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domingo, 27 de marzo de 2022

RODOLFO USIGLI

 

  

5

  

Niña toda de agua

toma la forma de mis manos

y se me escurre por entre los dedos

y la canción blanquea en ella

como espuma.

 

De: “Cancioncillas”

 

sábado, 26 de marzo de 2022

RODOLFO USIGLI

 

  

6

  

Hoy salí a vender silencio—

Silencio por la ciudad.

Vendía el silencio a gritos.

Nadie me quiso comprar.

 

De. “Cancioncillas”

viernes, 25 de marzo de 2022

RODOLFO USIGLI

 

  

7

 

El solitario se mira

a sí solo, sin pausa alguna.

Así solo lo vi viéndose

en un espejo sin luna.

 

De: “Cancioncillas”

 

jueves, 24 de marzo de 2022

RODOLFO USIGLI

 

 

3

 

Y el fuego es un baile a solas

que nunca encuentra pareja—

no le duran las que toma

por eso siempre las deja.

 

 

miércoles, 23 de marzo de 2022

RODOLFO USIGLI

 

  

2

 

Un canto de soledad

que dialoga con la piedra

es lo que el agua me da.

 

 

De: “Cancioncillas”

 

martes, 25 de enero de 2022

RODOLFO USIGLI

 

  

Conversación con un retrato

 

 

En el diámetro variable de los meses
los días son los mismos silencios
las noches son los mismos ojos
los mismos ojos que te miran
contenida en el ataúd transparente de tu imagen de joven.
Ahora no puedes ya decirme:
—Estás enamorado de un retrato
al que dejé de parecerme
viviendo.
Estás enamorado de un retrato
y no fue ése nuestro trato.
Recuerdo las comidas, ilusiones cortas en los trenes largos
y los cuartos de hotel con camas siempre,
para tu retrato y para mí, gemelas y nupciales.
¿Para qué fui al Sur musical
donde los negros son los negativos olvidados de los blancos
si no había de encontrarte allí?
Si no había de encontrarte
sino en la torturante presencia de tu ausencia,
sino como se encuentra el Norte —tu Maine— al otro extremo.
Ahora que las últimas tardes de aire luminoso
atestiguan en New Haven,
la muerte perfumada de las wisterias y las lilas,
la momificación de las camelias,
ahora que tú misma no eres ya
más que tu nombre y tu retrato
tiempo en el tiempo
ahora que tú misma eres menos real
que los fantasmas que caen del hombre en el otoño de oro
menos real que yo muerto en tu vientre
menos real que yo que mis palabras
tus ojos me siguen a izquierda y a derecha desde tu retrato.
¿Y qué dirás cuando los entreabras
y adviertas que has dejado prendida la memoria
como una lámpara?
¿Y qué dirás de la fidelidad de tu retrato
en mi vida sin norma?
Futilidad de las palabras
futilidad del silencio
pureza del objeto.
Este retrato tuyo que me mira
y que quisiera devolverme a la vida,
hablarme.
Esta tortura fiel, puntual de tu mirada
que lo penetra todo y que no mira nada.
La angustia infantil apretada
en tu garganta de niña enfermiza
y la luz sobre tus cabellos.
Siento que me devoras y que me amas
ahora que no eres ya sino tu retrato
y el silencio sombra de mis palabras.

Si quiero por las estrellas
saber, tiempo, dónde estás,
miro que con ellas vas
pero no vuelves con ellas.
¿Adónde imprimes tus huellas
que con tu curso no doy?
Mas ¡ay! que engañado estoy,
que giras, corres y ruedas:
tú eres tiempo, el que te quedas,
y yo soy el que me voy.

Sangre, corres por mis venas,
y piel, en la mía pones
misteriosas sensaciones,
y voz, en mi voz resuenas.
El hueco de que me llenas,
el vértigo a que me lanzas,
los miedos, las esperanzas
en que eres yo sin ser mía,
con la angustia y la alegría
en que yo muero y tú danzas.

¿Cómo eslabonas, vida, con la muerte?
¿Cómo decides el final destino
del que siguió tu acerbo desatino,
del niño que te cortejó sin suerte?

¿Qué le das cuando todo ya le advierte
que ha llegado a un crucero del camino,
que no puede ir atrás, que ningún vino
le valdrá la ganancia de perderte?

Vida, muerte, ¿qué importa? Las gemelas
se incrustan en la carne igual que puntas
lanzadas por un arco, paralelas.

Si vives lo que mueres, ¿qué te apuntas?
Si mueres lo que vives, ¿por qué celas?
Marchan ciegas las dos, sordas y juntas.

