miércoles, 31 de enero de 2024


 

ADRIÁN CALDERÍN

 


 

Nocturno

 

Vengo de los dominios de los sueños

de alguien que está soñando en otra parte,

como si el sueño fuera el viejo arte

de fabular despiertos. Los pequeños

 

fragmentos ya soñados en la vasta

avenida de oníricos paisajes

retozan con el garbo de salvajes

fieras que se congregan en la casta

 

azul de archiquiméricas visiones.

Se besan con noctámbula elegancia

dentro de la ficción de una sustancia

 

hecha de nebulosas ilusiones.

Más allá de su entorno taciturno,

se elevan como un pájaro nocturno.

 

LUIS ANTONIO BEAUXIS

 


 

Invernal

 

Yo mismo soy mi mismo frío;

mi misma soledad me abriga.

Reza el cierzo su cantiga

de hielo y se eriza el río.

Lejano quedó el estío.

Los árboles van desnudos.

Los pájaros están mudos.

Lo blanco parece eterno.

Lo invade todo este invierno

que en mi garganta ata nudos…

 

MARGARITA OTERO

 

 

 

Eclipse

 

Tras eclipsar su sol de bella tarde,

tras opacar su luna misteriosa,

tras perder su fragancia, aquella rosa

que algún día lució con tanto alarde,

 

sin árbol que del viento la resguarde,

sin el candor que la hizo esplendorosa;

sin el flujo de su ánima impetuosa,

comenzó a marchitarse, por cobarde.

 

Y, ansiando del rocío algunas gotas,

que refrescasen su alma enardecida,

atraída por aguas tan remotas,

 

hoy se dejó arrancar, cayendo herida,

y decoró el jarrón de las derrotas

en la que fue su triste despedida.

 

ANA VIZCARRONDO

 

 

 

Locos por vivir

 

Esos que intentan disfrutar por norma

buscan el modo de poder gozar,

y, aunque consigan encontrar la forma,

nunca jamás se lograrán llenar.

 

No entenderán su dependencia extrema

porque se mienten para no parar,

sólo en su mente latirá el problema,

pero, cobardes, lo querrán negar.

 

Siempre perturban nuestro buen juicio,

pues, deslumbrantes por su luz maldita,

las adicciones los sentidos mecen.

 

Es donde anida la raíz del vicio,

la sinrazón que el corazón marchita

mientras los dramas sin razón florecen.

Artesana, 13-8-13

 

MARINA PEREZAGUA

 

  

 

Gluten

 

