Mostrando entradas con la etiqueta YANNIS RITSOS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta YANNIS RITSOS. Mostrar todas las entradas

martes, 27 de junio de 2017

YANNIS RITSOS




Viento



Frente a la ventana, los grandes girasoles.
Sobre el camino sucio, polvo del caballo que pasa.
Ella de pie todavía esperando. Triste.
La luz reflejándose en su cara podría ser
de los girasoles aquellos; De repente
levanta los brazos, atrapa el viento,
se posesiona del sombrero de paja del jinete, lo aprieta
a su pecho,
entra y cierra la ventana.



De: “Testimonios B”

miércoles, 21 de junio de 2017

YANNIS RITSOS




Otro día festivo



Todo era perfecto. Las nubes en el cielo.
El niño en la cuna. La ventana
en el cristal lavado. El árbol en el cuarto.
El delantal sobre la silla.
Las palabras en el poema. Y sólo
una hoja muy brillante permanecía fuera,
y la llave a través de una cadena alada.



De: “Testimonios B”

jueves, 15 de junio de 2017

YANNIS RITSOS




La sospecha



Cerró la puerta. Receloso miró tras de sí
y arrojó la llave en su bolsillo. Fue entonces cuando lo
arrestaron.

Lo torturaron durante meses. Hasta que una tarde
él confesó
(y esto fue tomado como prueba) que la llave y la casa
eran de su propiedad. Pero nadie entendió
por qué trató de esconder la llave. Y así,
a pesar de su exoneración, él siguió siendo un
sospechoso.



De: “Testimonios B”

viernes, 9 de junio de 2017

YANNIS RITSOS




Su hallazgo



Giórgos sentado en el café; bebe una taza; no mira
hacia el mar.

Los granjeros están recogiendo las uvas —sus voces llegan
hasta aquí.

El herrero clava herraduras en los cascos de un caballo
frente
a la tienda de los gitanos.

Pasa una carreta llena de tomates.

Él no sabe qué hacer. El mar, por supuesto, azul pálido
y el sol, como siempre, sol. La herradura
colgada sobre la puerta tiene seis agujeros vacíos.



De: “Testimonios B” 

sábado, 3 de junio de 2017

YANNIS RITSOS





Primavera



Un muro de cristal. Tres muchachas desnudas
sentadas detrás. Un hombre
sube la escalera. Sus plantas desnudas
aparecen rítmicamente una después de la otra,
con tierra roja. Pronto
la silenciosa, casi ciega luminosidad, cubre
todo el jardín y se escucha
el muro de cristal que se rompe verticalmente,
cortado por un diamante grande, secreto, invisible.


De: “Testimonios B”


domingo, 28 de mayo de 2017

YANNIS RITSOS

  


La misma noche



Cuando prendió la luz en su habitación, supo entonces
que era él mismo, en su propio espacio, separado de
la infinidad de la noche y de sus largas sucursales.
Se detuvo
ante el espejo para autoconfirmarse. Pero, ¿y estas
llaves
colgando del cuello en una sucia cuerda?


De: Testimonios B



lunes, 22 de mayo de 2017

YANNIS RITSOS




El sonámbulo y el otro



No había podido dormir en toda la noche. Siguió
los pasos del sonámbulo en la azotea.

Cada paso
resonaba sin fin dentro de su oquedad,
denso y embozado. Se detuvo en la ventana, esperando
para detenerlo por si caía. Pero, ¿si lo arrastraba
también a él?

¿La sombra
de un pájaro sobre la pared? ¿Una estrella?
¿Él? ¿sus manos?

Un golpe se escuchó sobre el empedrado. Amanecer.
Las ventanas se abrieron. Los vecinos corrieron, el
sonámbulo
bajó por la escalera de emergencia
para ver al que se había caído de la ventana


De: Testimonios A



martes, 16 de mayo de 2017

YANNIS RITSOS

  


Casi un conjurador



A la distancia él disminuye la flama de la lámpara de aceite,
mueve las sillas
sin tocarlas. Se agota. Se quita el sombrero y
se abanica con él.

Entonces, con una expresión interior, obtiene tres cartas
de un costado de su oreja. Disuelve una estrella verde, calmada
en su dolor,
en un vaso de agua, agitándola con una cuchara de plata.

Se toma el agua y la cuchara. Se vuelve transparente.

Un pez de oro se ve nadando dentro de su pecho.

