Memoria
La gata prestada anda desesperada por amor. O por contacto, en realidad
atención, no sé cómo decirlo sin el toque iridiscente del antropomorfismo, esa
varita mágica. Cuando maúlla, rasca la puerta de la habitación, me masajea la
panza, trepa el pecho hasta clavar las uñas en la clavícula y chocar la cabeza
en mi mentón, rabiosa, trepidante, un motorcito de deseo por ser la única gata,
la de verdad, y cuando cedo y dejo sobre el piso lo que estuviera haciendo y le
peino entre los dedos las orejas, le desordeno la urdimbre del pelaje, y me
apretujo su tibieza como si yo la hubiera rescatado, naufragio pequeñito, me
pregunto si recordará que reclamó ternura y que la tuvo, que llamó y
respondieron, y que por un momento no necesitaba nada más. O eso parecía. Pero
claro, no es que la memoria tenga tanto que ver con lo que volvamos a desear.
De:
“Centro”
Versión
de Daniel Lipara
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