Convent Avenue
Baptist Church
Harlem, Nueva York
1
Baja
a veces una piedad conmovida de los árboles.
Las calles tienen olor de piso fregado.
2
Sale
de un auto una negra con un sombrero
que tiene una sola flor, derecha,
como el sombrero de Minnie
que las negras se ponen los domingos
—desde la época de la posguerra de Secesión y acaso antes—,
o para el oficio de Pascua, que consiste en el discurso del pastor
y el reparto de pedazos de pan y copas
de plástico con un sorbo de vino,
que no tienen el valor de la eucaristía, sino el
de la evocación, el recuerdo del hombre dios.
3
Negras
con olor a lo que en los sesenta llamábamos spray.
Negras de peluquería barata, de prendas de colores,
de olor dulzón para estar vivas,
para hacer creíbles sus cuerpos —que son espíritus—,
en un siglo luterano.
Negras tibias, adolescentes de los coros de Harlem
negras de ojos movedizos, como los de los ángeles.
Negros que hablan de Miguel como de un vecino,
el tercero a tu lado.¹
Negros que le dan existencia a una retórica
—“estoy en tu barca”—;
negros, negras, del canto segundo del Purgatorio,
a quienes no se puede abrazar, pero se los puede oír
se pueden oler, se puede ver cómo vuelan,
se van,
corren hacia la cima In exitu Israel de Aegyptus.
De: “El libro de los lugares sagrados”
1.- “La
tierra baldía”, T. S. Eliot
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