Entonces, exhausto, se recuesta en el sofá y cierra los ojos.

"Tengo un pájaro en la cabeza", dice "No puedo sacarlo".

Las sombras de dos grandes alas llenan la habitación.



De:  Testimonios A


miércoles, 10 de mayo de 2017

YANNIS RITSOS




Verano



Caminó por la playa de un extremo a otro, brillante
en la gloria del sol y de su juventud. De vez en cuando se
metía al mar
haciendo brillar su piel —dorada, como la arcilla.
Le seguían murmullos de admiración,
de hombres y mujeres. Unos pasos atrás lo seguía
una joven de la villa, le cargaba sus ropas devotamente,
siempre conservando una distancia —-era incapaz de
levantar sus ojos para mirarlo—
un poco a disgusto
y contenta en su piadosa concentración. Un día se pelearon
y le prohibió que volviera a llevarle sus ropas. Ella
las arrojó a la arena —quedándose únicamente con sus
sandalias;
las puso bajo el brazo y desapareció corriendo,
dejando detrás, en el calor del sol, una pequeña, delicada
nube de sus pies descalzos.



De: Testimonios A 

jueves, 4 de mayo de 2017

YANNIS RITSOS



  
Audible e inaudible



Un movimiento abrupto, inesperado; su mano
apretando la herida para detener la sangre,
aunque no escuchamos un balazo
ni otro proyectil. Después de un rato
bajó la mano y sonrió,
pero de nuevo movió su palma lentamente
hacia el mismo punto; tomó su cartera,
cortésmente le pagó al mesero y salió.

Entonces la pequeña taza de café se estrelló.

Al menos esto sí lo escuchamos claramente.


De: Testimonios A


lunes, 27 de marzo de 2017

YANNIS RITSOS




Grados de sensación



El sol declinó rosa, naranja. El mar,
oscuro, azul verde. A lo lejos un barco,
una mancha negra balanceándose. Alguien
se levantó y grito: "un barco, un barco".

Los otros, en el café, dejaron sus sillas, miraron.
Realmente era un barco. Pero el que había gritado,
sintiéndose culpable bajo las severas miradas de los otros,
declinó la mirada y dijo en voz baja: "les mentí".




martes, 21 de marzo de 2017

YANNIS RITSOS




Memoria



Un olor tibio permanece en las axilas de su abrigo.
El abrigo, sobre el perchero del corredor, es como una cortina
descorrida.
Lo que haya sucedido ahora fue en otro tiempo. La luz
cambió las caras,
todas desconocidas. Y si alguien intentara entrar a la casa,
ese abrigo deshabitado levantaría sus brazos lenta,
amargamente,
para cerrar de nuevo la puerta, en silencio.


miércoles, 15 de marzo de 2017

YANNIS RITSOS




Mediodía



Se desvistieron y saltaron al mar; eran las tres de la tarde;
el agua fría no pudo evitar que se tocaran. La playa
se vislumbraba tan lejos como uno pudiera ver,
muerta, deshabitada, árida. Cerradas las casas lejanas.
El mundo desapareció en destellos. Un carretón
se movía sin ser visto, al final de la calle. En la azotea de la
oficina postal
una bandera colgaba a media asta. ¿Quién había muerto?


jueves, 9 de marzo de 2017

YANNIS RITSOS




Piedras



Los días vienen y van, sin esfuerzo, sin sorpresas.
Las piedras absorben la luz y la memoria.
Alguien hace de una piedra una almohada.

Otro pone una piedra sobre sus ropas antes de zambullirse
para evitar que se las lleve el viento. Otro usa
una piedra como banquillo
o para señalar algo en su tierra, en el cementerio, en un muro,
o en el bosque.

Tarde, después del ocaso, cuando vuelves a casa,
cualquier guijarro de la playa que pones sobre la mesa
se convierte en estatua —una pequeña diosa de la victoria o
perro de Artemisa, y éste, sobre el que un joven se
paró, con
pies húmedos al mediodía, es un Patroclo de pestañas cerradas
y oscuras.


viernes, 3 de marzo de 2017

YANNIS RITSOS





Mañana



Ella abrió los postigos. Colgó las sábanas sobre el alféizar de
la ventana. Descubrió el día.

Un pájaro la miró directamente a los ojos. "Estoy sola",
murmuró.

"Estoy viva." Entró a la habitación. También el espejo es una
ventana. Si salto desde él caería en mis propios brazos.