jueves, 13 de julio de 2023

ROBERTO ECHAVARREN

 


  

SE SENTÓ y me mostró un escudo de mar, que estaba entre animal y planta: era áureo, parecido a una hebilla grande de cinturón con un “diente” o trompa como el pistilo sobresaliente de una cala, que terminaba en punta, o el tentáculo de un calamar, que se moría. El “escudo” caía como una tortuga, pero siempre entre la vida y la muerte, entre la flor y el animal.

 

 

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