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martes, 28 de noviembre de 2017

ANGÉLICA HOYOS GUZMÁN




Lugares comunes



El hambre es nuestro alimento,
nuestra hermandad.
En la cocina fabricamos las miserias.
Se nos llena el abismo
con pasos apresurados
de paranoicos
en la prisión de un cuerpo
ajado por la lluvia.

No nos salva
ni la primera estrella de la noche
ni el rayo de la mañana
a través de los cristales
para bendecir un pan viejo.

El tiempo se nos escapa
en el basurero que apila los adioses,
allí donde mueren mujeres mientras escribo.

Los niños aprenden a caminar antes del bombardeo.
Poco importa esta letra de nada
este mundo entierra a sus hijos con los ojos abiertos
para mirar más de cerca.

La caligrafía se abandona al guiso del bistec
amargo entre sus tejidos.

Ni siquiera somos dignos de la queja
el alarido fugaz no nos resigna.

Al final Dios nos espera
para decirnos que él no es el principio.

A mediodía se esconden los fantasmas
con su traje repulsivo que amenaza con iluminar todo.

La bulla del tráfico persiste en lo que no seremos.

Es la diana de los sueños astillados.

Nos demuele
como pelota de hierro al edificio
de cualquier construcción defectuosa y telúrica.

En esta soledad multiplicada
nos abandonamos a la inercia de una palabra
que apenas balbuceamos.

Un calambre abdominal nos acecha
nos deja ausentes
abriendo la palma de la mano
en una avenida muy familiar.


miércoles, 22 de noviembre de 2017

ANGÉLICA HOYOS GUZMÁN




Pájaros



Dibujé pájaros en la pared de tu alcoba,
para que cuando sueñes
lo hagas sobre una hoja
que mueve la brisa
en la rama de un árbol.



jueves, 16 de noviembre de 2017

ANGÉLICA HOYOS GUZMÁN





Suerte




Qué suerte ser Angélica,

planta medicinal afrodisíaca.

Qué suerte no ser Cortázar,

víctima de alguna caja china.

Qué suerte no ser Gates,

ícono económico de una ventana repetida.

Qué suerte no ser Dalí,

en la realidad de los ojos cortados por navajas.

Qué suerte no ser Chomsky,

esa competencia sumergida en el mundo.

Qué suerte ser Angélica,

caminar por mis calles silentes

arrastrando la música de una lata vacía.

Qué suerte ser Angélica,

vivir suspendida en el abismo minúsculo de este nombre.

Qué suerte sentir los golpes,

ver los moretones y la brisa que los toca.

Qué suerte morir para renacer en palabras no dichas.

Qué suerte contar soledades en gotas de lluvia.

Qué suerte ser otro humano,

con eso es suficiente.


viernes, 10 de noviembre de 2017

ANGÉLICA HOYOS GUZMÁN




Herencia



Llevo un país en el agua,
un reino de las nubes,
una nación de los árboles,
una patria de nostalgias.
Este terruño de agua
se parece a los otros,
tiembla cuando caen las piedras.
Se llena de raíces de papel
en las manos de la gente.

Algunos dejan plumas sueltas,
en ese pueblo de aire.


sábado, 4 de noviembre de 2017

ANGÉLICA HOYOS GUZMÁN




Oleaje



No hay motivo

para que las olas

                    no dejen sus hondas heridas

                    en el agua.

Así se limpia el mar.

Después de la tormenta

                       saca la madera muerta,

renace desde el fondo.



lunes, 11 de enero de 2016

ANGÉLICA HOYOS GUZMÁN




Fiebre de sentir
                                (En una ruta hacia Lisboa pensando en Fernando Pessoa)



Hay en el cielo más galaxias de las que pudieras contar. Ya lo sabías, porque viniste a verme aunque yo sé que ya te habías ido. Lo sabías cierto en el idioma y en la incredulidad del paisaje, incierto. Me viste pasar por tu Galaxia y supiste que era yo, esperando el bus que me llevaría a Lisboa, no la tuya, no tu lengua, ni la lengua del poeta que quería cambiar el mundo con una hoja de hierba, sino esta que  los  hombres y mujeres gloriosos van dejando cuando sienten la calle pesada, el ritmo les quita más sentir que pensar y los hace caer de la cuerda.
Tú que sabías estar en nosotros y nosotros en ti, que sabías también que la perfección era un decir, que conocías el camino del centro hacia la cabeza y el camino de regreso de todos nosotros, fuiste más que esos pocos que pudiste ser, y ¡qué bueno! Ahora también fuiste yo, y te sentí triste y feliz al mismo tiempo, cuando te busqué me aligeraste el rocío de los ojos. He dicho que he sentido, pensado, que estabas aquí entre mis letras, como estuviste en todos tus visitantes. Te enteraste muy bien que las estrellas y el destino es más complejo que  los  nueve planetas, que hay más elementos de  los  que podemos mencionar, pues solo estando, infinito y único, pudiste saber el punto exacto en el horizonte donde se levantaba matemáticamente la supernova de cualquiera que es nadie, como yo, en esta vía láctea en donde me quemo.