El
rostro del magnificat de Boticelli.
Tu
frente de alumbrarnos nunca cesa,
absorta el alba en tu candor reposa:
nieve y espejo la azucena ilesa
copia tu hechizo y agua melodiosa.
Como
la luz que en el trigal se espesa
granándose en la espiga rumorosa:
como el ala del día y su promesa
mansamente doblándose en la rosa.
Vuelcas
la plenitud de tu rocío
al aire de tu clara primavera.
Gracias por el celeste señorío
de
tu rostro invadiendo la ribera
de nuestra sombra, como el áureo río
de la luz invadiendo la vidriera.
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