"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
jueves, 7 de diciembre de 2023
NAHUEL LARDIES
Géminis
Una
rueda, los rayos disolviéndose al girar
como remos en el agua;
el radio de las llantas. El diámetro de las cubiertas.
Un silbido, una frecuencia va perdiéndose.
La
ruta 22 divide la ciudad,
una ciudad de viento seco y espantoso,
como en declive hasta que se hunde en la corriente;
de las bardas, altas, secas y escarpadas,
hasta el agua fresca del río y las piedras del fondo,
tapizadas con musgo.
Uno no llega al cruce. Neuquén la ciudad
espantosa. Confluencia de arcilla.
Un
accidente.
Marcos
y Pablo, los castores. Qué familia.
Iban al río en bicicleta. Iban siempre
muy rápido en su corriente de inconsciencia.
Numerosa, su familia los despreocupó.
Uno era dibujante, el otro, repitente.
El
cuadro de la bicicleta retorcido,
planta rastrera en el asfalto,
tridente abandonado de su tío.
El otro no sabía si era él, quién era quién.
¿Dónde lo llevan?
La gente iba acercándose al lugar,
la hermana, la madre habían llegado.
Reconocieron un boceto de persona
al lado de una bicicleta retorcida.
La rueda aún giraba, los rayos disolviéndose
silbaban, iban perdiendo la frecuencia.
La madre en llanto dijo Marcos,
los peritos delinearon con tiza su silueta
en el asfalto, su nombre fue rumor
que se hizo eco en cada casa.
Desde
entonces me dedico a repetir
la misma escena, la dibujo y dibujo,
mitógrafo obsesivo,
pero las líneas se confunden, los Gemelos,
la estela de los remos en el agua,
pararayos, un fuego raro sobrevuela el mástil,
los dioscuros por el aire
en una atmósfera de tiza
como hámsters en su rueda.
LAURA WITTNER
Amplían fotos en un chat
Mi
padre manda fotos de Brasilia.
Dos días después vemos La Paz
desde su habitación de hotel.
En el medio pasó por Buenos Aires
y nos saludamos por teléfono.
¿Todo bien? ¿El trabajo? ¿El avión?
Fotos de San Francisco.
Fotos de Honduras. De Vancouver.
Se mezclan verde y árido
y enseguida se mezclan blanco y cristalino
desde una y otra y otra
ventana en piso alto. Conozco
Toronto a través de su relato,
(lo puse en un poema, la di por conocida).
Mi padre viaja por trabajo.
Por el trabajo que es vivir,
mi padre viaja. A nosotros
nos hace sentir quietos
casi inmóviles
tanto despliegue paterno
incluso a sus setentaipico.
A contrahora nos llegan las imágenes
y nos decimos ¿todo bien?
¿el trabajo? ¿el avión?
¿Es correcto que estemos
siempre acá donde estamos?
De: “Traducción de la ruta”
IVETH LUNA FLORES
Poemas que cocinan
Allá
va mi poema en ese camión
o la dejé tirada en la regadera
o se la di de comer a las hormigas.
Mi poema se quedó varada en casa
porque afuera no hay poesía
dice: A la vuelta de la esquina
mandíbulas gigantes
cuelgan de los panorámicos.
Quieren convertirme en su sirvienta
con una pistola en mi cadera
quieren que limpie su ruido
con una bala penetrando
el lado izquierdo de mi mano.
Veo que mi poema recoge su vestido
y lo mete en el refrigerador
dice: No te asustes
cuando los pedazos de vidrio
aderecen tu comida.
Mi poema suda mucho
si un militar sereno
ausenta la belleza
del vestido y del encuentro.
Veo a mi pequeña poema
cocinando frente a Word
cree que va a parir
pobrecita no recuerda
que ayer se le vino la niña.
EMILIO COCO
Las sílabas sonoras
A
veces me pregunto si mi muerte
llamará la atención en este mundo
o acaso correré la misma suerte
de tantos otros que ya están durmiendo
en
cajas que el olvido ha sepultado.
O si alguien en mi casa va a acordarse
del sitio que en la mesa yo ocupaba
y en el estudio sentirán los libros
que
sus lomos mi mano no acaricia.
Condenados al fuego, pensaré
que no moví ni un dedo en su defensa.
Pero
saldré de las moradas gélidas
templando el aterido corazón
con la llama de sílabas sonoras.
LUIS EDUARDO GARCÍA
Cada día descubren treinta nuevas
especies
El
mejor escritor de su generación descansa
en una silla
mientras el mejor escritor de su generación
lo espía por la ventana.
Ambos ignoran
que el mejor escritor de su generación
los observa desde un auto
a veinte metros de distancia.
Mientras tanto
muy lejos de ahí
el mejor escritor de su generación
no sabe de la existencia de ninguno de los tres
y distraído prepara el desayuno.
ROBIN MYERS
Memoria
La gata prestada anda desesperada por amor. O por contacto, en realidad
atención, no sé cómo decirlo sin el toque iridiscente del antropomorfismo, esa
varita mágica. Cuando maúlla, rasca la puerta de la habitación, me masajea la
panza, trepa el pecho hasta clavar las uñas en la clavícula y chocar la cabeza
en mi mentón, rabiosa, trepidante, un motorcito de deseo por ser la única gata,
la de verdad, y cuando cedo y dejo sobre el piso lo que estuviera haciendo y le
peino entre los dedos las orejas, le desordeno la urdimbre del pelaje, y me
apretujo su tibieza como si yo la hubiera rescatado, naufragio pequeñito, me
pregunto si recordará que reclamó ternura y que la tuvo, que llamó y
respondieron, y que por un momento no necesitaba nada más. O eso parecía. Pero
claro, no es que la memoria tenga tanto que ver con lo que volvamos a desear.
De:
“Centro”
Versión
de Daniel Lipara
