Todavía vivir
Mientras
estábamos de viaje
unas golondrinas pusieron su nido
en el alero del porche de casa
y han nacido cuatro pajaritos
que no paran de reclamar comida.
Cuando
hace buen tiempo
me tumbo a leer poesía
bajo este nido
hasta que me quedo dormido.
Ayer
una de las golondrinas vino veloz al nido
y como tantas otras veces
soltó la presa en la boca de una cría
pero en esta ocasión se le escapó
y una mosca grande y negra
cayó sobre las hojas blancas
de mi libro de poemas chinos.
La
mosca zumbó sorprendida
se frotó las alas
y enseguida salió volando.
Qué suerte la suya: todavía vivir,
vivir todavía un día.
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