lunes, 26 de agosto de 2019


MARIA MERCEDES CARRANZA





Oda al amor



Una tarde que ya nunca olvidarás
llega a tu casa y se sienta a la mesa.
Poco a poco tendrá un lugar en cada habitación,
en las paredes y los muebles estarán sus huellas,
destenderá tu cama y ahuecará la almohada.
Los libros de la biblioteca, precioso tejido de años,
se acomodarán a su gusto y semejanza,
cambiarán de lugar las fotos
Otros ojos mirarán tus costumbres,
tu ir y venir entre paredes y abrazos
y serán distintos los ruidos cotidianos y los olores.
Cualquier tarde que ya nunca olvidarás
el que desbarató tu casa y habitó tus cosas
saldrá por la puerta sin decir adiós.
Deberás comenzar a hacer de nuevo la casa,
reacomodar los muebles, limpiar las paredes,
cambiar las cerraduras, romper los retratos,
barrerlo todo y seguir viviendo.


CONRADO NALÉ ROXLO





Lo imprevisto



Señor nunca me des lo que te pida.
Me encanta lo imprevisto, lo que baja
de tus rubias estrellas; que la vlda
me presente de golpe la baraja

contra que he de jugar. Quiero el asombro
de ir silencioso por mi calle oscura,
sentir que me golpean en el hombro,
volverme, y ver la faz de la aventura.

Quiero ignorar en dónde y de qué modo
encontraré la muerte. Sorprendida,
sepa el alma a la vuelta de un recodo,
que un paso atrás se le quedó la vida.




JOSÉ HOMERO








Toda la noche ha caído la lluvia
la noche entera ha sido la lluvia
la noche afuera se pierde en la lluvia

la lluvia toca con sus dedos tus labios
la lluvia con su terintín de niña
en el piano verde de la noche urbana
la lluvia caracola que ha perdido el oído


la lluvia la lluvia su
                                          lavar de sílabas
abismal monólogo de niño perdido
extravío de luces     amnesia de horas
lluvia en las láminas y entre los terrados
lluvia chaquiste compota libélula
lluvia con olor a espliego a sapo a piedra
lluvia de los pies alados mensajera ebria
cantilena siena solterona sepia
que vuela que gira que enreda
su cordel de mimbre en cabellos de ámbar
lluvia de la cintura quebrada cadera de espuma
           ola que baila al pespuntear del peine
que trenza se piensa se tensa
se va de puntitas
                                          se desploma exangüe


lluvia miríada mirada mirada reflejo del mundo
origen del día por el día sus venas
por la sangre el fuego por su tez la lava
se lavan las costras las costas
las cuestas laderas las eras del año
se cosechan brezos se levantan besos
que llevan a cuestas las horas del baile

e ilan sus cuentas en hebras de aire



JORGE EDUARDO EIELSON





Ceremonia solitaria en compañía de tu cuerpo



Penetro tu cuerpo tu cuerpo
De carne penetro me hundo
Entre tu lengua y tu mirada pura
Primero con mis ojos
Con mi corazón con mis labios
Luego con mi soledad
Con mis huesos con mi glande
Entro y salgo de tu cuerpo
Como si fuera un espejo
Atravieso pelos y quejidos
No sé cuál es tu piel y cuál la mía
Cuál mi esqueleto y cuál el tuyo
Tu sangre brilla en mis arterias
Semejante a un lucero
Mis brazos y tus brazos son los brazos
De una estrella que se multiplica
Y que nos llena de ternura
Somos un animal que se enamora
Mitad ceniza mitad latido
Un puñado de tierra que respira
De incandescentes materias
Que jadean y que gozan
Y que jamás reposan


De: "Ceremonia solitaria" 


JESÚS DAVID CURBELO





Testamento



Yo
también
puedo testar
ahora:
les doy
todo
el silencio.




SERGIO BRICEÑO





Contraposición



No los puedes matar
con simple raticida.

Sólo dales auténtica Poesía.


VÍCTOR MANUEL MENDIOLA




  
La palmera



El verde a contraluz y en escalera,
espiral que revienta, viento duro,
me hace pensar en el color más puro
que se puede pensar de la palmera.

Pureza y brisa, si se considera
su diseño veloz en claroscuro
y su leve pendiente hacia el futuro
que puede comprender casi cualquiera.