Soy madre-gluten,
si tuviera forma de bizcocho o panecito,
alguien podría meterme en un colador,
echar agua y remover
para separar el gluten de mi cuerpo,
dividir al yo-gluten del yo-madre.
Lo supe tras el accidente,
despertar, los gritos de nuestra hija,
correr,
dejar su llanto atrás,
atemperado por la distancia.
Eso debe de significar algo,
algo que ya sabía nuestra hija,
que con apenas seis años reclamaba mi atención
cuando el mundo y ella con el mundo
desaparecían para mí sin ningún motivo especial.
Yo pensaba que no era una cuestión de amor,
y no puede serlo,
pero tras el accidente corrí,
sola.
Vinieron días de mirarme los hematomas,
traté de culpar a la contusión,
al momento confuso,
pero yo lo sé, sé que la niña sabe
que esa también soy yo,
que la madre que la quiere
es madre que se fue
y no sólo tras el accidente,
sino antes, y después,
madre que podría volver a irse
por una puerta de salida
que existe sólo para mí
y lo que quiera que sea yo,
yo en profundidad,
yo tal vez en sinceridad,
tal vez en oscuridad.
También la concepción de nuestra hija
sucedió al margen de mi consciencia
en aquella cama de un hotel de Cuenca,
en la que me tendiste demasiado bebida,
desmayada,
y no resististe la fantasía de follarme sin mi
consentimiento.
Lo grabaste, se ve en el vídeo,
los pantalones medio bajados,
estoy de lado, toda yo inerte,
pero las tetas se mueven por tu empuje,
las miras excitado, pupilas oscilantes
como un puntero láser cuya luz rastrea nerviosa
la presa.
Cara de animal,
gemidos de animal,
me giras la cabeza a un lado y a otro,
compruebas que podrías no tener mi permiso,
que de hecho te gustaría no tenerlo,
que podría estar drogada
o ser una desconocida,
y así, noqueada,
me ocupaste con nuestra hija.
Nuestra niña sabe que a veces está sola
aun cuando su madre puede evitarlo,
y comprueba que a veces
(a veces) llantos anónimos me llegan antes.
Yo quisiera negarlo, pero es inútil,
lo sabe.
Hoy ha vuelto de la escuela
y me ha dicho: «Soy alérgica al gluten»,
entonces he sabido que me ha visto al completo,
que evitar el gluten es el talismán que ha encontrado,
porque no sabe entender de otra manera
que el amor es posible e injusto al mismo tiempo.
Querría explicarle qué es el gluten,
pero ni siquiera los adultos lo entienden.
De acuerdo con las encuestas
un tercio de los norteamericanos evita su consumo.
De estos, el noventa y cinco por ciento
reconoce no tener síntomas tras su ingesta
ni haber sido diagnosticado con ningún tipo de
intolerancia,
y la gran mayoría se manifiesta incapaz de explicar
en qué consiste, qué es el gluten.
He ido con ella a la cocina
y para mostrarle el aspecto de su miedo,
he puesto una magdalena en un colador,
la he sumergido en agua
y la he amasado hasta que ha quedado reducida
a una suerte de pasta chiclosa,
plástica, elástica.
Nuestra hija ha hecho con ella una pequeña bola
y luego la ha estirado en una suerte de largo cordel
blanco.
Esto es lo que temes, le digo,
sin decirle que en esa masa hay parte de mí,
sólo he tratado de hacer de su miedo un juego,
pero no le he dicho lo demás,
las razones que llevan a que
casi ciento diez millones de norteamericanos
lo eviten diariamente,
un conjunto de proteínas casi siempre inocuas
que hace falta desconocer,
seguir temiendo y retirar de nuestra dieta
para tener la sensación de que salvarnos
es un acto cotidiano que depende de nosotros.
Nuestra hija juega con el gluten como si fuera
plastilina,
pero aún dice que tomárselo le haría mal en el
estómago,
está convencida,
y cuando le doy un trozo de pan
se agarra a mis piernas y llora
como si bajo nosotras se abriera un precipicio.
Busca mi agarre en el miedo al bizcocho,
a los pastelitos que antes tanto le gustaban,
y ya no voy a insistir,
sé que es su propia puerta de salida,
una proteína inofensiva que necesita desconocer
para tener la sensación
de que ser amado es un acto imparcial,
eficaz, cotidiano, un acto materno,
que depende, sólo, de ella misma.
Esta también soy yo,
y sí, nuestra hija lo sabe,
sabe que no es bienvenida
en todas las habitaciones de esta casa,
que hay puertas que, una vez que cruzo,
cierro para ella,
aunque yo no pueda darme cuenta,
a mi pesar,
porque yo no sé cómo arrancarme
este gluten inmaterno
que también soy totalmente yo.

 

De: “Nana de la medusa”

 

SAMUEL TAYLOR COLERIDGE

 

 

 

A la Naturaleza

 

Cierto que puede ser fantasía si yo
quiero sacar de todas las cosas de este mundo
gozo interior profundo que las ciña apretado;
y rastrear en hojas y flores, que me envuelven,
lecciones de cariño y de piedad sincera.
Sea así: y aunque el ancho mundo resuene en burla
de tal creencia, a mí no me trae temor,
ni me trae dolor, ni perplejidad vana.
Así voy a elevar mi altar entre los campos,
y será el cielo azul mi cúpula policroma,
y la dulce fragancia que da la flor silvestre
será todo el incienso que te ofreceré a Ti,
a ti, mi único Dios, que no despreciarás
ni aun a mí, sacerdote del pobre sacrificio.

 

Versión de José María Valverde