jueves, 13 de julio de 2023


 

MIJALIS PIERÍS

 

 

 

Ciudad perro fiel

 

Solo la ciudad es de veras
perro fiel. La ciudad compañera
y la ciudad acompañante. Te perdona
toda traición, te recibe de nuevo
en sus brazos. Para que te libres
del cuerpo que deseas
y no tienes.

 

Versión de Selma Ancira y Francisco Segovia

 

JULIO CÉSAR GALÁN

 

 


 


[Desleer]

                     ¿Qué puede hacer? ¿Por dónde huir? Ya nos dijimos: Ya has huido.
         No puede salir ni entrar, ni ir a derecha o izquierda. Las paredes aprietan
                        y el viento arruga la frente.
                                                                                  Gruta real: Ayúdame.
                                     El turismo de tantos muertos
                                            gira alrededor de las rosas.
 
                                                                                  El parto y partir y…
 
                                                                             Fuga de aves sin nombre.
                                                                                                                                                                                  Fuga y más fugas. 
 

De: “Un adiós abierto”

 

ROBERTO ECHAVARREN

 


  

SE SENTÓ y me mostró un escudo de mar, que estaba entre animal y planta: era áureo, parecido a una hebilla grande de cinturón con un “diente” o trompa como el pistilo sobresaliente de una cala, que terminaba en punta, o el tentáculo de un calamar, que se moría. El “escudo” caía como una tortuga, pero siempre entre la vida y la muerte, entre la flor y el animal.

 

 

BRAULIO PAZ

 

 


 
No exactamente una anécdota

 

¿Pero qué escritor se parece a 
sí mismo?
 Cambio de la longitud de
onda provocado por el movimiento
del emisor. El sonido de un Ford
Tempo pasando a cierto kilometraje
por hora se disipa y alarga, estira
como chicle y desaparece en
la traslación terrestre, en la luz…
esos espacios que son como…
un saludo a la bandera, dicho
despreciativo: no valen los símbolos
no notariados. Está bien, yo me iré
yendo, querida. La sonrisa eginética,
el hieratismo de un cuerpo que
podría ser una columna:
un grado antes de la abstracción
de lo “ideal” de lo que surgen.
Algo así no tiene lugar aquí. Lo
llaman efecto Doppler, lo sacaban
de entre las tablas y cenizas de
Pompeya. Siglos después se vería,
solo siglos de siglos no con esa
acepción de ristra de imágenes
de exvotos católicos añorando perennidad:
siglos de siglos como el sonido del motor
de un Ford Tempo marrón…
 


MARIANA CAMELIO VEZZANI

 

 

 

ESTA FOTOGRAFÍA la encontré en el velador
ella aparece frente a unos troncos blancos
no mira directamente a la cámara
el chaleco remangado hasta los codos
la foto atrás tiene escrito:
mira mis brazos
son transparentes como bombillas eléctricas
¿ves sus filamentos?
nadie firma lo anterior
pero la fecha es septiembre de 1998
un musgo naranjo crece en el marco
de la ventana más pequeña de la pieza

 

JORGE AULICINO

 

  

 
Convent Avenue Baptist Church

Harlem, Nueva York

 

1

Baja a veces una piedad conmovida de los árboles.
Las calles tienen olor de piso fregado.
 
 
2

Sale de un auto una negra con un sombrero
que tiene una sola flor, derecha,
como el sombrero de Minnie
que las negras se ponen los domingos
—desde la época de la posguerra de Secesión y acaso antes—,
o para el oficio de Pascua, que consiste en el discurso del pastor
y el reparto de pedazos de pan y copas
de plástico con un sorbo de vino,
que no tienen el valor de la eucaristía, sino el
de la evocación, el recuerdo del hombre dios.
 
 
3

Negras con olor a lo que en los sesenta llamábamos spray.
Negras de peluquería barata, de prendas de colores,
de olor dulzón para estar vivas,
para hacer creíbles sus cuerpos —que son espíritus—,
en un siglo luterano.
Negras tibias, adolescentes de los coros de Harlem
negras de ojos movedizos, como los de los ángeles.
Negros que hablan de Miguel como de un vecino,
el tercero a tu lado.¹
Negros que le dan existencia a una retórica
—“estoy en tu barca”—;
negros, negras, del canto segundo del Purgatorio,
a quienes no se puede abrazar, pero se los puede oír
se pueden oler, se puede ver cómo vuelan,
se van,
corren hacia la cima In exitu Israel de Aegyptus.
 
  
 
De: “El libro de los lugares sagrados”

 

1.- “La tierra baldía”, T. S. Eliot