 

 

miércoles, 19 de enero de 2022

RODOLFO USIGLI

 

  

Pausa

 


Ahora conozco el mecanismo de ser hombre

y sé como pararlo…

Conozco todo el movimiento

o lo que así llaman los hombres—

Pero no hay movimiento.

Aquí nada se mueve: ni el tiempo ni los cuerpos—

Aquí todas las formas se mantienen inmóviles.

En esta roca muerta el viento mismo

en un truco que parece moverse

porque se ha transfigurado

en una larga vaga y transparente estatua de sí mismo.

Aquí todo está inmóvil

entre siglos de piedra y amores vegetantes

y sexos de mentidos motores.

Y el hombre cree moverse y removerse

clavado en una tierra que ha perdido

todo recuerdo ya de movimiento

todo espectro de ritmo—

El mundo es una pausa miserable, angustiada—

Cada día digo menos

cada día hago menos

cada día espero menos.

El mundo es una pausa miserable

y sin embargo se mueve angustiada

E pur si muove

Una Pausa…

 

 

 

jueves, 13 de enero de 2022

RODOLFO USIGLI

 


Canción de la Bugambilia


 

Del corazón sobre el muro tu planta mortal se enreda. es mi sangre y de tu seda

es tu flor — cáliz que apuro.

 

Planta de la bugambilia que me cubres y me matas:

¿por qué con lianas me atas si al fin tu amor no me auxilia?

 

¿Para qué quieres crecer sobre mi amor que te espera, si solamente por fuera

de él has de florecer?

 

Hoy, insensible al amor, sólo buscas ser amada

y en todos dejas grabada la herida de tu color.

 

En un corazón amado un día querrás entrar para en él tus flores dar,

mas lo encontrarás cerrado.

 

Lo oprimirás en tus ramas para hallar tu salvación,

y en tu desesperación

has de matar lo que amas.

 

Nada más me reconcilia tu belleza con mi suerte:

eres mi adorno y mi muerte,

planta de la bugambilia.

 

 

viernes, 7 de enero de 2022

RODOLFO USIGLI

 


 

La niña de los cabellos blancos

A María Asúnsolo

 

Su olorosa actitud de gato

En momentos desaparece:

Se hace pequeña y enmudece

Y se diluye en su retrato.

 

Las niñas bonitas que atan

con moños blancos sus cabellos

juegan a las canas con ellos

y los pintores la retratan.

 

Así se vuelven tiempo y arte,

y algunas tardes del verano

se charla con ellas en vano:

son su imagen y están aparte.

 

Así, huyendo a menudo el trato

humano, el amor, el presente,

María vuela de repente

Y se refugia en su retrato.

 

Sale de él por las mañanas

Para negocios de importancia,

Mas siempre prolonga su infancia

Atándose un listón de canas.

 

Sobre la palma de mi mano

Caben su vida y su destino:

Es la niña y es el felino

Y llora un hijo, astro lejano.

 

Cuando en la mujer se transforma

su cuerpo es lánguido e inquieto;

quizá la aman en secreto

los muebles que guardan su forma.

 

Y cuando la nostalgia sube

A sus ojos como marea,

Es Venus, quizá Galatea

Coronada por una nube.

 

Son su misterio y su dilema

Esta felina languidez

Y el retrato de su niñez,

Y no existe perla o diadema

 

ni brillantes que más la alhajen

ni le den más finos destellos

que el blanco hoy de sus cabellos,

pintado listón de su imagen.

 

Su cuerpo de línea etrusca

es elástico y ondulante,

tiene la gracia electrizante

y sabe lo que el hombre busca.

 

En esta postura indolente,

cuando el deseo la circuye,

su vida no saciada afluye

y quema paulatinamente.

 

Mezcla el álcali con la miel

y reanima a los paralíticos,

pero tiene amigos políticos

y lee a Marañón y Amiel.

 

María quisiera cambiar

el destino que la limita:

ser Valentina o Adelita

y viajar en tren militar.

 

Pero aunque cautiva el olfato

y aunque su cabeza fascina

por voluptuosa y florentina,

yo la prefiero en su retrato,

 

cuando guarda silencio y vuela

del mundo en que acecha y razona

y a la ternura se abandona

y ya no calcula o recela;

 

cuando desdeña al fin los blancos

masculinos, el interés,

la política, y sólo es

la Niña de Cabellos Blancos.

