cuando nacen los niños,
ingravidez del alba,
calor de cielo.

 

 

De: “Círculos de luz”

VLADIMIR AMAYA

 

 


 

El Ayuwoki me cuenta una historia antes de dormir

Chusco, el perro que cayó del cielo:
de ojos asustados y cola torcida
nunca pensó que el plan era el abandono.
Creyó paseo, viaje al campo, caminata por las ciudades.
Muy pronto descubrió que los perros
no tienen alas ni les es permitido el retorno.

Metió su cabezota en un agujero
para protegerse de la lluvia
y de las burlas de los canarios en las jaulas vecinas.
Ese perro entendió lo que era ser hombre
porque tuvo miedo y se sintió lejos de su cálida costumbre.
Pero, desde una esquina,
oyó a la naturaleza pronunciar su nombre
y vio a lo lejos una perrita color marrón
comiendo sobras en un montículo de basura.
Chusco nunca antes se sintió tan a salvo y feliz
como ese día en que perdió el cielo.
Enamoróse  de aquella schnauzer caída en desgracia hace años,
y la persiguió por plaza y arrabales,
tanto, que olvidó
el cielo y su propia caída.
Y en los ojos de su compañera lanuda
descubrió que a los perros poco o nada
les importa regresar a ese cielo     de donde caen.

 

 

ONO NO KOMACHI¹

 

 

 

El color de las flores
se va desvaneciendo:
así pasa mi vida, vanamente,
envuelta en tristes pensamientos,
viendo caer las largas lluvias.

 

De: “Cien poetas, cien poemas”²

 

1.- Nota: Ono No Komachi poeta de la segunda mitad siglo IX

2.- Nota: “Cien poetas, cien poemas”, es una antología de poesía clásica japonesa (del siglo VII al XII), realizada por  Hyakunin Isshu (Satori).

 

ORLANDO FRESEDO

 

  

 

El credo del periodista

 

En el mar turbulento que es la vida de los pueblos, el periodismo ha sido la tabla de salvación. En ella, como trinchera ante la muerte, se han aferrado las dos manos del derecho cuando naufraga…

El periodista, como hombre y como ciudadano, tiene la obligación de defender, hasta con su existencia, la de sus semejantes cuando estos peligran.

Sólo así, como representante de la idea, podrá dignamente manejar una pluma para enarbolar una conducta. Callar o mentir cuando se maneja una pluma es el más miserable de los oficios.

El credo del periodista, de aquél que ha sentido en carne viva la emoción de representar a su pueblo a cada instante —en su alegría, bajo la duda o frente a la angustia—, es agitar contra viento y marea la propia opinión.

Defensa Nacional, San José, Costa Rica, abril de 1956.

 

 

ALFRED DOUGLAS

 

 

 

El balcón

 

Madre de los recuerdos, reina amante,
todo mi gozo y todo mi deber eres tú.
Las caricias pasadas, las tardes al fuego,
todo vuelve a vivir en tu nombre.

Las noches manchadas de rosa en el balcón,
¡qué dulces, qué buenas fuiste, deseo mío!
Decíamos palabras preciosas como gemas
mientras ardía la tarde junto al hogar.

¡Qué bello es el sol al atardecer!
¡Qué fuerte el alma, qué alto el cielo!
Tu corazón perfumado me colmaba
como una flor embriagada de sí misma.

La noche cayó entre nosotros como un velo,
y en la oscuridad adiviné tus ojos,
bebí tu aliento, dulce y amargo,
tus pequeños pies dormían sobre mí.

Puedo llamar de nuevo a los días deseables
y vivir toda dicha entre tus rodillas,
pues ¿dónde hallar ese hechizo
si no es en tu corazón y en tus Misterios?

¡Oh votos, oh aromas, oh besos infinitos!
¿Surgirán como soles jóvenes del abismo,
lavados en el mar de toda impureza?

 

NICTÉ TOXQUI

 

 


 

TODAS CREEN QUE HOY es el último día del mundo
en la casa: familiares, vecinas
se reúnen en el patio.

Traen cascos de soldador, filtros ambarinos,
más cubetas para no quemarse el ojo. Siempre
están pasando cosas extrañísimas en el mundo, dicen:
   qué grande estás,
qué alta. Y la mitad de ellas rezaban, a punto del desmayo,
ataban hilos rojos
en las niñas y las embarazadas.

Yo los veo desde mi ventana
con mi ojo de constelación
adentro,

ADENTRO,
me aseguro que nadie me vea. Que sólo sea yo
y la penumbra de mi cuarto.
Pongo la pelota azul entre mis piernas
no sólo es mi mente lo que danza,

cuenta regresiva. Gritan mi nombre
desde el patio. Pero en este instante no
y en este instante sí. Soy pura voz alta, en silencio
dejo que las hormigas. Que los grillos y la yerba.
Ningún astro, ninguna constelación me guía.

Veo a las gladiolas, a las nochehuele,
escucho el agua que sube por el árbol.

Y pienso en el espejo de esta mañana.
En lo distinta.

Aprendo cómo abrirme a la intemperie

: SON LOS NERVIOS DE LA LUZ
que destellan debajo de mis párpados.

Mi intuición se afila.

Quiero que me digan no lo hagas
para invocar la tentación de hacerlo

y así
ocurre entonces, 

UN MANTO OSCURECIDO lo cubre todo a medio día.
El miedo me abandona.

Observo directamente al sol en su negrura.
Todo empieza con una paradoja

y yo
estoy por suceder.

  

De: “Sol negro”