"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
jueves, 14 de mayo de 2026
ROBERTO MANZANO DÍAZ
Gusto
de ver sobre la mesa ciertas frutas agrupadas como pétalos
Gusto
de ver sobre la mesa ciertas frutas agrupadas como pétalos, pues ellas saturan
los ojos, ávidos del color diverso de la vida;
pero
me gusta más ver tu mirada de semilla, tus manos en mis manos, palpar con mis
yemas el ritmo intermedio de tus senos;
sentir
el roce de la hermosa fruta de tu vientre, curvada y promisoria, ese geoide
fascinante que ofrece tu cintura;
tu
vientre equidista de todo, distribuye arquitecturas deliciosas, centralidad del
mundo, Macchu Pichu del cielo;
desde
tu vientre parten expediciones invisibles, los cordeles espumosos de la gracia,
los fósforos fragantes del fervor;
en
tu vientre canta la espiral de tu ombligo, cenote de Liliput, moneda cóncava,
ojo primario de la vida;
tu
vientre se clausura arriba, se ciñe contra tus vísceras hasta que es una faja y
un gozne de movida elocuencia;
la
piel de tu vientre es como una pulida sortija, como una transparencia de
caracol rosado, como un paladar celeste;
hacia
arriba tu vientre es solidario y se prolonga en dos colinas estrábicas hacia
donde corre ansiosa la boca;
hacia
abajo tu vientre se abre desde el abejeo oscurecido del pubis en dos litorales
donde demorar los labios;
tu
vientre es un blando cosechero, todo lo coordina y expande hacia la edificación
soterrada del hijo;
tu
vientre zarandea al planeta, como un péndulo líquido, gira sobre los arranques
rítmicos de la entrega;
tu
vientre crece hacia los costados con la misma voluntad de las guayabas, con la
misma amplitud de los cometas;
a tu
vientre me echo, bajo tus manos de gladiolo, para oír como un indio qué
bisontes de ternura trae el horizonte.
MATILDE LADRÓN DE GUEVARA
La
aurora
Viertes,
aurora, al múltiple horizonte
dorados lirios y encendidas rosas,
emanan luz tus alas bulliciosas
y labras en color el arduo monte.
Joven
y alegre ante mis ojos, ponte
sobre un puente de estrellas laboriosas
y con lanzas y flechas victoriosas
quema la nube que tu rueda monte.
Irradias
en la noche, casto mito,
y quiebras su silencio con un grito
de amor y sed en la brumosa entraña.
El
universo virgen te enamora.
¡Apura tus corceles, vencedora,
la creación del hombre te acompaña!.
AURELIO PASTORI
Clausura
Eliminar
papeles viejos.
Borrar los archivos.
Tanta memoria
termina siendo olvido.
Que no vayan a quedar
por ahí
esos intentos
merodeando
inacabados
esos recuerdos
de gente ocasional
con los ojos bien abiertos
todavía
esos números volviendo
con su puntualidad
hablando siempre de otra vida.
Adiós.
Adiós tanta memoria
por las ventanas
debe venir la brisa y entrar sola.
FLORA THOMPSON
El
paraíso terrenal
No deseo
un cielo de arpas doradas;
dadme las arpas de la tierra:
los pinos con rojo oro sobre sus troncos,
¡la música del viento del oeste entre sus ramas!
Cuando
sea vieja,
dadme por cielo una pequeña casa sobre el brezal;
las colinas azules detrás, el mar azul delante.
Los suelos de ladrillo fregados de rojo,
las losas blancas como nieve;
los grifos y candeleros de latón brillando como oro.
Y
allí, con mi suave vestido gris entre las malvarrosas,
en un día entre todos los días recibiría a un viejo poeta;
le serviría té, caminaríamos por el brezal
y hablaríamos hasta que el sol cayera.
Y
luego, junto al fuego de leña,
él me leería los poemas de su apasionada juventud,
y compondría otros nuevos
que alabara la amistad por encima del amor.
BEATRIZ VANEGAS ATHÍAS
Noción
del cerdo
Insolente
y sinvergüenza
emerge cual Dios lustros de fango
y agradece a los santos
la lluvia propiciadora de los charcos.
El cerdo ríe hocico arriba
de la inercia pueblerina
incapaz de impedir
el avance de la podredumbre.
Hay días que siente piedad
y se retira a tomar el sol,
luego vuelve a su chiquero
que se le antoja un fragmento de calle
cercada y a la sombra
y se deleita con la servidumbre del ama
que acude a la mendicidad para engordarlo.
Pero aparece el día
el día que le toca
gruñir más de la cuenta
porque lo acecha
—insolente y sinvergüenza—
el reluciente metal del hacha.
ÓSCAR DELGADO
Azorín
Aldea.
Gris. Blanco en azul.
Nubes hilando y deshilando
en las ventanas el color
del tiempo.
Aldea:
novia con paisaje.
Luna felíz.
Tarde en azul.
Flauta olvidando y recordando
sobre las rosas el olor
del tiempo.
