Informe
para la frutera
Una
grieta en la losa de la ducha.
El agua se me escurre
como si yo doliera.
Me dijeron palabras
que no sonaban mal.
Las dijeron despacio,
con la delicadeza
de quien saca un diente
a un niño que no llora.
La
palabra era blanda,
por eso se hundía.
El médico tenía
los dedos de mi padre.
Me rozó sin querer
con su humanidad lacia.
Llevaba en la boca
una brizna de escarcha.
Yo también fui amable.
Yo también fui de mármol.
Salí
con un papel
que decía mi nombre
y otras cosas sin nombre.
Me ardían las axilas.
Quise llamar a alguien,
pero no supe a quién.
Pensé́: Si lo digo, será́ verdad.
Volví́ por la avenida,
compré pan y tomates.
La frutera me dijo:
¿Qué tal vas con el frío?
y respondí́ que bien,
que aún no me calaba.
De:
“Pan recién horneado bajo el brazo”
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