martes, 3 de marzo de 2026


 

IRIS TREE

 

 

Somos los guardianes

 

Somos los guardianes de casas vacías,
La luna apoya su delgado cuerpo contra la puerta,
Pero el óxido hace chirriar la cerradura.
El sol mira a través de la ventana,
Pero los postigos cerrados son como ojos ciegos.
Nuestras almas están llenas de muerte y cosas maravillosas
Como cuencos llenos de objetos,
Un polvo de pétalos
Susurra entre los cansados dedos de un fantasma.

 

JON SILKIN

 

  

Profundidades

  

¿Texturas? ¿Por qué siempre texturas?
Tanto alboroto. Es suficiente
que tomes y sostengas la cosa:
al ser cálida, te otorga
un sentido especial de permanencia.

Porque sin la forma entera
no existiría textura.
La desesperación
tiene textura. Está construida
a partir de una total impotencia.

La desesperación es textura; sin ella
no sabríamos cómo enfrentar
la cosa con tal certeza
de pérdida. Pero al tocar esto,
sentimos muy suavemente
que toda la parálisis
del dolor cede paso
a las firmezas
de la realidad,

a los distintos planos de superficie
con los que no podemos evitar el contacto,
y que nos conducen a las honduras sumergidas.

 

 

FEDERICO HERNÁNDEZ AGUILAR

 

  

Instintiva versión de la espera

 

I

Te ofreceré las manos que yo guardaba para organizar el viento.
(No me acostumbraré a que el miedo fuera un armiño
montado aprisa en los hombros ateridos del sosiego).
                                                        De mi silencio
aprenderás a pergeñar la nada, en una cabriola de adjetivos
que se disputarán tu aliento.
Danzarán mis dedos en tu cintura
como danza el tiempo a la hora de lo eterno.
La noche repetirá consignas en el aire,
embadurnando tus pies y mis cabellos…
Desde la ventana correrán a nuestros brazos
los delirios, los alpinos cuentos
de la escarcha, los aullidos de la estepa,
la saliva magnífica de las cimas ahítas ya de cielo;
pequeñas playas se formarán en los pliegues
que separan tus uñas de las puntas de tus dedos,
y allí pretenderé que la piel se me atore y se haga jirones,
y nadie pueda rescatarla sin perturbar tu sueño,
sin extirparle un desgarrón
a tu antebrazo blanco, a tu pulmón izquierdo,
a tu absoluta piel vibrante…
                    Y me quedaré como muerto,
arrojado a los pies de tu figura,
quemado todo por tu incendio,
temiendo que te pierdas y dejes tras de ti huellas inmensas,
hechas de ceniza compacta, de preceptos
apisonados por mi gran caída,
por este —en fin— caer sin término
sobre las cumbres de los escombros
que de mi quedarán
cuando no quede más que el suceso
—único, impotente, pertinaz— de tu misterio.

 

II

Estar sin ti es la otra forma de morir
que se ha inventado mi destierro;
es la nueva herida que profiere el aire
cuando se mete entre mis huesos
y los hace rechinar y los inclina
hasta volverme del revés el cuerpo;
es el no se qué y el no sé cómo
que promueve el no sé cuándo de tu sol añejo;
es, en fin, la comisura en sangre
de la enorme boca
del pasado infame
de mi ardor inmenso.

 

 

MATÍAS ROMERO

 


 

Siempre tenemos en los labios una canción nueva. La intentas tú o la invento yo y somos dos pájaros que llevamos las alas escondidas. Con esas alas volamos por dentro, volamos el uno hacia el otro por el azul infatigable.

 

 

EILEEN O’SHAUGHNESSY

 


 

Nacimiento

 

Toda pérdida es ya ganancia,
pues toda causa sigue su razón.
Un palacio de cristal alcanza
la lluvia en su estación.

Ningún libro turba la línea pura:
sabios dorados por el sol concentran
su mente en la Estación Nueve, segura,
donde aprenden lo que deben, y lo encuentran:

Las ciencias útiles; los artes
de teleteleventa y lengua hispana,
según registran las comarcas
del Oeste —muerte temprana
del pensamiento y la emoción,
infantes que posponen la mañana.

 

 

ALICE LARDÉ

 

  

¡Tengo miedo…!

  

¡Tengo miedo de amarte…! ¡Tengo miedo…!
Y ahora que siento que el amor se acerca
a mí, otra vez, y que está ya tan cerca,
¡tengo miedo de amarte…! ¡Tengo miedo…!

¡Toda yo me estremezco de pavura…!
¡Y vibra mi alma llena de violencia
al escuchar de nuevo su sentencia…!
¡Toda yo me estremezco de pavura…!

¡Oh, Amor, que vienes trágico y tremendo,
en medio de la noche de mi vida,
a remover mi entraña adolorida…!
¡Oh, Amor, que vienes trágico y tremendo!

¡Tengo miedo de amarte…! ¡Tengo miedo…!
Y ahora que siento que el amor se acerca
a mí, otra vez, y que está ya tan cerca,
¡tengo miedo de amarte…! ¡Tengo miedo…!