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lunes, 27 de septiembre de 2021

ESTELA FIGUEROA

 

 


 

Principios de febrero

 



No.

El hermoso verano

no ha terminado aún.

Nos queda un mes para estarse en los patios

y descalzarnos

mientras charlamos

de esto y aquello

sin ton ni son.

Todavía habrá hombres de brazos tostados

en las calles

de la ciudad envuelta por la noche

brotada toda

como un lazo de amor.

 

No.

No me sostengas que no voy a caerme.

Sólo se caen las estrellas fugaces

y yo —te dije—

quiero permanecer.

 

Un hombre es bueno para una noche.

Cuando amanece es un reflejo dorado

sobre la cama donde se toma café.

Y es agradable el olor que deja.

Dura todo un día.

Pero no toda la vida.

 

Luego hay que descansar.

El libro de Kavafis y el de Pavese

sobre la mesa de luz.

Hay que aminorar la marcha.

Sentarse un rato a solas

en el sillón del patio.

Mujeres: tendríamos

que aprender de los gatos.

¡Cómo agradecen el tazón

que rebosa de leche!

 

Falta para el otoño.

Que nos encuentre intactas.

Sin habernos negado

a estas pasiones

que cada tanto

asaltan.

 

 

 

miércoles, 1 de septiembre de 2021

ESTELA FIGUEROA

 

 

 

 

Extremecido de luz

el aire que llenaba

los espacios abiertos

me tocaba

y todo –el recuerdo

de mi casa vacía

y lo allí veía-

me llevaba al poema

los arboles tranquilos

las calles húmedas

el agua fresca de rio.

El poema era eso:

vacío del hogar

quietud de árbol

hospitalidad de la calle.

 

 

 

domingo, 15 de agosto de 2021

ESTELA FIGUEROA

 

  

 

Mi mamá me grita

 

 

Mamá me llama

para la cena.

Es tan pesada

que me da pena.

 

Papá me grita

que ya cenó

y que mi guiso

en el plato enfrió.

 

Mamá me grita

que yo no puedo

pasar el día

ante el espejo.

 

Papá me grita

que esto no es bueno

que hasta lo canso

al pobre espejo.

 

Mi hermana es bruja

— de tanto mirarte

un día allí

no vas a encontrarte.

 

 

De: “Poemas Níspero”

jueves, 21 de febrero de 2013

ESTELA FIGUEROA






El nunca



Nunca tuve un amado
que hiciera un largo viaje por los campos para verme.
Nunca le saqué las botas a un hombre cansado.
Nunca tuve un amado.
Nunca viví en el campo.
Pero hice de mi casa un lugar
donde brindo tierna hospitalidad a las plantas y los
animales.
Nunca supe qué me quieren decir los ojos de un
hombre
cuando me dice que me quiere.
Pero conozco muy bien la mirada de mi perro.