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domingo, 28 de junio de 2026

PAULA F. LUPIÁÑEZ

 


 

Hija, no estás hecha para encoger

«No pides mucho a la vida, solo que sea benévola con ella».

Pablo García Casado

 

Hay días que parezco
un hombre sin fisuras
y otros que parezco
mástil sin banderín.
La radio dice «sol»,
me afeito sin latido,
el lomo en su mordida
me recuerda que soy.

Otros días, en cambio,
no encuentro bien el grifo,
se me cae la cuchara,
la vejiga me esquiva,
camino como un tren.

No hago drama. Respiro,
me limpio con cuidado.
Meo dentro de un frasco
lo etiqueto «paciencia».
Ella aún no sospecha
o eso quiero creer.
Limpia bien los cristales,
no sé qué está leyendo,
se ríe con el móvil,
sé que la acecha el amor.
«Ojalá no tropieces donde yo».
Hija, te digo quedo:
Cuidado con los clavos
que prometen ser casa.
Hija, quiero decirte,
esa grieta de azúcar
que escondes tras la mueca,
yo también la he sentido.

Te quiero sin escándalo
y así́ quiero avisarte:
Hay amores, hija,
que envuelven en celofán,
hay quien quiere con moho,
con gramática estrecha.

Escucha, no aceptes
afectos sin barandas.
No te metas en bocas
que no saben la forma
de entender tu manía.
No estás para ceder
el vientre a quien escucha
sólo con la saliva.
Si debes traducir
cada golpe de pecho,
no es amor: es faena.
Si el amor no te nombra,
si no ajusta tu pieza,
si te pule con prisas
no es amor: es taller.
Que no te quieran tibio.
Que no te usen de espejo.
Que no te usen de faro
quienes cierran los ojos
cuando llegas luminosa.
No estás para morder
pan duro de su ombligo
como si fuera cena.
Que no te usen de pecho
para ensayar el lloro
sin quedarse a secarlo,
y si no saben verte
que el mundo les vomite
tu sombra en la garganta.
Hija, no estás hecha para encoger.

  

De: “Pan recién horneado bajo el brazo”

sábado, 27 de junio de 2026

PAULA F. LUPIÁÑEZ

 


 

La hija dice, en la cocina

  

–Papá, estás más callado.
Yo muerdo la tostada,
mermelada de arándano.
Contesto: Qué ocurrencias.
Ella insiste: No es broma.
Él té ya está́ listo.

Qué sabe ella del miedo
que se mete en los huesos
y los vuelve maderita.

Me acerca el sobre de azúcar:
una excusa para los dedos
que se acarician.
Friego los platos,
me siento un momento,
nos quedamos callados.

No sé cómo hablarte, hija,
para que el dolor no te roce. 

 

 

 

De: “Pan recién horneado bajo el brazo”

 

viernes, 26 de junio de 2026

PAULA F. LUPIÁÑEZ

 


 

Cuarto peldaño

  

Hoy el brazo me escupió́ al pasar la cuchilla.
No supe si fue el jabón o la orden mal dada.
Mi cuerpo ya no firma la paz con su proyecto.
Últimamente fallo. Camino sin saber
si yo dije «camina». Hay gestos que se mueren
antes de ser del todo.

El aire no me sigue cuando pelo cebollas.
Las yemas, como párpados, bajan su cortinilla.

Subo la escalera, la duda me sostiene.
Al cuarto peldaño algo me dice «quieto».
No sé si es el tobillo, la médula, o el siglo.

Ayer me miré en la ducha como quien se registra.
La sombra no faltaba, la piel seguía su curso.
La toalla estirada parecía una bandera

como una patria perdida en su derrota.
Desde el salón cantaba su voz algo en inglés.

And if I should falter
Would you open your arms out to me?

Me partió́ por la mitad.
Le pregunté a la estufa si notaba el invierno.
Guardó su protocolo, no dijo, no sabia.
Me da miedo pensar que al mover los dos brazos
no ocurra lo esperado. Hay quien gime su fiebre
como un reclamo para ser oído.
Yo prefiero el sigilo: lavar sin que me vean,
comer sin hacer bulto, que nadie se dé cuenta
de cuando empezó́ el fracaso
a roerme los huecos.

 

De: “Pan recién horneado bajo el brazo”

 

 

jueves, 25 de junio de 2026

PAULA F. LUPIÁÑEZ

 


 

Colección de enfados pequeños

  

Cuando tenía cinco años le sacaba fotos mientras lloraba. No sabía consolarla, pero sabía enfocar. Le decía: Quietita, así́ no sales movida.

Una vez le hice una mientras hacía pis. Me pidió́ papel. Respondí: Espera, que esto es irrepetible. Otra vez se duchaba con calcetines y gritaba que el agua quemaba. Le saqué dos. No era maldad, era amor. A veces las miro, para recordar que existió́ ese tiempo en el que la felicidad se me escapaba entre los dedos. Como la luz del flash: breve, bruta, irrepetible.

  

De: “Pan recién horneado bajo el brazo”

 

 

miércoles, 24 de junio de 2026

PAULA F. LUPIÁÑEZ

 


 

Informe para la frutera

  

Una grieta en la losa de la ducha.
El agua se me escurre
como si yo doliera.
Me dijeron palabras
que no sonaban mal.
Las dijeron despacio,
con la delicadeza
de quien saca un diente
a un niño que no llora.

La palabra era blanda,
por eso se hundía.
El médico tenía
los dedos de mi padre.
Me rozó sin querer
con su humanidad lacia.
Llevaba en la boca
una brizna de escarcha.
Yo también fui amable.
Yo también fui de mármol.

Salí con un papel
que decía mi nombre
y otras cosas sin nombre.
Me ardían las axilas.
Quise llamar a alguien,
pero no supe a quién.
Pensé́: Si lo digo, será́ verdad.
Volví́ por la avenida,
compré pan y tomates.
La frutera me dijo:
¿Qué tal vas con el frío?
y respondí́ que bien,
que aún no me calaba. 

 

 

De: “Pan recién horneado bajo el brazo”