jueves, 10 de septiembre de 2026


 

MOSAB ABU TOHA

 

  


 

Mis sueños de niño

 

Todavía sueño
con una habitación llena de juguetes
que mi madre prometió
tendríamos
si fuésemos ricos.
Todavía sueño
con observar el campo de refugiados
desde la ventanilla del avión.
Todavía sueño
con ver animales
sobre los que aprendí en primaria:
elefante, jirafa, canguro
y lobo.
Todavía sueño
con correr por kilómetros
y kilómetros sin fronteras
bloqueando mis pies,
sin bombas no detonadas
asustándome.
Todavía sueño
con mi equipo favorito
jugando futbol en la playa,
esperando al balón
cruzar mi camino
para escaparme con él.
Aún tengo sueños
con mi abuelo, cuánto deseo
recoger naranjas
con él en Yafa.
Pero mi abuelo ha muerto,
Yafa está ocupada, y las naranjas
ya no crecen más
en sus lacrimosos huertos.

 

 

Versión de Diego Gómez Pickering

De: “Forest of Noise”

 

EDUARDO MILÁN

 


 

UNA PALABRA QUE ESTÁ guardada viva
guirnalda viva
colgando una vez de otra guirnalda
afuera, al aire libre

una palabra ahora tesoro
oculta, tesaurizada
recelada, celada por deseo
un niño que está aprendiendo a hablar
“papá, ¿me das un vaso de aura?”
un aura indiferente al mediodía que se encandila
a sí mismo, sol ensimismado
o al ocaso en el oasis fuera del rayo
sol dos veces sin ser doble, sol sin máscara
vi una palapa a pocos pasos de la tumba de Pakal II
en Palenque, ya lo dije, con Haroldo de Campos
vi, en latín, escrita la paraula
con otra característica: fuente
esa manía de insistir que siempre hay agua
cuando lo que no hay es siempre
esta no, una verdadera palaura —palabra más aura
sin piedra que rodea, sin arca que salva
guardada en un lugar bajo la arena del Sahara

 

De: “Reversura”

 

 

YELITZA RUIZ

 

 

 

HUÉRFANA LE SOY AL PEZ, a esa mitad que sólo aparece en la saladura de las piernas. Descalzas desollamos la arena, la canícula nos borda la pericia para nadar en el ojo de la ola, el calor se calma con el golpeteo de las peñas. Amanecimos jaibas al borde del peñasco, los cueros cuelgan en esta fe hacia la sal cuando se sofríe el aceite sobre los ajos.

 

CARLOS MACÍAS ESPARZA

 

  

 

Llegar al trabajo


Mirar al patrón, escuchar la radio y los números,
ese nombre que jamás quiso escuchar tras las bocinas
y que entraba a los oídos como una bala
destrozando todo a su paso.
Entonces limpiar, alejarse de todo, hacer el día cotidiano,
no hacerse daño,
aunque el sonido de las ambulancias
le desengrasara el alma.

¿Recuerdas? se preguntó él mismo.
Sí, se dijo de tajo,
como preguntándose para que servía la memoria
¿para qué puta madre?

El recuerdo para él
era una bala que destrozaba su cerebro
que entraba y volvía a salir.
Como un golpe en los riñones
y seguía parado con tanta disposición a la muerte.

 

De: “La versión de los espejos”

 

JOSÉ PULIDO


  


Todavía vivir

 

Mientras estábamos de viaje
unas golondrinas pusieron su nido
en el alero del porche de casa
y han nacido cuatro pajaritos
que no paran de reclamar comida.

Cuando hace buen tiempo
me tumbo a leer poesía
bajo este nido
hasta que me quedo dormido.

Ayer una de las golondrinas vino veloz al nido
y como tantas otras veces
soltó la presa en la boca de una cría
pero en esta ocasión se le escapó
y una mosca grande y negra
cayó sobre las hojas blancas
de mi libro de poemas chinos.

La mosca zumbó sorprendida
se frotó las alas
y enseguida salió volando.
Qué suerte la suya: todavía vivir,
vivir todavía un día.



VITTORIO SERENI

 


 

Renacen la valentía
y la gracia.
No importa de qué manera — un partido
de fútbol entre prisioneros:
          en especial en ese
de abajo que juega en el ala.
Oh tú, tan ligera y veloz sobre los prados
sombra que se expande
en el atardecer tenaz.
Se tuerce, llama larga al terminar
un día sin color. Y mientras se esfuma
quimérica ya tu carrera
crece en mí
amargo en la estela.

Sainte-Barbe du Thélat, mayo de 1944.

 

Versión de Diego Bentivegna