jueves, 5 de noviembre de 2026

NICTÉ TOXQUI

 

 


 

TODAS CREEN QUE HOY es el último día del mundo
en la casa: familiares, vecinas
se reúnen en el patio.

Traen cascos de soldador, filtros ambarinos,
más cubetas para no quemarse el ojo. Siempre
están pasando cosas extrañísimas en el mundo, dicen:
   qué grande estás,
qué alta. Y la mitad de ellas rezaban, a punto del desmayo,
ataban hilos rojos
en las niñas y las embarazadas.

Yo los veo desde mi ventana
con mi ojo de constelación
adentro,

ADENTRO,
me aseguro que nadie me vea. Que sólo sea yo
y la penumbra de mi cuarto.
Pongo la pelota azul entre mis piernas
no sólo es mi mente lo que danza,

cuenta regresiva. Gritan mi nombre
desde el patio. Pero en este instante no
y en este instante sí. Soy pura voz alta, en silencio
dejo que las hormigas. Que los grillos y la yerba.
Ningún astro, ninguna constelación me guía.

Veo a las gladiolas, a las nochehuele,
escucho el agua que sube por el árbol.

Y pienso en el espejo de esta mañana.
En lo distinta.

Aprendo cómo abrirme a la intemperie

: SON LOS NERVIOS DE LA LUZ
que destellan debajo de mis párpados.

Mi intuición se afila.

Quiero que me digan no lo hagas
para invocar la tentación de hacerlo

y así
ocurre entonces, 

UN MANTO OSCURECIDO lo cubre todo a medio día.
El miedo me abandona.

Observo directamente al sol en su negrura.
Todo empieza con una paradoja

y yo
estoy por suceder.

  

De: “Sol negro”

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