Boca de Uchire
El
sol siempre es el mismo a esta hora en Boca de Uchire. Los cangrejos han tomado
cuerpo de hombre, de pescador de orilla. Cavar es mi propio ejercicio de
retorno a la infancia. Horas de labor indagando la arena, los residuos de la
desidia de otros. Los restos de quien ya no soy. A pocos metros, de niña dibujo
corazones con un palo de madera. Mientras el final de la curva roza la esquina
de la otra mitad, media figura se ha borrado. Se me hace imposible representar
el amor en la inmediatez de las olas. Insisto, porque un corazón tiene que
estar completo. Presente, mi ideal a medias. Totalidad, certeza de olas. La
brisa le pega a él, durmiente frente al mar, que me interroga mis bordes, mi
límite, la finitud de mi vientre. Reto al tiempo que reposa en mis pies.
Comienzo de año y fin de otro.
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