Géminis
Una
rueda, los rayos disolviéndose al girar
como remos en el agua;
el radio de las llantas. El diámetro de las cubiertas.
Un silbido, una frecuencia va perdiéndose.
La
ruta 22 divide la ciudad,
una ciudad de viento seco y espantoso,
como en declive hasta que se hunde en la corriente;
de las bardas, altas, secas y escarpadas,
hasta el agua fresca del río y las piedras del fondo,
tapizadas con musgo.
Uno no llega al cruce. Neuquén la ciudad
espantosa. Confluencia de arcilla.
Un
accidente.
Marcos
y Pablo, los castores. Qué familia.
Iban al río en bicicleta. Iban siempre
muy rápido en su corriente de inconsciencia.
Numerosa, su familia los despreocupó.
Uno era dibujante, el otro, repitente.
El
cuadro de la bicicleta retorcido,
planta rastrera en el asfalto,
tridente abandonado de su tío.
El otro no sabía si era él, quién era quién.
¿Dónde lo llevan?
La gente iba acercándose al lugar,
la hermana, la madre habían llegado.
Reconocieron un boceto de persona
al lado de una bicicleta retorcida.
La rueda aún giraba, los rayos disolviéndose
silbaban, iban perdiendo la frecuencia.
La madre en llanto dijo Marcos,
los peritos delinearon con tiza su silueta
en el asfalto, su nombre fue rumor
que se hizo eco en cada casa.
Desde
entonces me dedico a repetir
la misma escena, la dibujo y dibujo,
mitógrafo obsesivo,
pero las líneas se confunden, los Gemelos,
la estela de los remos en el agua,
pararayos, un fuego raro sobrevuela el mástil,
los dioscuros por el aire
en una atmósfera de tiza
como hámsters en su rueda.
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