jueves, 5 de noviembre de 2026

VLADIMIR AMAYA

 

 


 

El Ayuwoki me cuenta una historia antes de dormir

Chusco, el perro que cayó del cielo:
de ojos asustados y cola torcida
nunca pensó que el plan era el abandono.
Creyó paseo, viaje al campo, caminata por las ciudades.
Muy pronto descubrió que los perros
no tienen alas ni les es permitido el retorno.

Metió su cabezota en un agujero
para protegerse de la lluvia
y de las burlas de los canarios en las jaulas vecinas.
Ese perro entendió lo que era ser hombre
porque tuvo miedo y se sintió lejos de su cálida costumbre.
Pero, desde una esquina,
oyó a la naturaleza pronunciar su nombre
y vio a lo lejos una perrita color marrón
comiendo sobras en un montículo de basura.
Chusco nunca antes se sintió tan a salvo y feliz
como ese día en que perdió el cielo.
Enamoróse  de aquella schnauzer caída en desgracia hace años,
y la persiguió por plaza y arrabales,
tanto, que olvidó
el cielo y su propia caída.
Y en los ojos de su compañera lanuda
descubrió que a los perros poco o nada
les importa regresar a ese cielo     de donde caen.

 

 

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