XVIII
En
la puerta de San Pedro
están ahí amontonados
los que reclaman su ingreso
en la gloria enseñando sus papeles:
mira, ayudé a los pobres,
oye, curé a los ricos,
escucha, obispo fui de indios
jamás vistos
y que aquí no tienen cabida.
Siento por ellos en el alma.
Puta fui, te cuento, sacada
de las manos de Antón,
santón
ojeroso que comía por cuatro
y abreviaba los oficios porque tenía prisa.
Bueno, déjame entrar, Pedro,
que si abro mi boquita,
se desata la tormenta,
pues si no me salvo,
con lo que he tragado,
escupo
y el juicio empieza desde cero.
De:
“Nuestros amigos los nautas”
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