"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
lunes, 1 de enero de 2024
CAMILLO SBARBARO
Callas…
Callas,
alma cansada de gozar
y de sufrir — a lo uno, a lo otro estás
resignada —
Escucho y no me llega tu voz.
No de lamento por la miserable
juventud, ni de ira o de revuelta
y tampoco de tedio.
Enmudecida
yaces con el cuerpo en una desesperada
indiferencia.
No nos asombraremos
no es verdad, mi alma, si ahora
el corazón se parara, si suspendido
quedase el aliento…
En cambio caminamos.
Y los árboles son árboles, las casas
son casas, las mujeres
que pasan son mujeres y todo es aquello
que es — aquello que es.
Las
vicisitudes de alegría y de dolor
no nos tocan. Ha perdido la voz
la sirena del mundo y el mundo es un gran
desierto.
En el desierto
yo me miro con secos ojos a mí mismo.
Versión
del italiano de Carlos Vitale.
ALAÍDE FOPPA
Ella
y su cuerpo
Rara
vez le pareció
que le quedara bien
su cuerpo.
De niña,
era un cuerpo tan breve
que la obligaba
a mirar siempre desde abajo,
a esperar que sus padres
la tomaran en brazos
para verles
el rostro de cerca,
para tocarles los cabellos,
a esperar el abrazo
de su madre
para recostarse
en su pecho suave.
Ella, desde su estatura,
sólo podía abrazarle
las rodillas duras.
Luego,
fue un cuerpo inquieto,
a menudo doliente,
castigado
por persistentes fiebres,
un cuerpecillo insignificante
del que surgía un rostro pálido.
Y cuando un día
pareció vestirse de fiesta
de la adolescencia
ella creyó que se lo reprochaban.
Apenas asomaba la alegría
en el ritmo ligero de su paso
en el sonido claro de su voz,
en el brillo de sus ojos,
oscuros peligros acechaban
ese florecer extraño.
¿Tenía derecho a vestirse de fiesta
en un mundo enlutado?
¿Podía llevar su pie danzante
por un camino de espinas?
Quizás
su mismo cuerpo
era un vestido ajeno.
Por eso tuvo extrañas aventuras
el joven cuerpo lastimado:
iba al abrazo
como a un naufragio
y volvía como un sobreviviente
milagrosamente salvado.
En la fuga
se encontraban de nuevo
ella y su cuerpo
sin saber de qué huían.
No
sabía entonces
que era
una tierna parte de sí misma,
tierra pródiga
donde su vida florecía;
y qué tan dulce
como el viento de primavera
era su aliento misterioso
tan ricas como las ramas
del árbol verdecido,
sus manos,
y más luminosos
que los astros del firmamento
sus grandes ojos abiertos.
JIAO TONG
Tapabocas
Los
rumores emergen de las cuatro direcciones—
todo se ha vuelto silencioso, todo,
los audios fueron bloqueados, yo
no puedo decir nada más, desde ahora
pusieron tapabocas, cubriendo
sonrisas, encubriendo excusas,
cubriendo los gestos entre uno y otro,
la tristeza se parece a un secreto
que en todo lugar se propaga.
Un
gato duerme en el balcón del apartamento
y no se baña en rayos de sol, salgo del elevador,
quiero buscar a quién darle la mano. La ciudad entera
tiene fiebre alta, todos necesitan
de sus pastillas para el sentimiento de seguridad; mis amigos continúan
sentándose en las cafeterías a contar chismes, que se salpican
y se adhieren a las redes sociales, buscando los audios perdidos. El toser de
las motocicletas
viene y se va. Los rumores corren más rápido que el virus, los días
se van encubiertos.
El
pánico de esta situación no se puede esconder.
No hay esperanza de regresar, el olvido se parece
a las lágrimas de ayer, como hoy
se parece a vernos a través de la distancia de la ventana de cristal, la
sospecha y el odio
han intervenido entre nosotros y
tienen un poco de ambigua distancia, como hoy y como ahora
solo puedo armarme a mí mismo, fingir
que aún puedo comenzar de nuevo.
Versión
al español de Omar Pérez Rizo.
SANDRA BEASLEY
Inmortalidad
Acéptalo:
nunca estaré
en el reverso de un centavo
ni seré un globo flotando por la Quinta Avenida;
nadie dará mi nombre a una variedad de rosal,
o a una forma de lanzar rectas, o a un escarabajo
con cuatro extrañas alas plateadas.
Dicen
que las hélices de mi saliva nadarán en los hijos
de mis hijos, pero eso no es más
que un trasplante insulso, como
un peral forzado a dar fruto. Mi corazón
es una canica amarilla esperando en un enjambre de canicas amarillas,
esperando que alguien trace las líneas del juego, esperando
por
el pulgar de Dios. La inercia
es la inmortalidad al alcance de todos. Incluso
las recetas antiguas nos han fallado ahora,
ya no hay párpados dorados o vasos canopos, ya no hay
baklava horneándose en la cripta
de mi mandíbula. Llámame
egoísta,
pero ¿quién no sueña
con ser cometa y viento, barco y océano?
Quiero ser la pelota y el bate y el montículo
y el sudor y el césped.
Quiero ser el vampiro que bebe
un alto y fresco vaso de mí para vivir eternamente.
Versión
de Yéred Cosío Martínez
MARÍA PAZ GUERRERO
NADIE
SE ACERCABA a esa persona
que se paseaba
por el recinto
de miura.
Solo el gesto hacia atrás
largos
cachos
ajustados
extender la tripa.
Ni una medida corazón
ni un hallazgo expresivo:
has de ampliar el pecho
extender los hombros inflar la panza.
Al pisar te habla el núcleo terrenal.
Al repetir te desprendes
milímetros,
una vuelta en diagonal
pedir temblor / pisarse la cola
los brazos vuelan / el eje patea
cuál enunciación para este atronar
con final truncau.
CAMILA RÍOS ARMAS
Boca de Uchire
El
sol siempre es el mismo a esta hora en Boca de Uchire. Los cangrejos han tomado
cuerpo de hombre, de pescador de orilla. Cavar es mi propio ejercicio de
retorno a la infancia. Horas de labor indagando la arena, los residuos de la
desidia de otros. Los restos de quien ya no soy. A pocos metros, de niña dibujo
corazones con un palo de madera. Mientras el final de la curva roza la esquina
de la otra mitad, media figura se ha borrado. Se me hace imposible representar
el amor en la inmediatez de las olas. Insisto, porque un corazón tiene que
estar completo. Presente, mi ideal a medias. Totalidad, certeza de olas. La
brisa le pega a él, durmiente frente al mar, que me interroga mis bordes, mi
límite, la finitud de mi vientre. Reto al tiempo que reposa en mis pies.
Comienzo de año y fin de otro.
