El credo del periodista
En
el mar turbulento que es la vida de los pueblos, el periodismo ha sido la tabla
de salvación. En ella, como trinchera ante la muerte, se han aferrado las dos
manos del derecho cuando naufraga…
El
periodista, como hombre y como ciudadano, tiene la obligación de defender,
hasta con su existencia, la de sus semejantes cuando estos peligran.
Sólo
así, como representante de la idea, podrá dignamente manejar una pluma para
enarbolar una conducta. Callar o mentir cuando se maneja una pluma es el más
miserable de los oficios.
El
credo del periodista, de aquél que ha sentido en carne viva la emoción de
representar a su pueblo a cada instante —en su alegría, bajo la duda o frente a
la angustia—, es agitar contra viento y marea la propia opinión.
Defensa
Nacional, San José, Costa Rica, abril de 1956.
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