 

 

sábado, 1 de enero de 2022

RODOLFO USIGLI

 

 

Testamento

 

 

En la agónica gota de un reloj cuya máquina
he descubierto en vano, voy captando la huella
del tiempo en esta trampa de lodo y de ceniza
que soy. Yo mismo ahora ya no recogería
los restos de mí mismo que han dejado el silencio
la espera, las mujeres y la angélica
curiosidad de mí mismo hasta el crimen mismo.
No me atrevo a poner ya las manos sobre mí
ni aún en la sombra por lo que el tacto me revelaría
de llagado y de oscuro en mi materia.
No me atrevo en la noche a preguntarme nada
por no hallar en mi oído la respuesta del eco,
de la repetición de otro reloj.
Y no resistiría verme al espejo por miedo
a mi piedad estéril y terrible
que caería sobre mí mismo.
Sólo las huellas de estas gotas del tiempo en mi ceniza,
la mecánica sangre sistemática,
mis vellos que se erizan en esta tormenta
de la soledad desencadenada como una seca lluvia.
Sólo la indiferencia
de un Dios que no me castiga todavía
y que me envuelve en una ahumada pausa
de niebla. Sólo el desprecio de olvidarme
como un objeto desarticulado
en una amarga música
en un silencioso vino
en una luz opaca.
No me quedaba ya más que un silencio
en que tenderme, en que soñar. Y ya lo he roto.
Y las palabras, todas las palabras
con que lo perforé de extremo a extremo
han partido de mí y no podría repetirlas siquiera
aún huecas, aún metálicas, aún muertas.
Y no me queda ya del tiempo
más que esta gota agónica y eterna
que cae sobre mí de todos los relojes,
que parecen maquinarias de cera.
Y perdido el silencio, y la palabra,
hago este testamento
para dejar al viento lo que queda de mí,
testigo mudo y lejano de mí mismo,
sombra de soledad, sombra de espera.

 

 

viernes, 26 de julio de 2013

RODOLFO USIGLI




Sola edad

  

Soledad - sola edad que alcanza el hombre,
sola culminación de su destíno;
estar solo en casa y en el camino,
en la conciencia y el disfraz del nombre.

¡Qué solitaria Profesión ser hombre!
Solo en en el triunfo y en el desatino,
sólidamente solo hasta en el trino
con que responde aunque nadie lo nombre.

Soledad del monarca y del payaso,
del pensador que solo en el ocaso
empieza a comprender la amarga broma.

Y a pensar que nacer no tiene objetivo,
menos aún, vivir, y saber que el secreto
es saber estar solo - sin diploma.





jueves, 25 de julio de 2013

RODOLFO USIGLI





Poema de los treinta años



Palabras
para cubrir mis palabras.
Palabras. Dadme palabras de oro y de cristal y de roca y de tiempo
para cubrir mis palabras muertas, silenciosas desde hace un año.
Flores para mi juventud, palabras rosas para hacerle una corona,
Rosas cortadas en el jardín del silencio.

Hoy cumplí treinta años pero nadie lo sabe en esta ciudad.
Sólo yo y mi sangre. Ni la lluvia ni el silbo del cierzo
que se columpia pesadamente en los cables desde esta mañana.
en este suelo sin sabor de tierra,
asfalto mojado
sin olor y sin vida.
Ni las mujeres que recuerdo –ni las mujeres a quienes no he
olvidado
todavía;
Ni xv, que juega conmigo al amargo juego de la ausencia.
Nadie lo sabe y hoy cumplí treinta años.

Era yo más viejo a los veinte,
cuando llevaba en los hombros las vidas ajenas de mis lecturas
y creía vivirlas
y era la boca de ganso de los novelistas y de los poetas
y era una pequeña luz en el fondo de la claridad suya
que me atribuía y que me pesaba.
¡Era yo tan viejo a los veinte años!
Impersonador gratuito,
al entrar en el consultorio de un médico
parecía yo mejor el médico que el enfermo,
y en las oficinas en que recibía órdenes
con una frente de príncipe de comedia,
mejor el jefe que el empleado
y en mi oración más secreta
mejor el dios que el prosternado suplicante.
Pero era lo divino de la oración más bien que sacrilegio.
Extraño y pueril y oscuro y doloroso todo.

Hoy cumplí treinta años
y no he cambiado aún de curso
y no me he crucificado siquiera en la poesía
para siempre.
Treinta años esperando el conocimiento
y sólo he aprendido a conocer las formas de las nubes
en el cielo de México.
Y estoy solo y a oscuras en mí mismo.
La claridad se ha hecho más grande afuera
pero no encuentro ya esa pequeña luz que era yo.

Vino de la soledad, vino del que no puedo ver vacío mi vaso,
vino que extrae de no sé dónde, en garrafas transparentes hasta
ser invisibles,
una mano sin cuerpo y sin cara,
que me sirve cada minuto más.
Y sobre mí, a lo lejos, arriba, luces
que se meten por los ojos cansados,
que penetran como pequeños cuchillos
en mi carne y devastan mi corazón
con sus reflejos.
La influencia astral de las mujeres,
Fatídica, lejana, imponderable,
cargada de sentido y de signos,
¿qué podrá llevarse ahora de mí?
Quizá me siento joven porque nada poseo ya.

