"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
viernes, 8 de diciembre de 2023
MANUEL IRIS
Su
origen no lo sé, pues no le tiene,
mas sé que todo origen de ella viene,
aunque es de noche.
San Juan de la Cruz, “Cantar del alma
que se huelga de conocer a Dios por fe”
Letanía
Por
tu voluntad de ser percibido
y no mostrar tu rostro
alabado seas
por
tu luz sin luz
y tu palabra sin lenguaje
revelado seas
por
el milagro de la piel
deseando el infinito
imaginado seas
por
la sabia juventud
la inocente vejez
la impredecible muerte
respetado seas
porque
la miel te dice
y la sal no te desmiente
concebido seas
porque
la música
es tu voz y tu silencio
recibido seas
porque
tu ritmo
es ritmo de los cuerpos
presentido seas
porque
te has repetido
porque nos das tu rastro
porque te manifiestas en todo lo que existe
laguna sorprendida, habitación del polvo,
alucinado pan que habló con los internos
de una celda olvidada
paloma de esperanza, razón de los incendios
tu propio testimonio
también
seas.
De: “Devocionario”
RODRIGO FLORES SÁNCHEZ
Hélice
Nació
el mismo día
Que José Watanabe
Quien escribió
El
miedo circulará siempre
En mi cuerpo
Como otra sangre
Cada
vez que salía al escenario
Un manantial rojo le
Brotaba de la nariz pero
A
diferencia
Del peruano lacónico
Ella era un torbellino
Así
la juzgo por un par de videos
Pero no la conozco Me disculpo
Admito que no sé casi nada
Elis
Regina
Llegó un año después
De Diana Ross
Mil
novecientos cuarenta y cinco
Fue el año del Gallo
Y de la bomba nuclear
Pimientinha
Le decía Vinicius y otros
La llamaban Furacão
Pero
su sobrenombre más conocido
Fue Hélice
Su vocación era rotar
Brazos
como molinos
Y vida centrípeta
Tras el vértigo de los reflectores
Y
así dando espirales
Fue expelida desde una vecindad en Porto Alegre
A la noche bulliciosa de Copacabana
Al
principio
La bizca gaucha
Cantó un poco de todo y un tantito de nada
Hasta
que la televisión
La regurgitó
En ícono de la Música Popular Brasileña
Medía
metro y medio
Su voz potente y grave
Provocaba conmociones
En
Atras da porta
Elis llora con desconsuelo
Y la audiencia aplaude con fervor
A
Billie Holiday
Le ocurrió lo mismo y a Edith Piaf y a Lucha Reyes
La épica del dolor favorece la iconografía
“Dediqué
mi vida a cantar
Y no hay hombre ni padre ni madre ni hijo
Que me saque de eso”, declaró
Con
Tom Jobim
Farfulla con regocijo
Gruñe ríe y bala
Y
en una conversación triste
Se burla del entrevistador
Y estalla en carcajadas
Tras
el golpe militar
Tuvo la osadía
De proclamar
Que
Brasil
Era gobernado
Por gorilas
Imágenes
de júbilo y aflicción
La ciclotimia
Provoca altibajos depresivos leves y moderados
Tres
hijos
Dos matrimonios
Y una muerte no aclarada
Por
favor
Pensemos en la desventura de Elis
Quien tenía un futuro provisorio
Pero
yo no quería hablar de Hélice Quiero
Hablar de ciertas imágenes familiares
Ahora camino de puntitas
Ella
murió en el ochenta y dos
Mi abuelo se fue un año después
Tal vez cantó “Soneto de la separación”
De: “Ventana cerrada”
VIOLETA OROZCO
Así las cosas
A
los cinco años
pensaba que tenía que decir tanto
hice promesas a mi yo futuro,
le dije que aún no era tiempo
de madurar juicios sin fruto
creer en miradas sin árbol.
Y sin embargo
aquello era más cierto
más nítido y exacto.
Ahora, de vieja,
siento que no tengo nada
para dar o saber.
Acaso fui sabia a los cinco años
y lentamente
he desaprendido mi rabia
SEBASTIÁN URLI
Musgo
una
piedra
es difícil de imitar
Mario Montalbetti
Hay que escribir primero
un poema sobre los hongos: “el sol,
es sabido, no tiene sombra”
Por
eso en noviembre del 59
Plath escribió un poema
con pausas y piedras
indefinidas. Un poema
un árbol partido al medio algo
menos sutil que una piedra
o su pausa: “el sol, es sabido,
no tiene sombra”
y una piedra
es difícil de imitar.
Pero
volvamos al hongo
a la cadencia traicionada:
“¡Somos
muchos!
“Somos muchos los hongos
para sobrevivir” En realidad
Plath
nunca dice así en su poema
pero me gusta pensar que sugiere
realidades como estas:
“cada
hongo posee una raíz
una textura diferente, formas
que no se parecen a nada
ni a nadie. Lo mismo podría decirse
de cada cosa: de las raíces
de las plantas, de las estrías
de los ojos, o los versos
que empiezan siempre en genitivos:
ojos rima con hongos
y Sylvia no rima con Plath
ni planta. Pero una piedra
es difícil de imitar
y el sol, es sabido,
no tiene sombra.
¿Puede
un poema vivir en el centro
de un árbol partido al medio?”
Ted
se acerca sigiloso, Ted interrumpe
y Sylvia que sonríe distraída.
Es
evidente: en cada mano
descubre un hongo
la textura milenaria de una piedra.
Es
evidente, sí, pero es sabido
no tiene sombra el sol.
ANA PORTNOY BRIMMER
Agujetas
Mi padre coloca su pie sobre mi espinilla. Ha
aceptado el hecho que ya no se puede amarrar los zapatos. A meses de cumplir
cincuenta, amenaza con cambiar a velcro, su panza una cúpula a la edificación
de su cuerpo, encubriendo la vastedad
de los años. Halo las agujetas, las llevo por encima y por debajo, a la vuelta
de la esquina, el tipo de maniobra a la cual su espalda se ha
endurecido, convertido en tronco de árbol a lo
largo de una silla, una pared
de yeso. Evadiendo mis ojos, la tierna pendiente de su barriga haciéndose
montaña, pienso en cuánto dobla una espalda cuando se ve obligada. Cómo echa
ramas por los golpes aguantados hace países atrás. Doblando para recoger las
maletas e irse de México. Para recoger las maletas e irse de los Estados
Unidos. Recoger nuevamente e irse de Puerto Rico,
doblegándose más aún en la
súplica para
regresar. Plegándose por una madre alejada, un padre
moribundo, un linaje con agujeros de polilla revoloteando a sus pies. Por un gobierno
en quiebra, puntajes de crédito y la ciudadanía. Para tomarme al hombro cuando
necesitaba consuelo. Allí veo, en su esfuerzo por alcanzar las agujetas, en el
remolino de su boca, todo
lo que su doblar ha desafiado. Él baja su pie, coloca el otro en posición para
esta contienda. Ato su zapato dulcemente, hago un doble nudo a los cordones,
para que no se deshagan y tenga que volver a agacharse.
