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lunes, 29 de diciembre de 2025

SUSANA SZWARC

 

  

Los pies sobre una mano


Los pies podrían caminar sobre una mano.
(Descalzos –siempre- esos pies.)
¿Podrían conversar manos, codos,
pies, rodillas, frente?
-Sh, escuchá, ya están conversando.
-No dejan de hablar.
-Nunca.
-Nunca es imposible.
-Entonces, ¿la sombra toca
a su contrario? ¿Lo acaricia?

Conversaciones por todas partes. Con-
versaciones a través de las rejas, de las mesas,
de los libros.
Cuchicheos que alcanzan –por esa mano
o esos pies- al sol.
Y no dejes de decir sombra: en ella
algo
majestuoso todavía
replica. Rebalsa.

La sombra es hoy el sombrerero
que espanta las moscas, los miedos.
Atraviesa las paredes, las hunde
en la flor.

Pero se mueve
adentro- afuera –adentro-afuera
de nuestras sílabas. A-
som-bra.
Nos hace sostener una conversación
tartamuda. Solo así,
podremos hablar de la otra
sombra, la que nos avanza
con el hambre a pedazos.
Compartido.

  

De: “El Libro (no) de los Salmos”

 

martes, 23 de diciembre de 2025

SUSANA SZWARC

 

 

Plegar

 

Aclara: se leerá la letra
entrecortada.
La cabeza ida y vuelta
nos miramos
ida y vuelta suspiramos.
Sostenemos el sombrero
la respiración.

¿Cómo no ahogarse?
Parecieran hablar
los ojos
pero no todos juntos sino
uno por vez.
Pasar
de ojo de hoja de lengua.
Sacar
una
poner otra
del/en
el Libro.

¿Libro iría
siempre con mayúscula?
Sería un centeno un sustantivo
colectivo (sería)
un plural aunque tú
singular.

Si moviéramos las hojas
las aguas.
Como la vid
vida. ¿Cuál vida?

Bebamos agua de los mares
que se vuelva
dulce.

 

De: “El Libro (no) de los Salmos”

 

 

miércoles, 17 de diciembre de 2025

SUSANA SZWARC

 

  

Despliegues

 

 

Entre cada madera
el viento o mejor el olor
del viento despliega
mundos.

La mujer ha extendido la tela
que desde ayer se estira:
cuerpo mojado.
Un extendido vertical:
pudiera haberse vuelto
enredadera
trepar el vallado.

La mujer lava esa tela
no una ropa (solamente).
Ella lava:
lava por el gusto de sentir
el arroyo encendido.
Después
el agua entre sus dedos.

Sus dedos son montantes
son su valla su vallado
su tiza
la misma que la deja adentro
o afuera del patio.
(¿Del mundo y del mundo?).

Su savia se escurre:
es el viento
con el olor incesante y no
no se detiene (ni siquiera)
cuando la mujer
inclina los ojos
recorre con el cuerpo
el balde. Lee otra vez:
azul del cielo.

 

 

De: “El Libro (no) de los Salmos”

 

jueves, 11 de diciembre de 2025

SUSANA SZWARC

 

 


Llaves (de la memoria)

Que no se cansen los árboles
de darme su sombra
de darte
su sombra
-su viento.

Que no canse su mecer
de cuerpos
que leen
¿qué leen?
para que –otra vez-
mis ojos tus ojos
repasen el cielo
lean
azul
azul celeste
azul eléctrico
tremendamente gris
también mi voz te diga

te vuelva a decir
te envuelva su moverse

Que la palabra se asome
asombre
cada vez
que todo eso
que tanto
porque sí
nos habla.

 

De: “El Libro (no) de los Salmos”

 

 

viernes, 5 de diciembre de 2025

SUSANA SZWARC

 

 

De notación

a Lidia Rocha

 

 

Ajena a toda pregunta
la abeja (también)
sobrevuela.

Nos zumba.

Que la letra atesore
su pasar de largo.

  

De: “El Libro (no) de los Salmos”

 

sábado, 4 de septiembre de 2021

SUSANA SZWARC

 

 

 

Bilingüe



Mecerse en el cálido pozo
de las ficciones
hasta paladear el ritmo
(lentísimo) de la infancia.
El dolor (sólo) por sus tramas.

He bebido agua, (agua)
donde posaste tus remos.

Es envuelta en lo ausente
(amado)
que alardea la presencia perpetua.
Los cielos arriman (entretanto)
un pueblo al otro.

Y no hablo -esta vez- de la revolución.
Hablo de la juntura de las lenguas.

 

 

 

martes, 31 de agosto de 2021

SUSANA SZWARC

 

  


La trastienda

 


¿Qué vale más -me dije- en la memoria?.
Porque había pasado una noche completa,
como si se nombraran siglos,
pero la frase seguía
adentro y afuera de mis ojos:
se exponía en un letrero infatigable
solamente cínico
colgando de una tienda.

Mi cuerpo tambaleaba,
tropezaba a cada instante
mujer ebria
y sin embargo no había bebeido,
sino que se volcaron sobre mí,
en cada punto de los pequeños ejes,
esquirlas de esa frase.

Sonreí. Si el lenguaje desconfiaba
de sí mismo, ¿por qué creerle
hasta resbalarme en el asfalto,
mancharme las manos de rodillas,
como derribada
por el hedor a flores muertas?

Digamos: si hay quienes oyendo
la voz de alto
no perciben la traición, no caen,
no se lastiman, ¿por qué entonces no aceptar la frase,
lo que se considera correcto,
incluso en su gramática?
Acaso, ¿porque escribir un poema correcto
no le es suficiente al poema?

 

 

domingo, 29 de agosto de 2021

SUSANA SZWARC

 

  

Horas

  

Esa niña flaca, decimal con su flor
roja al ladito del borde: mira claramente al que
levanta la pala
un pie va a hundirse –con la pala –en el montón de barro.
Es la hora del entierro y la flor
por arte de magia será libro.
La niña –que no sabe-
lee “sobre el dolor inmensurable
los nietos no nacidos”.

Nos distraemos por el sonido de un saxo
que comienza a trepar –metálico –
hacia atrás y salen más niñitas de los ranchos.
Es la hora del pedido:
ejendú ché, omé é ché un pedacito de pan
-golpean, esos niños, sin padres
-otra vez, piden pan
-¿no les dan?

Ordenemos la historia ¿Evita había muerto?
¿Perón había caído? ¿Su estatua destruida en
la placita Sarmiento? ¿Yo tenía el sarampión?
¿Cantaba Ramona Galarza? ¿Tu perro
aquella noche era un lobisón? ¡Oh!, sí, tal vez tu perro
aquella noche, era. Lame la sal del cuerpo y
las tan estrellas caen, por mí.
El lobisón desvanece de cercanía. Apenas
alcanzamos los breteles. Maldito gallo, que se
calle. Y que nadie sepa nunca.

Otra hora: tu siesta, los mosquiteros hacen
marchas hexagonales sobre mi morena
piel más vieja que el sulki
verás la polvareda y en ella el surco
¿dónde aún me harías caer?
(la longitud del muro hace a la partida
de los perros)
Recordemos: la niñita –la de la flor roja-
detenida como en un recital infinito y el saxo:
único movimiento acompañado por el taburete
donde una madre oye:
-¿quién no ha leído a Nietzsche a los 17 años?
dirá él, ágil sus dedos arman cigarrillos
sus ojos alucinan patios y potras.
Dirá, es la hora de jugar: serás Yocasta
y juegan al día más perfecto de la historia.
Guardan azúcares aceites en el jarrón de lo indecible
juegan a encontrar los fierros para disparar: a los gatos
las alarmas al hueco del jarrón y a sacar al muerto
de su torpeza: su obstinación de muerto.
Arrancan flores hasta la niña decimal
jadean:
ningún patio es completo
ni siquiera el de la madre.

Recordemos: el saxo, las horas,
la niña que dice es la hora
y vuelve a leer.

 

jueves, 27 de mayo de 2021

domingo, 9 de mayo de 2021

SUSANA SZWARC

  

 

¿Cómo?

 

 

Veamos lo real:
por ejemplo el río
-de acá hasta acá
podríamos inventar
una puerta para la casa
pero no-
veamos cómo
porque sí
un viento
tal vez provocado por el mismo río
no arrastra un sombrero hacia su centro
Veamos después
algo más:
la lluvia
que comienza por inundar el sombrero
hace crecer las aguas a tal punto
que nos es imposible seguir viendo
porque lo real salido de cauce
nos ahoga



lunes, 3 de mayo de 2021

SUSANA SZWARC


 

 

Intervalo

 

 

Vacilante
dejó de leer porque decía:
se ha quedado.

 

Alguien que amara
esa fotografía:
materna tierra de nieve
los torpes crímenes/ derroches /
espacio incierto de orín
en los vagones / humo

 

De este lado del paisaje
-sin importar lo que apetece-
el aire daría vuelta la página del libro.