Gusto
de ver sobre la mesa ciertas frutas agrupadas como pétalos
Gusto
de ver sobre la mesa ciertas frutas agrupadas como pétalos, pues ellas saturan
los ojos, ávidos del color diverso de la vida;
pero
me gusta más ver tu mirada de semilla, tus manos en mis manos, palpar con mis
yemas el ritmo intermedio de tus senos;
sentir
el roce de la hermosa fruta de tu vientre, curvada y promisoria, ese geoide
fascinante que ofrece tu cintura;
tu
vientre equidista de todo, distribuye arquitecturas deliciosas, centralidad del
mundo, Macchu Pichu del cielo;
desde
tu vientre parten expediciones invisibles, los cordeles espumosos de la gracia,
los fósforos fragantes del fervor;
en
tu vientre canta la espiral de tu ombligo, cenote de Liliput, moneda cóncava,
ojo primario de la vida;
tu
vientre se clausura arriba, se ciñe contra tus vísceras hasta que es una faja y
un gozne de movida elocuencia;
la
piel de tu vientre es como una pulida sortija, como una transparencia de
caracol rosado, como un paladar celeste;
hacia
arriba tu vientre es solidario y se prolonga en dos colinas estrábicas hacia
donde corre ansiosa la boca;
hacia
abajo tu vientre se abre desde el abejeo oscurecido del pubis en dos litorales
donde demorar los labios;
tu
vientre es un blando cosechero, todo lo coordina y expande hacia la edificación
soterrada del hijo;
tu
vientre zarandea al planeta, como un péndulo líquido, gira sobre los arranques
rítmicos de la entrega;
tu
vientre crece hacia los costados con la misma voluntad de las guayabas, con la
misma amplitud de los cometas;
a tu
vientre me echo, bajo tus manos de gladiolo, para oír como un indio qué
bisontes de ternura trae el horizonte.
No hay comentarios:
Publicar un comentario