Eclipse
Tras
eclipsar su sol de bella tarde,
tras
opacar su luna misteriosa,
tras
perder su fragancia, aquella rosa
que
algún día lució con tanto alarde,
sin
árbol que del viento la resguarde,
sin
el candor que la hizo esplendorosa;
sin
el flujo de su ánima impetuosa,
comenzó
a marchitarse, por cobarde.
Y,
ansiando del rocío algunas gotas,
que
refrescasen su alma enardecida,
atraída
por aguas tan remotas,
hoy
se dejó arrancar, cayendo herida,
y
decoró el jarrón de las derrotas
en
la que fue su triste despedida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario