"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
miércoles, 18 de marzo de 2026
SARA TEASDALE
Sola
Estoy
sola: a pesar del amor,
A pesar de lo que tomo y lo que doy,
A pesar de toda tu ternura,
A veces me pesa vivir.
Estoy
sola, como si estuviera de pie
Sobre el pico más alto del mundo,
Acompañada por remolinos de nieve,
Y sobre mí: un infinito espacio desplegado;
Con
la tierra oculta y cielo escondido,
Y sólo el orgullo de mi propio espíritu
Cuidándome de la paz de aquellos
Que no están solos, habiendo muerto.
LUIS TÉLLEZ TEJEDA
Salón
Caribe
el
ritmo es una cuerda
de total tensión
aire
agitado por hombros
y pies de volátil retórica
se orea
paso
a paso
de sudor y perfume
que animan
con
su sorna aromática
la
mirada
de los acróbatas
retumban
los compases
en espaldas vertidas
al equilibrio nocturno
ornado de brazos
perfilados en salomónicas líneas
la
música
esa
red
soporta
la expectación
y aguarda
decorativa
la caída de los cuerpos
impacientes de terminar
el silencio del baile
sólo
quizá
se vuelva a crear
en la fuga de sus pies
el cosmos
bajo el silencio
sonidero
JUAN TOMÁS ÁVILA LAUREL
XVIII
En
la puerta de San Pedro
están ahí amontonados
los que reclaman su ingreso
en la gloria enseñando sus papeles:
mira, ayudé a los pobres,
oye, curé a los ricos,
escucha, obispo fui de indios
jamás vistos
y que aquí no tienen cabida.
Siento por ellos en el alma.
Puta fui, te cuento, sacada
de las manos de Antón,
santón
ojeroso que comía por cuatro
y abreviaba los oficios porque tenía prisa.
Bueno, déjame entrar, Pedro,
que si abro mi boquita,
se desata la tormenta,
pues si no me salvo,
con lo que he tragado,
escupo
y el juicio empieza desde cero.
De:
“Nuestros amigos los nautas”
SAYURI DÍAZ OLMOS
clavar
los dientes
en la carne:
capa
de grasa
sustracción
precariedad
y pudrimiento
ALDO OLIVA
De
profundis
Sí,
aunque su esencia se obscurezca en la
negación, mi amor es una hondonada
cavada en el humus iluminado por
pájaros resplandecientes en la ceguera.
¿En la profundidad se hunde un sol
que canta en la cimera donde las nubes
lloran su germen de aguas exaltadas
por la elegía del limo donde el latir
del principio estalla en ondas pertinaces
que en sus lúcidas esquirlas llamamos
la opresión de la angustia, cuando su visión
de lo real transfigurado golpea
la culminación del oro de la sangre?
Sí, somos de un fuego hidratado en perlas
caducentes; una diadema que, inexorable,
ceñirá, hasta el exterminio
la altura que alucinamos consagrada.
Hasta aquella hondonada fingiremos un pensamiento
solidario, la floración del bien, el ilustre crisol de la virtud.
Vivimos columbrando, entonces, la opacidad de los
actos: andaremos calles, segaremos trigo, la
ejercitación del crimen solazará las ráfagas
del existir: SOMOS ¿qué somos?
¿La ablación de la flor?
¿La ausencia hendida en el futuro?
