sábado, 27 de mayo de 2023


 

AITANA ALBERTI

 


 

Soledades

 

1

Soy una soledad que nada tiene de tristeza
quizás sí de nostalgia
de prado que huye
bajo la luz de una mañana
anterior a mis ojos

 

2

Cada tiempo
tiene un minuto solo nuestro
Sesenta segundos de infinito

 

4

…yo también me voy…

Busco dentro de mí el caminito aquel

 

5

Todo pasará como la lluvia
Volaremos a otro puerto
y este quedará solo
iluminando la nada

 

6

No me olvides árbol de mi jardín
llueve tus hojas cada otoño
dormiré en tus raíces
abrazada a la tierra.

 

De: “Amazona en la centella”

 

 

ROSARIO LOPERENA

 

 


 

Sobre la misteriosa aparición de las figuras geométricas

 

La naturaleza de la naturaleza es la copia.
Buscar un igual en uno, pero no idéntico. Replicar.
Dar una respuesta que no podría ser (otra).
Un día el mundo pensó otros mundos,
mundos más pequeños en los que solo habitarían nombres.
Prismas. Polítopos que se aparean en la luz y que se multiplican como rayos.
El mundo se copió exacto en infinitud de sueños.
Se copió —en las piedras, en las conchas, detrás de los párpados,
en cada pliegue del futuro, en las migraciones, en las próximas vidas—
lo que seremos un día debajo del azufre.

Una figura geométrica es un conjunto no vacío cuyos elementos son puntos.
Pequeños mundos no vacíos, llenos de pequeñas nadas.
El iris de los ojos comparte los mismos materiales que una gema partida en dos,
que el cuerpo de un pescado partido en dos,
que el fémur de un elefante partido en dos,
que el veneno de los seres más amados,
que la carne entregada por primera vez,
que el rezo a los dioses en los que yo no creo,
que el momento en que se jaló el gatillo,
que el grito cuando el cuerpo se abandona.

“Todo hombre en es inmortal”
Una figura geométrica es un lugar donde no hay muerte
y hay lagartos que solfean.

También la palabra es una figura geométrica.

 

IRENE SELSER

 

  

 

El Xolo

 

Con los ojos saltones y la lengua exhausta,
el xoloitzcuintle guía a los muertos en su marcha al Mictlán,
el inframundo de nueve pisos.
Los descarnados propiamente hablando avanzan cabizbajos hacia el norte.
No importa si fuiste una persona ética,
acostumbrada a reflexionar acerca de la verdad de tus valores
y a elegir deliberadamente lo correcto.
Sabrás que el destino final no lo dicta la rectitud,
sino la manera en que abandonas lo terreno,
pedazo de hueso molido y sangre de los dioses.
De poco servimos, pues, aun si logramos cruzar el río Chignahuapan,
caudaloso como el Bravo en tiempos de trashumancia.
Después de la corriente vendrán dos montañas y la tercera de obsidiana,
catacumbas y fieras comecorazones,
todo ello para descansar o desaparecer en cuclillas.
Mejor comer setas amargosas y masticar peyotl dotados de un buen amuleto.
El trayecto no es para improvisados
aunque Xolo nos acompañe moviendo la cola, alegre y devoto.

De: “Don de la ausencia”

 

LAURI GARCÍA DUEÑAS

 

  

 

Autorretrato 2021

 

Soy una mujer redonda
de curvas acentuadas.

Hoy
la señora de la tienda me dijo que,
de joven,
seguro tuve un buen cuerpo.

No sé por qué las últimas dos señoras de las tiendas,
de las dos últimas colonias donde he vivido,
en dos países diferentes,
me juzgan con tanto derecho
como si me hubieran dado a luz.

“Todavía tengo buen cuerpo”,
pensé para mí misma.

Señora, si yo le contara
lo que este pedazo de carne, músculos y huesos ha atravesado
se asombraría.

Dos veces fui cortada en siete capas
para sacarme a dos bebés cholotones
y temperamentales,
sobreviví a la tortura psicológica de mi exconsorte
sin terminar en un manicomio
y logré escapar
de donde muchas no lo logran.
Con prodigiosa ayuda,
por supuesto.

Escapé por segunda vez
de otro infierno
con nombre de linaje
y me siento capaz de moverme de todos los lugares
donde mis hijos y yo estemos en peligro
o no seamos bien recibidos.

Usted también ha sufrido, señora,
y ha gozado.

Ninguna de las dos es más que nadie.
Pero debería de cuidar más sus palabras.

No tuve un buen cuerpo,
lo tengo.
Mi cuerpo está vivo,
soporta a diario la angustia de ser persona,
es capaz de no quebrarse de tantas veces que tengo que agacharme para cargar a mis hijos.

Mi cuerpo siente deseo, señora, como el suyo,
a veces hambre,
a veces abulia y,
aunque hoy no es mi cumpleaños,
mi buen cuerpo y yo
tenemos mucho que celebrar.

 

De: “Más allá de la aureola marrón y núbil”

 

ELIZABETH PÉREZ TZINTZÚN

 

 


Preguntas

 

1
Las flores
¿Qué guardan en su miel
que los picaflor
buscan tanto?

 

2
El viento
¿Qué es lo que sopla tan fuerte
cuando por el gran silencio
—que hay en mi corazón— pasa?

 


La versión original del poema está escrita en lengua P’urhepecha

 

 

LOU PARRA

 

  

 

Mancha 1

 

Tras el céfiro,
ventanal abierto
deja caer hoja
pinnatisecta.

Por meses
un tallo delgado
buscó el estro
en pedazo de tierra.

Sangre de drago
brotó de la corteza
con alteración
paradisiaca.

Quiso decirte:
soy forastero
y tu responder:
yo, anacoreta.

Pero antes llegó la mancha
con resina en tu mano,
para sacar la hoja seca
por la estación que empieza.