viernes, 8 de diciembre de 2023

ANA PORTNOY BRIMMER

 

 

 

Agujetas

 

Mi padre coloca su pie sobre mi espinilla. Ha aceptado el hecho que ya no se puede amarrar los zapatos. A meses de cumplir cincuenta, amenaza con cambiar a velcro, su panza una cúpula a la edificación de su cuerpo, encubriendo la vastedad        de los años. Halo las agujetas, las llevo por encima y por debajo, a la vuelta de la esquina, el tipo de maniobra   a la cual su espalda se ha endurecido, convertido en tronco de árbol a lo largo       de una silla, una pared            de yeso. Evadiendo mis ojos,  la tierna pendiente de su barriga haciéndose montaña, pienso en cuánto dobla una espalda cuando se ve obligada. Cómo echa ramas por los golpes aguantados hace países atrás. Doblando para recoger las maletas e irse de México. Para recoger las maletas e irse de los Estados Unidos. Recoger nuevamente e irse    de Puerto Rico, doblegándose más aún en la súplica           para regresar. Plegándose     por una madre alejada, un padre moribundo, un linaje con agujeros de polilla revoloteando a sus pies. Por un gobierno en quiebra, puntajes de crédito y la ciudadanía. Para tomarme al hombro cuando necesitaba consuelo. Allí veo, en su esfuerzo por alcanzar las agujetas, en el remolino          de su boca, todo lo que su doblar ha desafiado. Él baja su pie, coloca el otro en posición para esta contienda. Ato su zapato dulcemente, hago un doble nudo a los cordones, para que no se deshagan y tenga que volver a agacharse.

 

 

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