Inmortalidad
Acéptalo:
nunca estaré
en el reverso de un centavo
ni seré un globo flotando por la Quinta Avenida;
nadie dará mi nombre a una variedad de rosal,
o a una forma de lanzar rectas, o a un escarabajo
con cuatro extrañas alas plateadas.
Dicen
que las hélices de mi saliva nadarán en los hijos
de mis hijos, pero eso no es más
que un trasplante insulso, como
un peral forzado a dar fruto. Mi corazón
es una canica amarilla esperando en un enjambre de canicas amarillas,
esperando que alguien trace las líneas del juego, esperando
por
el pulgar de Dios. La inercia
es la inmortalidad al alcance de todos. Incluso
las recetas antiguas nos han fallado ahora,
ya no hay párpados dorados o vasos canopos, ya no hay
baklava horneándose en la cripta
de mi mandíbula. Llámame
egoísta,
pero ¿quién no sueña
con ser cometa y viento, barco y océano?
Quiero ser la pelota y el bate y el montículo
y el sudor y el césped.
Quiero ser el vampiro que bebe
un alto y fresco vaso de mí para vivir eternamente.
Versión
de Yéred Cosío Martínez
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