Lengua solitaria
Yo
no sé con qué lengua hablarte, Poesía;
no sé si con el árido arameo con que Cristo
en sus días de carnicero
socavó conciencias y labios;
o con el feroz lenguaje de los fenicios
que en las noches sin brújula
almacena y corrompe.
Yo
no sé con qué voz musitarte, Poesía;
no sé si gastar
la lengua del alegre vulgo
áspera y fluida
o la lengua de Dios
sin norte y sin freno
que lastima o denuncia.
Dime,
Poesía,
con qué palabras solitarias
quieres que finja mi canto,
con qué lengua quieres que mienta y arrulle.
De: “Sala de espera”
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