sábado, 27 de mayo de 2023

IRENE SELSER

 

  

 

El Xolo

 

Con los ojos saltones y la lengua exhausta,
el xoloitzcuintle guía a los muertos en su marcha al Mictlán,
el inframundo de nueve pisos.
Los descarnados propiamente hablando avanzan cabizbajos hacia el norte.
No importa si fuiste una persona ética,
acostumbrada a reflexionar acerca de la verdad de tus valores
y a elegir deliberadamente lo correcto.
Sabrás que el destino final no lo dicta la rectitud,
sino la manera en que abandonas lo terreno,
pedazo de hueso molido y sangre de los dioses.
De poco servimos, pues, aun si logramos cruzar el río Chignahuapan,
caudaloso como el Bravo en tiempos de trashumancia.
Después de la corriente vendrán dos montañas y la tercera de obsidiana,
catacumbas y fieras comecorazones,
todo ello para descansar o desaparecer en cuclillas.
Mejor comer setas amargosas y masticar peyotl dotados de un buen amuleto.
El trayecto no es para improvisados
aunque Xolo nos acompañe moviendo la cola, alegre y devoto.

De: “Don de la ausencia”

 

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