Nada tan puro, tan maravilloso
Como los diamantes que di a tallar a joyeros torpes
    –amigos deshabitados de la amistad,
mujeres en viaje, amores no nacidos.
Las cartas sin objeto y sin respuesta y el tedio
Siempre de pie, de piedra. Y la duda,
el árbol seco de la duda como éstos de New Haven sin hojas en el invierno.
Pero el mar en mi sangre,
subterráneo, submarino, sumergido y oscuro;
el deseo que deshace sus cabellos y alza
sus manos en alargados gritos,
preso entre mis cuatro paredes
cuando quisiera correr los campos y danzar como una joven luz.
¡Que no me desgarren! ¡Que no me desborden!
¡Que no se abran paso destruyendo mis tejidos,
rasgando los duros muros de piel que los circuyen,
explotando mi cabeza en un haz de luces,
viviéndome, viviéndome!
Y los días que esperan, encadenándose unos a otros,
mis prisiones, mis cadenas de tiempo
que arrastro dondequiera y hago sonar
cada vez que mis manos se levantan,
cada vez que mis ojos me buscan en lo alto
o en lo bajo.

Treinta años ya,
Y el misterio de la luz es siempre nuevo en mí:
no sé cómo se abre su pequeña puerta ni he podido romperla.
Y me entra de pronto la angustia de los cigarrillos consumidos,
de las puertas ajenas, cerradas por dentro,
y de las propias mías, cerradas por fuera.
La angustia de las risas de los niños
que juegan en mi cabeza,
entre el lodo de las ambiciones y las cenizas de los sueños
y las formas de los estériles cuerpos poseídos,
cuerpos idos.
La angustia de no recibir nada
que cede ante la angustia más grande de no darme.
De no darme al viento que pasa
ni a la casa que se queda.

Hoy cumplí treinta años.
Y mis sueños y mis recuerdos sin libros
Que los libren de mí –
Y mi cuerpo sin frutos,
Y este cierzo que no es mexicano, que no es mío ni para mí
Y que recibo en la cara
–como dice XV–
como una máscara de hielo,
como otra máscara, más cara
porque la pago con la falsa muerte de la ausencia.

Treinta años,

treinta heridas en mi cuerpo
y todavía no he podido desangrarme
definitivamente en un poema.

Dadme palabras
Para cubrir mis palabras–
Las palabras secretas de un amor,
Las palabras estrellas de un niño
O el silencio. Todo el silencio.
Para cubrir las palabras
de mis treinta años.



domingo, 21 de julio de 2013

RODOLFO USIGLI



  
Miro entre dos amores dividida.

Two loves i have of confort & despair.
W.S.

Miro entre dos amores dividida
mi vida; uno de sombra, morbo y luto,
celeste infierno de cada minuto,
infernal paraíso, muerta vida.

El otro es la salud y la medida,
el aire alto, el madurado fruto
tan limpio, tan redondo y absoluto,
que surte sed, la sacia y la convida,

de las dos, una mujer es la diosa.
La otra un seráfico demonio:
sufre en mi goce y en mi llanto goza.

Y así, en estas primicias de mi otoño,
mi bien es el pecado que me acosa
y es mi mal consagrado matrimonio.




viernes, 19 de julio de 2013

RODOLFO USIGLI




¿Qué será de mi amor? 


¿Qué será de mi amor cuando yo haya muerto,
cuando la calcinada arena de mi vida,
ya sin reloj confluya en el infinito desierto?
Ni el crimen estéril en sí mismo
ni la danza de la memoria
ni la futilidad de las palabras
en las líneas de los poemas
que ponen rejas al silencio
ni este mar de ausencia
en el que muero ahogado cada noche
y que arroja mi cuerpo en la mañana
como en una playa desolada.
Ni la tumba abierta de los retratos
en que tú misma yaces eternamente muerta
en gestos de tímida tristeza
en pasos suspendidos
y en movimientos sin fin y sin cambio
ni la vergüenza de mis treinta años
ni tu muerte terrestre ni la mía
mudan ni opacan ni destruyen
mi amor redondo ya como la poesía,
irremediable ya como el tiempo. 

Y pienso que cuando esté solo en el mundo
sin ti y sin mí, sin dioses y sin víctimas,
más solo que yo por ser más hondo,
caminará sin término, luz en la noche,
oscura forma en la luz,
buscándote y buscándome.
Y yo estaré ya muerto
devuelto al calcinado desierto
y no tendré ya una sola gota de sangre
ni una noche atormentada
ni un ágil deseo de darle
no tendré ni siquiera esta miseria
para serle alimento
cuando me sobreviva luminoso y hambriento.

De “Conversación desesperada”